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24 junio, 2020 / Carmelitas
24 JUNIO. SOLEMNIDAD DE SAN JUAN BAUTISTA

Y a ti, niño, te llamarán profeta del Altísimo…

 

 

Juan Bautista es el más grande de los hombres. Dios puede actuar en él porque es también el más humilde.

 

Hoy celebramos en la Iglesia, la solemnidad de San Juan Bautista, al cual le damos el apelativo de precursor del Mesías, Jesús, porque prepara el camino al Señor, para que el Mesías encuentre un pueblo bien dispuesto.

 

En la primera lectura, el profeta Isaías (49, 1-6) nos lleva a preguntarnos: ¿Es mi corazón universal? ¿Misionero? como Jesús, como san Juan, como San Pablo, ¿tengo ansias de que el evangelio sea anunciado a los que no lo conocen? «¡Desgraciado de mí, si no evangelizo!» (1 Corintios 9, 16) ¿Qué hago para ello?

 

La gratuidad total de la llamada y del amor de Dios, nos desborda a manos llenas. Es toda una experiencia humana, sobre la que hay que pararse un instante. Pensar en el amor de mi madre, de mi padre. Ser «hija», es precisamente estar bajo el efluvio de un amor, antes de poder corresponderle: el amor paterno y materno nos precede y suscita en el nuestro gratuidad y donación.

 

Petición: Señor, a ejemplo de Jesús y de Juan, aumenta mi disponibilidad en anunciar tu Reino aquí y ahora. En cada paso que doy en mi vida que sea capaz de gritar tu nombre con mi presencia y sea yo reflejo de tu amor misericordioso.

 

Sí, yo era apreciado a los ojos del Señor: Mi Dios es mi fortaleza, son unas palabras que podríamos poner en boca de San Juan, porque sin duda, él se vivió así.

 

El dinamismo misionero lleva a entregarte por completo en favor del Reino y no limitarse a lo del propio grupito, a su clan… eso muy poco y muy pobre.

 

 

En esta solemnidad, presentemos nuestros corazones abiertos al soplo de Dios. Jesús, al morir, era consciente de esta necesidad. Un corazón grande como el mundo

 

 

 

El salmo 138 Gratitud por el favor de Dios nos invita a la confianza.

 

 

Confiemos en Dios porque Él va a cumplir sus propósitos y no es hombre para mentir.

 

 

Cuando soñemos y hagamos planes para el futuro, trabajemos arduamente para ver que esos sueños y planes se vuelven realidad. Pero para hacer lo mejor de esta vida, necesitamos incluir todos nuestros planes en los planes de Dios, que sin suda son mejores que los nuestros. Solo Él conoce lo mejor para nosotros.

 

 

Este Salmo 138 está dedicado a la confianza en Dios. Es la certeza que tenemos de que nunca estamos solos, por más solos que nos sintamos o creamos estarlo, Dios siempre nos acompaña incluso en esos momentos de angustia y de inseguridad.

 

Recordemos que nuestra voz, aunque sea ignorada por los que nos rodean, es escuchada con atención por Dios. Que nuestros problemas, sin importar cuan grandes o pequeños sean, son atendidos por Dios. La bondad de Dios está siempre con nosotros.

 

La confianza, al igual que muchas otras virtudes, crece y se fortalece confiando. Si Dios ya conoce todos nuestros secretos y preocupaciones, aquello que con nadie jamás hemos compartido, lo mejor que podemos hacer es hablar con Él sin ningún tipo de máscaras.

 

 

La lectura de hechos de los apóstoles (13, 22-26) nos viene a dar las dos lecciones principales de este texto:

Que lo realmente importante es la Palabra de Salvación, el Señor Jesús. Juan está en función del mismo Jesús, Juan es el que anuncia la Palabra, Jesús.

 

Reconocer la acción de Dios en la historia de la salvación por medio de hombres y mujeres que se entrega a la causa de Dios.

 

Recordemos que: El Rey David fue escogido por Dios para una misión concreta: David «hombre conforme a mi corazón, que cumplirá todos mis preceptos». De su descendencia vendrá el Cristo (Ungido del Señor). Sabemos que David pecó gravemente (Primera lectura de la semana pasada) pero se arrepintió y Dios le perdonó. Vemos entonces que Dios escoge pero cada persona es libre y puede rechazar el llamado. Puede también arrepentirse y Dios le perdona.

 

 

Pocos lo logran porque pocos tienen hoy una relación profunda con el Señor, en la que estén dispuestos a someterlo todo a su voluntad.

 

 

 

Ahora es momento de reflexionar:

¿Tienes tiempo para rezar y hablar con Dios?

¿Tienes tiempo para estar con tu familia, comer juntos y compartir la vida?

¿Estás dispuesto a apagar la TV para dar tiempo a lo más importante?

 

 

Reflexión del Evangelio según san Lucas 1:57-66

 

El gran mensaje e invitación para cada uno: Volver la mirada a Juan el Bautista para imitarlo, en otras palabras, ser instrumento para anunciar a toda la humanidad que dirija su mirada hacia Jesús.

 

Ese Jesús que quiere nacer no sólo en Navidad, sino que viene constantemente a tu corazón para unirlo a su misión, que no es otra que cumplir la voluntad del Padre, padeciendo y muriendo en la Cruz, por la redención de los pecados y la salvación de toda la humanidad: ¡Jesús, en Ti confío

 

 

 

Maestra Cecilia Granados Sánchez
Docente del Instituto Rosa del Carmelo A.C.
Santiago de Querétaro, Qro. México.

 

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