Ecos del Evangelio

14 octubre, 2016 / Carmelitas
Amor, misericordia y justicia

DOMINGO XIX Tiempo OrdinarioEvangelio de Lucas 18,1-8:En aquel tiempo, Jesús, para explicar a sus discípulos cómo tenían que orar siempre sin desanimarse, les propuso esta parábola: «Había un juez en una ciudad que ni temía a Dios ni le importaban los hombres. En la misma ciudad había una viuda que solía ir a decirle: “Hazme justicia frente a mi adversario.” Por algún tiempo se negó, pero después se dijo: “Aunque ni temo a Dios ni me importan los hombres, como esta viuda me está fastidiando, le haré justicia, no vaya a acabar pegándome en la cara.”» Y el Señor añadió: «Fijaos en lo que dice el juez injusto; pues Dios, ¿no hará justicia a sus elegidos que le gritan día y noche?; ¿o les dará largas? Os digo que les hará justicia sin tardar. Pero, cuando venga el Hijo del hombre, ¿encontrará esta fe en la tierra?»En el Evangelio de este domingo nos podemos fijar en dos aspectos la fe- confianza y el de la justicia. Dos temas esenciales para nuestro mundo: la necesidad de buscar respuestas a situaciones que no se entienden y la de confiar plenamente en Dios para quién la justicia viene adherida al amor. Debemos, hoy más que nunca, rezar para que Dios nos conceda su paz y nos ayude a buscar caminos de justicia según su corazón, no según el nuestro. No podemos cerrar los ojos a nuestro mundo, un mundo falto de amor, falto de justicia, sobre todo para con aquellos que sufren persecución, hambre, soledad… El Señor nos invita a orar a tiempo y a destiempo, a orar con una fe profunda en estos “tiempos recios”, que diría Santa Teresa, a clamarle desde los más profundo de nuestro interior para que transforme nuestro corazón y nos dé uno de carne humano, cercano, abierto, comprensivo para poder trabajar por la paz y la justicia universal. La misericordia de Dios es lo que hace que se cumpla la verdadera justicia. La justicia humana solamente limita el mal, no lo vence, no lo hace desaparecer. La justicia divina, en cambio, supera el mal contraponiéndolo al bien”. No podemos seguir cerrando nuestros ojos ignorando el grito de los que sufren injustamente, lejos y cerca. Debemos lazar nuestras manos y elevar nuestra oración al Padre que mira con amor misericordioso a este mundo que sufre desigualdad, persecución, violencia, para que nos ayude a trabajar por su Reino y su justicia, que nos impulse a amar más y mejor. CON AMOR La justicia con Amor te hace justo, sin Amor te hace duro.La amabilidad con Amor te hace amable, sin Amor te hace hipócrita.La inteligencia con Amor sirve a la razón, sin Amor te hace cruel. LLa agudeza con Amor te hace capaz de adquirir la verdad, sin Amor te hace agresivo.La autoridad con Amor te hace guía y protector, sin Amor te hace déspota. La amistad con Amor te hace generoso, sin Amor te hace interesado. El apostolado con Amor te hace servicial, sin Amor te da una excusa para lucirte. La alegría con Amor te ayuda a ver a Dios en todo, sin Amor te hace un bufón. La libertad con Amor te hace capaz del mayor bien, sin Amor te hace un abusador. Tus éxitos con Amor te hacen crecer, sin Amor te hacen orgulloso. Tus enseñanzas con Amor te hacen maestro, sin Amor te hacen arrogante. LA VIDA CON AMOR, LO ES TODO; SIN AMOR, NO VALE NADA. Así quiere Dios que actuemos. Acerquémonos a Él y pidámosle un corazón misericordioso como el suyo. Un corazón de Padre que ama y quiere que sus hijos vivan en el bien y en la justicia y, por eso, que vivan en plenitud y sean felices. Un corazón de Padre que va más allá de nuestro pequeño concepto de justicia para abrirnos a los horizontes ilimitados de su misericordia. Hna. Susana García

 

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