Ecos del Evangelio

11 abril, 2017 / Carmelitas
Amaos unos a otros

JUEVES SANTO CICLO A 2017

El Jueves Santo es por excelencia el día del amor misericordioso de Dios Padre. Y Cristo lo va a perpetuar y lo va a explicar plásticamente en la Ultima Cena, para que no quede ninguna duda y se entienda perfectamente. Otra cosa es que se quiera entender.

La celebración del Jueves Santo nos pone delante del espejo lo esencial de nuestra fe y su origen: la institución de la Eucaristía en la última cena del Señor con sus apóstoles. El Evangelio de San Juan, que acabamos de leer, no nos habla, sin embargo, de tal institución. Juan ha sustituido la narración de los gestos y palabras de Jesús con el pan y el vino por el relato del lavatorio de los pies.

No sería acertado pensar que este evangelista ha cometido un desliz en asunto de tanta importancia: si ha sustituido la institución de la Eucaristía por el lavatorio de los pies, podemos estar seguros de que lo ha hecho “a propósito, con premeditación”, para explicarnos que si la Eucaristía no nos lleva a la entrega a los demás, la estamos falsificando.

Juan nos recuerda algo que nunca debiéramos perder de vista: que Eucaristía y servicio vienen a ser una misma cosa. Porque no podemos entender lo que es Eucaristía si no entendemos lo que es servicio. No podemos vivir la Eucaristía si no vivimos con actitudes de servicio. No deberíamos participar en la Eucaristía si no somos o estamos dispuestos a ser servidores de los pobres, los excluidos , los enfermos , etc.

Jesús instituye la Eucaristía (o lava los pies) y esta acción es la síntesis de toda su vida y el adelanto de su muerte. Así, cuando Jesús deja a los suyos este memorial, no nos está dejando una mera acción litúrgica, sino todo su ser, toda su vida (incluidas su muerte y su resurrección), nos está dejando el servicio como la actitud-bandera- que siempre debemos enarbolar los suyos, como hizo Él siempre: “esto es mi cuerpo entregado por vosotros, ésta es mi sangre derramada por vosotros y por muchos….”.

Y eso significa algo muy importante: cuando el cristiano se acerca a comulgar debiera superar todo sentimiento de estar realizando un acto de piedad y tomar conciencia de que está haciéndose uno, con Aquél que se partió y repartió en el servicio al prójimo, con Aquél que nos entrega su cuerpo, que derrama su sangre por nosotros.

Que todo esto lo vivamos en unos ritos, que esos ritos merezcan todo el cariño y el cuidado del mundo no quiere decir que esos ritos deban ni puedan convertirse en el centro de interés del cristiano.

Sin embargo, hay que reconocer que en la práctica se ha usado y abusado tanto del rito, y lo hemos supravalorado tanto, que hemos terminado banalizando la Eucaristía, olvidando la actitud de servicio que entraña en sí misma, olvidando, en el fondo, que somos herederos de Aquél que cogió una palangana y se puso a lavar los pies (servicio que realizaban los esclavos, no lo olvidemos), y que no debiéramos participar en la Eucaristía si no vamos, también nosotros, “con la palangana debajo del brazo”.

La historia de la Iglesia nos habla de muchos abusos realizados con la Eucaristía

No se trata de pensar en aquéllos que buscaban profanarla. Ahora los abusos consisten en usar la Eucaristía como un adorno de todo, un complemento ideal, un embellecedor para dar vistosidad y pompa a determinados acontecimientos.

Haríamos bien, en esas ocasiones, en sentirnos destinatarios de las palabras de San Pablo en su primera carta a los corintios: “Esto no es celebrar la cena del Señor”: hacemos el rito (seguramente con una escrupulosa fidelidad a las rúbricas), pero ¿hacemos la cena del Señor?

La Eucaristía, la Misa convertida en una ceremonia bella y solemne, correctísimamente ejecutada, empleada como complemento ideal para un buen número de situaciones que poco o nada tienen que ver con actitudes de servicio, con la disponibilidad para entregar la propia vida por los demás, se convierte, en realidad, en una traición a la cena del Señor Jesús.

Dice el gran teólogo Jurgen Moltmann a este respecto ¿No es esto un verdadero sacrilegio? Eucaristías sin mentalidad y actitud de servicio son “misas” fingidas donde se toma en vano no ya el nombre, sino el Cuerpo y la Sangre del Señor Jesús.

Se ha supravalorado tanto el rito, hasta llegar a poner el acento del valor de la celebración en la corrección con que se realiza el rito, y entonces la atención de la Eucaristía se pone en la claridad y literalidad con que se pronuncia la consagración, el uso de los textos oficiales en oraciones, prefacios, etc., si está permitido o no que el sacerdote celebre sin casulla, si hay que usar o no el lavabo…

Sencillamente demencial; filtramos escrupulosamente los mosquitos (palabras, gestos, vestidos, lugares…) y nos tragamos tranquilamente los camellos (injusticias, diferencias sociales, falta de fraternidad, ausencia de actitudes de servicio…).

De una cena de hermanos, dispuestos a dar la vida unos por otros, muchos la han convertido en un rito frío, aséptico, lejano de la propia vida, neutro, sin incidencia en la realidad de cada día, poco o nada transformador de nuestra existencia y de cuanto nos rodea.

De una cena en la que el pan y el vino son el Cuerpo y la Sangre de quien da su vida por los demás, muchos han hecho una misa ritual, a la que se va por obligación, para cumplir.

De una cena intranquilizadora e inquietante, expresión de la opción de Dios por los pobres, oprimidos y marginados a causa de la injusticia que mata al justo e inocente, muchos la han convertido y entendido como rito para tranquilizar la conciencia, que utilizan para quedar tan tranquilos pensando que han contentado a Dios dándole media hora semanal de su tiempo.

Hay que redescubrir la Eucaristía

Hay que desnudarla de todo el ropaje con el que se la ha revestido a lo largo de los siglos: folklore, ceremonia, rito, adorno, obligación que cumplir Y debemos reencontrarnos con la sencilla, primitiva, original y genuina cena del Señor con los suyos, entregando su Cuerpo y su Sangre por todos. Y hoy, Jueves Santo, es una ocasión ideal para intentarlo.

“Haced esto en conmemoración mía” .No tendremos ya más excusas, Señor tu entrega es radical y verdadera y, porque no quieres que falte nada, nos dejas apiñados alrededor de una mesa y con un mensaje claro: “amaos unos a otros como yo os he amado, en eso reconocerán que sois mis discípulos.

El Jueves Santo, si lo pensamos en serio, nos sorprende y nos juzga a la vez

*A quien hasta entonces, Dios, lo llamaban omnipotente, inaccesible y casi no podían nombrar, Jesús va y lo llama “Abba” “Padre”

*Quien dice aquello que luego no hace, el Jueves Santo, queda retratado y Jesús les dice a los apóstoles y a nosotros, que si no hay coherencia entre lo que creen y hacen no son de los suyos.

Contigo Cristo, el que ocupa el último lugar, es el primero en el cielo.

Contigo Cristo, cualquier prueba, es algo a superar.

Contigo Cristo, cualquier mendigo es el rey.

Contigo Cristo, cualquier rey, es vasallo.

Contigo Cristo, cualquier pecador, por mucho que lo sea recupera la gracia.

Contigo Cristo, el que se tiene por justo, no tiene nada que ver contigo.

Contigo Cristo cualquier oveja perdida, volverá al redil.

Contigo Cristo, el que se marchó, siempre tendrá una habitación en tu casa.

Contigo Cristo, el que no se hace niño, tendrá difícil su entrada en el cielo.

Contigo Cristo el que se las sabe todas, no conoce a Dios, ni se conoce así mismo.

Contigo Cristo, cualquier ciego, recupera la luz, el camino y la verdad.

Contigo Cristo, el que ve todo, es incapaz de ver el reflejo de Dios.

Contigo Cristo, la muerte, es trampolín que nos eleva a la vida.

Contigo Cristo, el llanto, es agua que purifica nuestras miradas.

Contigo Cristo, la noche es vencida por el resplandor del día.

Contigo Cristo, la pasión, el sufrimiento o la muerte son notas que preceden al canto de Resurrección.

Contigo Cristo, descubrimos que tu amor es inquebrantable y único, bueno y verdadero.

Contigo Cristo, vemos que el servicio a los otros a de ser radical, hasta el extremo de la entrega personal.

Contigo Cristo, con tu sacerdocio…llamas a muchos, para que nunca nos falten heraldos de tu Palabra.

Contigo Cristo, con la Eucaristía que instituiste, reconcilias a Dios con el hombre y a la humanidad con el mismo Dios.

Hoy pues es día para despojarnos de cualquier rutina en la que hayamos convertido la Eucaristía y para que nos juzguemos y nos preguntemos cada uno, qué consecuencias tiene en nuestras vidas, la Eucaristía que celebramos.

Porque no hay alternativa a la caridad. Se trata del amor gratuito, más allá de toda ideología y de todo vinculo. Se nos llama a la revolución de la gratuidad y la entrega, Donde no cabe el decir: estoy es mío y esto es tuyo, sino esto es de todos.

Es hora de recuperar el sentido autentico de la eucaristía y vivirlo.

 

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