Ecos del Evangelio

23 mayo, 2019 / Carmelitas
6º Domingo de Pascua.

ALELUYA CONTINUAMOS NUESTRO CAMINO HACIA NUESTRA PASCUA DEFINITIVA.

Nos encontramos en el VI domingo de Pascua, solo queda una semana para la Ascensión del Señor y la liturgia de hoy nos invita a no acobardarnos, a no tener miedo. El Señor no nos deja solos, sino que nos promete el Espíritu, el Defensor, el Maestro y Consolador que será el que anime, una y santifique a la humanidad. El  tema central de la liturgia de la palabra  se inclina hacia el misterio universal de la salvación que trae Jesucristo. En la trayectoria del camino pascual hemos  escuchando  los primeros pasos de las primeras comunidades. La Iglesia primitiva iba creciendo y se sumaban gentes de diferentes clases sociales, de diferentes países y procedían de diferentes religiones, principalmente del judaísmo y del paganismo.

Lectura de los Hechos de los Apóstoles. ( Hech 15, 1-2. 22-29)

Después de la resurrección de Jesús, la comunidad de los discípulos  fue creciendo y fueron apareciendo nuevos conflictos para resolver. En este caso, se trata de la necesidad o no de imponer la circuncisión a los que venían de otras culturas. La Iglesia, afirmando que quien nos salva es Jesucristo y no el cumplimiento de los ritos, no impone a los nuevos cristianos más requisitos que la fe, la pureza y abandonar la idolatría.

SALMO 66, 2-3, 5-6.8 oh Dios, que te alaben los pueblos, que todos los pueblos te alaben.

  1. ¡Que los pueblos te den gracias, Señor!

El salmista sabe elevarse de las bendiciones temporales otorgadas a Israel a la bendición universal sobre todas las gentes.  Estas alabanzas que ahora dirige a El Señor el pueblo escogido, deben repetirse porque las bendiciones son  universales  y mesiánicas.

SEGUNDA LECTURA Apoc 21, 10-14. 22-23

Jesús resucitado está con el Padre y allí nos ha preparado una morada. La Jerusalén celestial simboliza este estado de plenitud y felicidad en el que permaneceremos con Dios y ya no tendremos necesidad de nada más. Ya no habrá necesidad de templos ni de ritos, porque viviremos en el amor y la alabanza permanentes.

EVANGELIO Jn 14, 23-29

El evangelio de hoy nos traslada a la Última Cena, donde Jesús, en intimidad con sus amigos y compañeros de «viaje», les dará sus últimas indicaciones. El final se acerca y quiere asegurarse de que su fe no disminuya  ante los acontecimientos que van a suceder. Sera el último  discurso de despedida, en el que Jesús  abre su corazón a sus amigos para darles tres indicaciones: amor, confianza y paz. : “El que me ama será fiel a mi palabra, y mi Padre lo amará; iremos a él y habitaremos en él. También estas palabras se dirigen a nosotros que no tenemos la presencia física de Jesús. A nosotros él nos envía el Espíritu Santo, la paz y nos comunica su vida nueva.

REFLEXIÓN

La Pascua nos anuncia que en nuestra vida y en nuestra historia de salvación la última palabra no la tendrán el sufrimiento, el dolor y la muerte. Verificamos que ser cristianos  es dejarse llevar por la acción del Espíritu, es fundamentar nuestra vida en la fe en Dios Amor, que es el motivo de nuestra esperanza.  Es la hora del espíritu,   de la comunión, de la verdad. Es la llegada de la libertad. Es la hora de quienes tienen corazón de carne y no de piedra. Es el tiempo de los que adoran en Espíritu y Verdad. Es el tiempo de los que creen y esperan. Es el tiempo para los que se quieran hacer nuevos. Es ahora cuando todo es posible. Es ahora cuando el reino está en marcha, cuando merece la pena no volverse atrás. Es la hora de la transformación, es decir ser audaces  que implica no ser conformista con lo establecido es necesario ser creativo para buscar caminos desconocidos, desde objetivos claros  y metas que lleven a nuestra verdadera  identidad; creer en un Dios vivo y que nos brinda la plenitud de la vida, mientras peregrinamos en este mundo,  nuestro destino es  la vida en plenitud.

Uno de los gestos más significativos que hacemos en la Eucaristía antes de recibir la comunión es el darnos la paz. La paz como gesto y como deseo. La paz que tenemos la entregamos al otro y por ello nos acercamos y nos saludamos con cariño.

Amar a Jesús no es fácil porque la paz tiene que partir del corazón humano en dirección hacia Dios y hacia los demás. Lo que no termina de conseguirse es la paz de los corazones. Una persona que vive en paz interior nunca perderá el profundo sentimiento de misericordia hacia los demás y no provocará dolor ni a los de cerca ni a los de lejos.  El Espíritu Santo Nos abre el camino interior para el encuentro con Dios.

Me gusta mucho una de las misiones del Espíritu. Dice el Maestro que «nos recordará todo lo que les he dicho». La palabra «re-cordar», como decía Ortega y Gasset, significa «volver a pasar las cosas por el corazón.» Las enseñanzas de Jesús las tenemos que volver a recordar una y otra vez desde esta perspectiva que va desde el oído hasta el corazón.

«Te dejo mi paz». Jesús nos ha dejado no es sólo la paz interior sino que desea que tengamos todos los elementos espirituales y materiales. Cada cristiano tendrá la misión de mantener la paz durante toda su vida y transmitir esa paz que viene de Dios a los demás. La paz de Jesús produce frutos de amor, perdón, generosidad, paciencia y alegría. La paz de Cristo  es fruto del compromiso de amor en favor de los pobres, los despreciados, los pequeños… Los discípulos no deben temer la partida de Jesús, les deja la paz y el Defensor que completara su misión.

Amor. Palabra mágica y antigua como el mundo, palabra familiar que nace en el horizonte de cada hombre en el momento en el que es llamado a la existencia. Palabra escrita en las fibras humanas como origen y como fin, como instrumento y paz, como pan y don, como uno mismo, como los otros, como Dios. Palabra confiada a la historia a través de nuestra historia diaria. Amor, un pacto que siempre tiene una sola denominación: hombre. Sí, porque el amor coincide con el hombre: amor es el aire que se respira, amor es el alimento que se nos da, el descanso de quien confía, amor es el vínculo que hace que la tierra sea un lugar de encuentro. El amor con el cual Dios contempló la creación y dijo: “Es una cosa muy buena”. Y no se ha vuelto atrás del compromiso, cuando el hombre hizo de sí mismo un rechazo, más que un don, un desprecio, más que una caricia, una piedra lanzada, más que una lagrima enjugada. Amó más con los ojos y el corazón del Hijo, hasta el final. Este hombre que se hizo llama ardiente del pecado, el Padre lo redimió, única y exclusivamente por amor, en el fuego del Espíritu.

¿Qué es para ti el amor a Dios y a la humanidad?

Cómo podríamos colaborar a mejor el mundo con nuestro amor?

¿La paz de Dios habita en ti? ¿Cómo la vives?

¿Qué es tener paz interior?

¿Cómo podemos conseguir o perder la paz interior? ¿Qué debemos hacer?

¿Cómo son tus relaciones con los demás? ¿Está presente la paz de Cristo? ¿Cómo lograr que en nuestras relaciones externas se perciba la paz que Jesús nos regala?

¿Están presentes en tu vida los frutos del Espíritu Santo?

Quiero concluir  con un pensamiento de Javier Prat Cambra  El amor cristiano no puede ser platónico, ni filosófico, ni virtual,

el amor cristiano solo puede ser carnal, es decir encarnado en los demás, con todos los sentidos: ver, oler, tocar, gustar y escuchar.

 

 

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