Ecos del Evangelio

31 diciembre, 2019 / Carmelitas
1º Enero: SOLEMNIDAD DE SANTA MARÍA MADRE DE DIOS

DIOS TE SALVE MARÍA

 

Que la gracia, la paz y el amor del Dios hecho carne y de su Santísima Madre la Virgen María nos llene de inmensa alegría para iniciar este año nuevo 2020 cargado de sueños, ilusiones y metas por cumplir.

 

Aún nos encontramos dentro de la octava de Navidad, y la Liturgia de la Iglesia nos invita celebrar la Solemnidad de Santa María Virgen como Madre de Dios y Madre de la humanidad.

 

En la primera lectura: el libro de los Números nos muestra a un Dios que busca la forma de comunicarse con su pueblo, y para ello elige a personas sencillas y humildes.

 

El texto nombra tres veces el nombre del Señor: una donde Él le dice a Moisés la fórmula que Aarón ha de decir a sus hijos, la segunda es la fórmula de bendición y la tercera que está dentro de la misma, donde se pide que el Señor dé a conocer su rostro, más aún, les conceda la paz. Dicha fórmula es la que Dios da para que sea la invocación que en adelante utilicemos las generaciones a la hora de comunicarnos con Él.

 

En la carta de Pablo a los Gálatas vemos que el tiempo de Dios es uno, Él sabe cuándo, cómo y dónde da cumplimiento a su Palabra. Lo significativo que podemos ver ahora, es que Dios envía a su Hijo Único nacido de una mujer, nacido bajo la ley, pues recordemos que según la ley la Virgen María resultó encinta por obra del Espíritu Santo antes de vivir con José, motivo por el cual podía ser acusada por adulterio. Sin embargo, Dios envió a su Hijo bajo estas condiciones para rescatarnos a cada uno de nosotros del yugo que nos oprimía.

 

Por Jesús, la humanidad entera nos convertimos en hijos de Dios y hermanos de Jesucristo, Él nos enseña a llamarle Padre, nos libera del pecado y nos hace herederos del Reino de Dios.

 

Por otro lado, ya desde el inicio de este nuevo año, el evangelio de Lucas nos invita, al igual que a los pastores, a ir corriendo tras el encuentro de la Sagrada Familia de Nazaret que se encuentra en un pobre pesebre. Los pastorcitos comunican a la Sagrada Familia todo cuanto habían oído del niño, ¡oh! Que Misterio tan grande se encierra en una criatura tan pequeña y tan débil.

 

 

En cuanto a la Madre, ella escucha, calla y contempla; no dice nada, más guarda todo en su corazón, María no sólo es la Madre de Dios, sino que es Madre y Modelo de todos los creyentes, en ella encontramos la guía perfecta para relacionarnos con su Hijo Jesús.

 

 

Volviendo a los pastores, ellos son el ejemplo de creyentes que no pueden seguir viviendo igual después de haber visto y oído todo cuanto se les había dicho. A nosotros, igual que a los pastores, Dios se nos sigue manifestando de muchas formas, por eso no podemos cesar de darle gracias, de alabarlo y glorificarlo. Ellos lo contemplaron en persona, nosotros nos alimentamos de su Palabra, de su Cuerpo y Sangre ¿Qué diferencia hay entre lo uno y lo otro? Ninguna, porque tanto para los pastores como para nosotros, lo único que se nos pide es creer y tener fe en que el Hijo de Dios se encarnó en el seno de una Virgen y sigue vivo, y presente en los Sacramentos, principalmente en el de la Eucaristía.

 

 

Hna. Yina Marcela Rubiano Caviedes CSJ

 

 

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