Ecos del Evangelio

15 junio, 2018 / Carmelitas
11º DOMINGO DEL TIEMPO ORDINARIO/ 17 JUNIO 2018

 

“LA SEMILLA VA CRECIENDO SIN QUE ÉL SEPA CÓMO”

 

 

Ya iniciando el verano, el Evangelio nos invita a poner nuestra atención en la semilla del Reino.

 

La primera lectura, prepara nuestra sensibilidad a la belleza de los grandes árboles bajo los cuales nos acogemos en el calor sofocante del verano, y con esta imagen Jesús nos dice ¿con qué compararé el Reino de Dios? Y lo hace con lo más pequeño, con lo que muchas veces no tiene valor; el Reino de Dios es semejante a una semilla, al lado de un árbol grande y robusto, la esperanza de una semilla y más aun de las más pequeñas como es la de mostaza no es mucha, sin embargo es eso lo que quiere Jesús que descubramos, que incluso ahí, donde no vemos camino, donde se nos hace imposible que surja algo grande, algo bueno; la mano de Dios es capaz de hacerlo.

 

 

El evangelista remarca el proceso de crecimiento de la cimiente, Jesús aunque nos invita a encontrar el Reino en las pequeñas cosas no nos exime del proceso que cada uno hacemos como fermentos del Reino. Y lo dice claramente al enunciar el proceso que hace el trigo, primero brotan los tallos, luego la espiga, luego los granos y finalmente es el tiempo de la siega; al igual que la semilla que no sabemos cómo llega a ser espiga y dar fruto, muchas veces no somos conscientes de cómo avanzan nuestros propios procesos. Dios actúa en nosotras seamos o no conscientes de ello, y sobre todo actúa en los demás, san Pablo nos dice claramente “caminamos guiados por la fe” si en definitiva caminamos con la confianza puesta en Dios daremos espacio para que el Reino crezca y de fruto en nosotras.

 

 

Jesús no se queda en el proceso de la cimiente, sino que se atreve a pedirnos más, y a llamarnos a comprometernos de lleno, la semilla de mostaza, la más pequeña, de aquella que no esperamos nada o casi nada es la que extiende sus ramas, da cobijo y deja a los pájaros que se aniden en ellas, quizás, ésta figura de pequeñez y de grandeza al mismo tiempo nos interpela y nos conmueve las entrañas. Hoy, es un buen día para preguntarnos:

 

• ¿Soy semilla que da fruto para el Reino?

• ¿Soy capaz de dar cobijo y soporte a los demás incluso son buscar nada a cambio?

• ¿Hago lo posible para avanzar en mi proceso espiritual y humano, confío en el Señor que me ayuda a crecer y dar frutos?

 

 

Es normal esbozar una sonrisa de agradecimiento cuando escuchamos las últimas palabras del evangelio; Jesús se acerca a nosotros con palabras que podamos entender y nos explica todo. El mismo Dios se acomoda a nuestro entender, nos explica en privado ¡qué amor!

 

A pesar de eso, muchas veces no comprendemos, no vemos clara su voluntad y la construcción del Reino, por eso podemos decir con san Pablo “en destierro o en patria, nos esforzamos en agradarle”. Buscando con ansias discernir y hacer su voluntad en la entrega total de nuestros corazones, al Dios que nos ha llamado.

 

Que el Labrador de nuestros corazones nos conceda ser buena tierra y buena semilla del Reino.

 

Hna. Guadalupe Chávez Herrera CSJ

 

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