Ecos del Evangelio

8 febrero, 2020 / Carmelitas

VOSOTROS SOIS LA LUZ DEL MUNDO Y SAL DE LA TIERRA
SI YA NO ALUMBRAS, ACÉRCATE A CRISTO PORQUE ÉL ES LA LUZ.

 

« Nos encontramos en el quinto domingo del tiempo durante el año, y la liturgia nos presenta el Evangelio de san Mateo. Este evangelio en cual Jesús les enseña a los discípulos, a través de estas dos imágenes, a poner la luz sobre un candelero, de manera que ilumine a todos los hombres, para que todos conozcan nuestras buenas obras; y la sal para dar sabor al mundo. En este sentido, la Palabra del Señor nuevamente nos interpela, una vez más nos invita a descubrir el significado profundo de nuestra vida, de nuestra vocación, de este llamado que hemos recibido de parte del Señor. Vocación que se concretiza en el día a día, en las cosas simples, en lo sencillo, allí donde el Señor nos envía a llevar la Buena Noticia, que no debe perder lo esencial que es estar cargada de la alegría, del gozo, de sabernos llamados y enviados a predicar la Buena Noticia del Señor.

 

Bien sabemos que hay obstáculos, que hay desafíos, que hay pruebas, pero cuando estamos unidos al Señor nuestra vida se convierte, como esa sal, que sirve para dar sabor, dar sentido a la vida de muchos. También nuestra vida debe ser luz, como la luz de Cristo, esta luz que hemos recibido desde el Bautismo y que estamos llamados a comunicar y a compartir. Luz que debemos hacer crecer cada día, con la oración, con las buenas obras, y sobre todo estando atentos al llamado del Señor

 

En aquel tiempo dijo Jesús a sus discípulos:

– Vosotros sois la sal de la tierra. Pero si por casualidad la sal se volviera insípida ¿con qué se dará sabor a los alimentos? Ya no sirve para nada, sino para echarla fuera y que la pisoteen los hombres.

 

Vosotros sois la luz del mundo. No se puede ocultar una ciudad puesta en la cima de un monte, ni se enciende una lámpara y la ponen bajo el celemín, sino en el candelero, para que ilumine a todos los que están en la casa. ¡Ilumine así vuestra luz ante los hombres, para que vean vuestras buenas obras y glorifiquen a vuestro Padre que está en los cielos!

 

 

Jesús da a conocer con dos imágenes, audaces y sorprendentes, lo que piensa y espera de sus seguidores. No han de vivir pensando siempre en los propios intereses, el prestigio o el poder. Aunque son un grupo pequeño en medio del vasto Imperio de Roma, han de ser la “sal” que necesita la tierra y la “luz” que le hace falta al mundo.

 

“Vosotros sois la luz del mundo”. Sin la luz del sol, el mundo se queda a oscuras y no podemos orientarnos ni disfrutar de la vida en medio de las tinieblas. Los discípulos de Jesús pueden aportar la luz que necesitamos para orientarnos, ahondar en el sentido último de la existencia y caminar con esperanza.

 

DÉJATE ILUMINAR;
PREOCÚPATE DE SER UNA PERSONA SALADA

 

 

Efectivamente, todo el que ha alcanzado la iluminación, ilumina. Si una vela está encendida, necesariamente tiene que iluminar. Si echas sal a un alimento, necesariamente quedará salado. Pero, ¿qué queremos decir cuando aplicamos a una persona humana el concepto de iluminado? ¿Qué es una persona plenamente humana?

 

Hay un aspecto en el que la sal y la luz coinciden. Ninguna es provechosa por sí misma. La sal sola no sirve de nada para la salud, solo es útil cuando acompaña a los alimentos. La luz no se puede ver, es absolutamente oscura hasta que tropieza con un objeto. La sal, para salar, tiene que deshacerse, disolverse, dejar de ser lo que era. La lámpara o la vela produce luz, pero el aceite o la cera se consumen. ¡Qué interesante! Resulta que “mi existencia” solo tendrá sentido en la medida que me consuma en beneficio de los demás.

 

Jesús dice que “sois la sal, soy la luz”. El artículo determinado nos advierte que no hay otra sal, que no hay otra luz. Todos tienen derecho a esperar algo de nosotros. El mundo de los cristianos no es un mundo cerrado y aparte. La salvación que propone Jesús es la salvación para todos. La única historia, el único mundo tiene que quedar sazonado e iluminado por la vida de los que siguen a Jesús. Pero cuidado, cuando la comida tiene exceso de sal se hace intragable. La dosis tiene que estar bien calculada.

 

Cuando se nos pide que seamos luz del mundo, se nos está exigiendo algo decisivo para la vida espiritual propia y de los demás. La luz brota siempre de una fuente incandescente. Si no ardes no podrás emitir luz. Pero si estás ardiendo, no podrás dejar de emitir luz.

 

Solo si vivo mi humanidad, puedo ayudar a los demás a desarrollar la suya propia. Ser luz, significa poner todo nuestro bagaje espiritual al servicio de los demás.

 

Debemos de tener cuidado de iluminar, no deslumbrar. Debe estar al servicio del otro, pensando en el bien del otro y no en mi vanagloria. Debemos dar lo que el otro espera y necesita, no lo que nosotros queremos ofrecerle. Cuando sacamos a alguien de la oscuridad, debemos dosificar la luz para no dañar sus ojos. Los cristianos somos mucho más aficionados a deslumbrar que a iluminar. Cegamos a la gente con imposiciones excesivas Lo que hay en mi interior, solo puede llegar a los demás a través de las obras. Toda obra hecha desde el amor y la compasión es luz.

Fray Marcos

 

 

“El cristiano debería ser una persona luminosa, que lleva luz, que siempre da luz. Una luz que no es suya, sino que es el regalo de Dios, es el regalo de Jesús. Y nosotros llevamos esta luz” (Papa Francisco).

 

Vosotros sois la sal de la tierra.

Vosotros sois la luz del mundo.

Nos acercamos a Jesús que es luz y siembra claridades en nuestro corazón.

 

Somos luz si estamos con Jesús. Lo que ilumina y lo que mantiene la luz de Jesús es la oración; ahí recibimos el coraje para la misión. De tanto mirar al que es la Luz, quedamos iluminados para mirarlo todo con su mirada. La luz es para darla, no sirve si se esconde. Si nos aislamos del mundo, nuestra luz se pierde. Salir e iluminar, ir al encuentro, esta es la tarea. “Hemos de salir hacia las periferias existenciales”, insiste el papa Francisco.

 

• Somos luz cuando partimos el pan con los que tienen hambre.
• Somos luz cuando hospedamos a los pobres sin techo.
• Somos luz cuando vestimos al desnudo de toda dignidad.
• Somos luz del mundo, llamados a dar esperanza.
• Somos luz cuando anunciamos e Evangelio.

El cristiano debería ser una persona luminosa, que lleva luz, que siempre da luz. Una luz que no es suya, sino que es el regalo de Dios, es el regalo de Jesús. Y nosotros llevamos esta luz” Vosotros sois la sal de la tierra.

El Papa Francisco ha visto que la Iglesia vive hoy encerrada en sí misma, paralizada por los miedos, y demasiado alejada de los problemas y sufrimientos como para dar sabor a la vida moderna y para ofrecerle la luz genuina del Evangelio. Su reacción ha sido inmediata: “Hemos de salir hacia las periferias”.

 

El Papa insiste una y otra vez: “Prefiero una Iglesia accidentada, herida y manchada por salir a la calle, que una Iglesia enferma por el encierro y la comodidad de aferrase a las propias seguridades. No quiero una Iglesia preocupada por ser el centro y que termina clausurada en una maraña de obsesiones y procedimientos”.

La llamada de Francisco está dirigida a todos los cristianos: “No podemos quedarnos tranquilos en espera pasiva en nuestros templos”. “El Evangelio nos invita siempre a correr el riesgo del encuentro con el rostro del otro”. El Papa quiere introducir en la Iglesia lo que él llama “la cultura del encuentro”. Está convencido de que “lo que necesita hoy la iglesia es capacidad de curar heridas y dar calor a los corazones”.

 

 

El ser y el hacer van de la mano, preparan el examen de amor al atardecer de la vida. Cuando estamos a solas con Jesús salimos a la vida con fortaleza para anunciar la Buena Nueva.

Gracias, Jesús, por tantas personas que nos han iluminado con su vida. Con su luz puesta sobre el candelero han vencido nuestros miedos a la noche. Gracias, Jesús, por tantas hermanas y hermanos, que son nuestro faro en las tormentas.

Alumbre así vuestra luz a los hombres, para que vean vuestras buenas obras y den gloria a vuestro Padre que está en el cielo.

 

 

Para la reflexión personal

Para ti, en tu experiencia de vida, ¿para qué sirve la sal?

Tu comunidad, ¿está siendo sal? ¿De qué manera tu comunidad está siendo luz?

¿Cómo podemos ser cada una de nosotras “sal de la tierra y luz del mundo”?

 

 

M. Paquita Ubierna Peña CSJ

 

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