Ecos del Evangelio

14 mayo, 2018 / Carmelitas
15 Mayo. Aniversario de la venerable Madre Rosa Ojeda Creus Fundadora HCSJ

MADRE ROSA OJEDA CREUS

 FUNDADORA DE LAS HERMANAS CARMELITAS DE SAN JOSÉ

 

 

La vida de M. Rosa desde su más tierna infancia estuvo marcada por una serie de  dificultades que ella supo afrontar desde una perspectiva evangélica. Los valores que nos dejado son: la profunda relación con Dios que le ha permitido ver las cosas con ojos de fe, El amor en su entrega total a Dios y al prójimo, su profunda humanidad y trato delicado, sencillo y maternal con sus hijas. El mejor homenaje que podemos hacerle es seguir sus pasos para llegar como ella a la santidad.

 

CONOCIENDO A NUESTRA MADRE…

 

A madre Rosa le tocó asistir a varios acontecimientos difíciles, en los que ella demostró entereza, valentía y sobre todo Fe.

 

Un poco de historia…

 

Desde la fundación del Instituto (1900) Madre Rosa y sus hermanas tienen que enfrentarse a la dura prueba del abandono del bienhechor y protector Monseñor José Morgades, que pronto parte para la casa del Padre (+). Pero quizá ninguna como M. Rosa mide las consecuencias de lo que representa la pérdida del obispo, de cara al futuro del Instituto. Sin embargo, esta mujer, afronta el trance con hondo espíritu de fe y con filial abandono en las manos de Dios.

 

Otros dos acontecimientos difíciles que tuvo que afrontar la fundadora son: la semana trágica y la guerra civil española.

 

Durante la semana trágica catalana (1909) un sobresalto atañe a las Hermanas Carmelitas de San José, la revuelta llega hasta el barrio de Horta y la casa general se libra de ser quemada gracias a unas palabras compasivas de un feligrés, fruto de la providencia de Dios.

 

Más tarde, al estallar la guerra civil española (1936-1939). M. Rosa, manteniéndose en continua oración, exhorta a sus hijas a ser fieles, si es necesario hasta el martirio, antes que ofender a Dios, las invita a confiar en Dios quien nunca las abandonará. Nuevamente por obra de la providencia de Dios, las hermanas se salvan de la muerte, pero no de la dispersión. ¿A dónde ir ante tales circunstancias, sin crear problemas a nadie debido a su condición de religiosas? Nuestras hermanas tienen que pasar una dura travesía para sobrevivir, especialmente M. Rosa que en un acto de suma humildad, se dirige a pedir trabajo en el hospital de Vich donde las Josefinas de la Caridad prestan su servicio, siendo consciente del sufrimiento que allí encontrará. Allí se entrega a la oración. La lámpara de su piedad brilla como nunca en los tiempos que corren. En estas circunstancias supo abrazarse a la cruz.

 

Ella profesó una entrañable devoción a Jesús crucificado: “Veo bien claro que Dios nuestro Señor, me tiene destinada  para seguir por el camino de la cruz”.

 

Terminada la guerra, el Instituto comienza a renacer de sus cenizas. Cuando las hijas vuelven a verse en Horta con la madre común, lloran de alegría, olvidando los pasados sin sabores. Poco a poco la comunidad de Horta reemprende su andadura con ilusión. La fraternidad es la tónica de la vida común. Se abraza generosamente el sacrificio de la falta de medios para alcanzar la plena normalidad.

 

 

 

 

ELEMENTOS ESPIRITUALES

 

La fundadora tuvo como carisma más característico el apostolado sanitario. Siente una innata debilidad por los enfermos ya desde su adolescencia. En su nueva familia llevará a plenitud su vocación sanitaria.

 

Otro de sus rasgos característicos es el “Espíritu de Nazaret”. A lo largo de su vida se empeñará en asimilar los ejemplos de la sagrada familia y en proponerlos a sus hijas. Esa espiritualidad evangélica vendrá a ser como un distintivo de las Hermanas Carmelitas de San José, heredado de su madre.

 

La fundadora está profundamente convencida de que el Señor la destina a ella y a sus hijas a recorrer el camino de la humildad y sencillez por el que anduvo la Sagrada Familia. La vida oculta, laboriosa y humilde de Nazaret ha sido siempre un ideal que M. Rosa ha vivido y ha propuesto a sus hijas. Ella las exhorta a vivir mutuamente el amor fraterno y quiere que la gente se diga al contemplar a las religiosas de la comunidad “Mirad como se aman”.

 

 

 

 

FE, ESPERANZA Y CARIDAD

 

 

M. Rosa anduvo siempre vestida con la túnica blanca de la fe. Llegó a decir: “Nunca he deseado gracias extraordinarias. “Prefiero vivir de fe y esperar a la otra vida para ver”. Cuantos la trataron de cerca descubrieron en ella un “alma llena de fe”; que se manifestaba en criterios, palabras y obras. Siendo la Eucaristía el Sacramento de nuestra fe, hizo de ella el centro de su vocación. Guiada por la fe, contemplaba a Dios en el corazón de sus hermanos, con preferencia de los débiles y menesterosos.

Convencida de que la bondad amorosa de Dios es la raíz de la esperanza teologal, llega a escribir: “Avivemos la confianza en el mismo Dios, que es nuestro buen padre y nos ama y nos quiere para sí: entreguémonos a Él con toda la fuerza de nuestro corazón”.

El alma de M. Rosa se vistió también con la caridad. Una testigo nos da la clave de la perfección de la fundadora cuando escribe: “Fue adquiriendo santidad mediante una vida sencilla de entrega total a los designios de Dios, dejándose moldear por Él, creía en su amor, deseaba gozar de su amor, vivía de su amor”.

 

El amor al prójimo fue la característica de su vida. La caridad fraterna es pues, la virtud que más resalta en la fundadora. Naturalmente, la caridad de M. Rosa se desborda sobre sus hijas. Ella habría podido decir como santa Teresa: “Quierolas tiernamente”. Se preocupaba de todas como verdadera madre y se interesaba por tranquilizar sus inquietudes y solucionar sus problemas. Miraba por su bienestar espiritual y por su salud. Las alertaba frente a los juicios temerarios y murmuraciones que enfrían la caridad en la vida religiosa. Y les insistía “si no se puede decir bien del prójimo, al menos no decir mal”.

 

Si bien, M. Rosa practicó la caridad con los enfermos, ancianos y niños, y sus hermanas de congregación. Los pobres eran para ella su porción escogida.

 

 

 

CONSEJOS EVANGÉLICOS

 

M. Rosa daba suma importancia a los votos, pues veía en ellos la esencia de su consagración. En el seguimiento de Cristo virgen, supo ser limpia y casta en sus afectos, en sus amistades, en sus deseos. La pureza se traslucía en sus modales como un reflejo de su limpieza interior.

Vivió ejemplarmente la pobreza consagrada hasta alcanzar un desprendimiento radical que la hizo verdadera pobre en el espíritu. Como pobre, se sentía sujeta a la ley universal del trabajo y llenó su vida de actividad.

Fue en extremo obediente. No obstante haya pasado gran parte de su vida mandando. Su autoridad no era absoluta, supo someterse a sus superiores y a las disposiciones de la Iglesia. Tenía el convencimiento de que la santidad no consiste en trabajar aquí o allá, en desempeñar este oficio o el otro, sino en hacer con perfección la voluntad de Dios mediante la obediencia.

 

 

 

AMOR MATERNAL

M. Rosa fue una verdadera madre para todos y más aún para sus hijas. Llevada de su corazón bondadoso, se preocupaba vivamente por todas las hermanas, solicita de su salud y de sus necesidades. Se desvivía con las enfermas y en ocasiones las curaba heroicamente. Intuía las preocupaciones y dolencias ocultas de sus hijas con una simple mirada y así podía darles tranquilidad y alivio aún sin pedirlo.

 

Supo explayar su cariño también con sus familiares cuando la visitaban y también por correspondencia continua, en la que se interesaba por ellos.

 

Inculcaba a sus hijas la gratitud, especialmente con los bienhechores. Entre sus cualidades humanas cabe destacar la sinceridad y transparencia.

 

En los últimos años de su vida, la fundadora recomienda a sus hijas la caridad fraterna: “Amaos unas a otras como hijas de una misma familia”.

 

Hermanas, sigamos construyendo el sueño de madre Rosa, nosotras que hemos dicho sí al proyecto de Dios. Que ella desde el cielo acompañe nuestro caminar. Unidas en un mismo corazón y una misma familia, celebremos este día con gozo y devoción, en acción de gracias a Dios por el don de la vida y ejemplo de nuestra venerable Madre Rosa.

 

 

Hna. Teresa Botello Martínez CSJ

 

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