Ecos del Evangelio

7 julio, 2016 / Carmelitas
“Lo que yo hago [contigo], tú no lo entiendes ahora, pero lo comprenderás más tarde”

En la respuesta del maestro [Jesús] a Pedro, más de uno nos podemos identificar con el destinatario, porque hay muchas cosas que en el momento que nos ocurren no las logramos comprender, sino hasta muy tarde.

Nosotros, somos seres del “aquí y el ahora” buscamos lo inmediato, lo rápido, deseamos conocer, saber, aprender… pero pocas veces buscamos vivir con intensidad, se nos olvida a menudo que la experiencia se obtiene del “saber estar”.

Escuchar las palabras que el evangelista pone en boca de Jesús: “si no te lavo, no tienes nada que ver conmigo”, hoy podríamos traducirlo: «si no te dejas amar no tienes nada que ver conmigo, pues yo soy amor [es mi esencia] y no puedo dejar de ser lo que soy», muchas veces nuestra mayor dificultad reside en “dejarnos amar, dejarnos hacer, dejarnos vivir”.

Estamos tan acostumbrados a “hacer por hacer” al activismo desenfrenado, que se nos olvida lo vital y lo importante ir a la Fuente del Amor para llenarnos y de esa manera no sólo dar las migajas que nos sobran, sino dar aquello que nos ha sido dado. Jesús nos sale hoy al encuentro para decirnos una y otra vez -y las que sean necesarias-, “DÉJATE AMAR POR MÍ” para que después te entregues a los demás sin reservas, sin condiciones y sin medida “APRENDE DE MÍ”.

Sólo se puede reconocer el amor de Dios cuando de verdad amamos, no sólo a los que nosotros deseamos y elegimos amar, sino sobre todo, cuando amamos al que necesita sentirse amado, el amor no son palabras bonitas, sino “hechos concretos”, como lavar los pies, servir a la mesa, darse a los demás incluso hasta la muerte y una muerte de cruz.

Jesús nos viene a decir algo así como: “Sólo si dejas que Yo [Dios] me arrodille ante ti [hombre] conocerás y experimentarás lo mucho que te amo… después en otro momento cuando tú te arrodilles a lavar los pies de tus hermanos, lo harás en mi nombre, recordarás lo que yo hice contigo, porque dentro de ti vivirá la experiencia de sentirte amado, único y especial… en ese momento seré yo mismo quien te dará la fuerza y el amor para que tú lo hagas por mí”.

… Tú decides, sí hoy te dejas lavar los pies con el amor del maestro [Jesús] para que él viva en ti y te conceda la fuerza del amor de ser otro Cristo para tus hermanos. Sólo desde esta expresión de amor se puede comprender la vivencia de San Pablo: “…y ya no soy yo el que vive, sino que Cristo vive en mí; y la vida que ahora vivo en la carne, la vivo por fe en el Hijo de Dios, el cual me amó y se entregó a sí mismo por mí”. Gal 2,20.

 

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