Ecos del Evangelio

13 marzo, 2021 / Carmelitas

¡En la cruz está la vida y el consuelo!

 

 

“Lo mismo que Moisés elevó la serpiente en el desierto, así tiene que ser elevado el Hijo del hombre, para que todo el que cree en él tenga vida eterna” (Jn 13,14). Esta afirmación probablemente nos remite a pensar en su crucifixión, pues él fue elevado en la cruz; la serpiente para evitar la muerte por la mordedura, y la Cruz para darnos vida eterna.

 

La cruz es para los cristianos el signo que más utilizamos probablemente en nuestra vida cotidiana, cuando nos santiguamos al comenzar el día, la misa, una oración, para bendecir a alguien, cuando algo nos asusta o nos sorprende, cuando la ponemos en nuestro pecho… La Cruz es la prueba de amor más grande: el amor de un Dios que se abaja, se hace hombre como nosotros y que además entrega su vida para darnos vida. Pero la salvación de Dios no viene sólo por la cruz, porque desde su encarnación misma ya nos ha salvado.

 

 

El camino de la cruz no es un camino fácil, pero debemos evitar el peligro de pensar que el valor de la cruz está en el puro sufrimiento o dolor; la cruz es en realidad lo que da valor a todas esas realidades.

 

 

Dios no quiere sacrificios sin más, porque no es alguien impasible que le dé igual ver sufrir a la humanidad; Dios quiso y quiere salvarnos, y por eso nos ha enviado a su Hijo Amado, el Único, el Primogénito. En Él todo tiene sentido; todas nuestra luchas, nuestros problemas, nuestras alegrías, nuestra vida. Por eso, no tengamos miedo a experimentar la cruz, pues el mismo que nos la ha dado, es capaz de hacerla “suave y ligera”.

 

 

Hna. Martha Nallely González Cabrera CSJ

 

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Carmelitas de San José

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