Ecos del Evangelio

25 septiembre, 2021 / Carmelitas

Los mandatos del Señor son rectos y alegran el corazón

 

Si tu pie te induce a pecar, córtatelo, si tu ojo te induce a pecar, sácatelo…
Podemos analizar a partir de este relato del Evangelio de hoy, las acciones que más fácilmente pueden inducir a producir escándalo en las personas con las que convivimos:

 

– Las palabras que salen de nuestra boca, las acciones que lleva a cabo nuestro cuerpo y los ojos, en este mundo audiovisual en el que nos movemos.
Hoy nos preguntamos honestamente: ¿Qué es lo que me lleva a ser incoherente en mi vida?
Y después de analizar la respuesta, entonces ¿Qué voy a hacer para corregirlo?
He aquí algunas propuestas:

 

Adquirir un compromiso de destruir de nosotros la enemistad, como se quema las zarzas y los espinos antes de preparar la tierra para sembrar, hemos de arrancar y arrojar al fuego:

 

 

1.- LOS MALOS JUICIOS: Querer juzgar es para nosotras una operación peligrosísima, como disparar una flecha con los ojos cerrados, sin saber dónde va a parar; nos exponemos a ser injustos, despiadados, cerrados. Basta observar qué difícil es comprendernos y juzgarnos a nosotros mismos y cuantas tinieblas se envuelven en nuestros pensamientos. Es un rasgo típico de la psicología humana, juzgar y condenar en los otros sobre todo lo que nos disgusta en nosotros mismos, pero que no nos atrevemos a afrontar en nosotros mismos: el avaro condena la avaricia, el sensual ve por todas partes, pecados de lujuria y nadie es más agudo y atento, que el orgulloso poniendo de relieve a su alrededor pecados de orgullo.

 

¿Cómo se consigue vivir sin juzgar?, no se puede, pero no es tanto el juicio lo que se debe apartar de nuestro corazón, cuanto el veneno de nuestro juicio, es decir, el rencor, la condena. El juicio es una acción neutral, el juicio puede acabar tanto en condena como en absolución y justificación, son los juicios negativos los que condenan al pecador.

 

El ejercicio de autoridad lleva implícito la actividad del juicio sobre los demás, este se ha de realizar como un servicio, como una llamada a prestar con la fuerza del amor cristiano, que es capaz de cambiar el signo del juicio y del acto de NO amor, convertirlo en un acto de amor.

 

2.- EL DESAMOR: el enemigo del amor se llama egoísmo, los pensamientos y sentimientos de desamor, de desprecio de los hermanos, es el obstáculo que puede impedir todo el trabajo de la caridad, detenerse en lo que los demás nos hacen a nosotras, ah, ella no me habla, ella me desprecia, pues hago lo mismo. Mejor es “Hacer a lo demás lo que Dios me hace a mí” así se derriba al egoísmo. Hay que compararse con Dios y no con los otros.

 

 

3.- LAS MALAS PALABRAS: Amar con las palabras, en la vida comunitaria y de familia, las palabras negativas, cortantes, despiadadas, tienen el poder de hacer que cada uno se encierre en sí mismos y abandone toda confianza y clima fraterno. Es la causa más grande de sufrimiento que hay en nosotras.

 

Hna. Roselvi izquierdo CSJ

 

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