Ecos del Evangelio

27 marzo, 2021 / Carmelitas

¡Hosanna al Hijo de David,

bendito el que viene en nombre del Señor!

 

 

Jesús, entre todos los signos mesiánicos, elige ésta profecía en la que el Mesías debía entrar humildemente en Jerusalén, montado en un asno. Jesús juega con esta ambigüedad: por un lado, se reconoce como el Mesías esperado, por otros lado, evita todo mensaje que suene a poder.
Es el último baño de multitudes. Jesús, de alguna manera, se deja querer. Durante toda su vida, Jesús había escondido a las multitudes su verdadera identidad pero ahora no importa, porque llegó la hora de mostrar quién es Jesús: no el poderoso, sino el obediente que es capaz de dar su vida en la cruz.

 

La misma gente que hoy lo aclama, es la misma que después pedirá que lo crucifiquen. ¿Por qué? ¿tan ciegos somos? ¿tan frágil es nuestra fe?
Esta gente se ilusionó, imaginó a Jesús como un Mesías poderoso; pero en cuanto no coincidieron sus esquemas con los de Jesús, lo rechazaron. Pero Jesús entra triunfante en Jerusalén, encendiendo de esperanza los rostros que iba contemplando. Jesús conocía bien la atención que generaba, conocía bien la fragilidad humana y a pesar de ello no los rechazó, sino que siguió y sigue apostando por este pueblo una y otra vez.

 

Por eso, pidamos a Jesús que entre triunfante en nuestro corazón como lo hizo en Jerusalén, porque necesitamos recuperar la esperanza, la paz y la serenidad en este mundo sufriente. Hoy con más fuerza y convicción que nunca, aclamamos al Señor diciendo: ¡Hosanna al Hijo de David, bendito el que viene en nombre del Señor!

 

 

Hna. Martha Nallely González Cabrera CSJ

 

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