Ecos del Evangelio

23 diciembre, 2016 / Carmelitas
AMOR Y SÓLO AMOR DE DIOS

NAVIDAD 2016 MISA DEL GALLO

¡Feliz Navidad!, amigos. El gozo que para vosotros deseo en estas fiestas navideñas, el gozo que voy a pedirle al Señor para vosotros en esta misa que junto con vosotros celebro, es un gozo profundo y nuevo, y no está hecho de recuerdos, de costumbres infantiles, de hábitos de cristianos piadosamente conservados, sino un gozo vivo y actual.

Este nacimiento que celebramos y del que tanto nos alegramos, no es solo el del Niño Jesús, sino que debe ser el nuestro… Esta noche tiene que nacer algo nuevo en cada uno de nosotros. Cada uno va a ser llamado esta noche a nacer de nuevo, a creer en algo que resulta inverosímil, pero que sin embargo es necesario creer: que todos somos capaces de renacer; que puede invadirnos un gozo desconocido; que podemos descubrir en nosotros mimos un gozo tan maravilloso, tan fuerte y tanto nunca visto, que será fácil darnos cuenta de que no procede de nosotros.. Sólo una cosa importa, dice S. Pablo: y es que nos convirtamos en una nueva criatura. Todos tenemos que renovarnos esta noche, todos tenemos que nacer esta noche. ¿Será así de verdad?

¡Hay tan pocos que creen en la Navidad!. Muy pocos creen y viven lo que significa la Navidad. La Navidad tuvo su origen por primera vez, en un mundo sin esperanza. Zacarías e Isabel creían que ya no tendrían nunca hijos. Simeón y Ana tenían miedo de morir antes de haber visto al Salvador. Nicodemo decía que a su edad ya no era posible nacer de nuevo, que ya no se podía cambiar a sus años..Los habitantes de Jerusalén sabían muy bien donde iba a nacer el Salvador y se lo indicaron a los Magos; conocían muy bien su religión y celebraban todas sus fiestas; pero ningún de ellos quiso molestarse en ir a ver.

Lo sabían todo, también, que es como si no lo supieran. También nosotros lo sabemos todo demasiado bien. Y eso nos impide saberlo. Y el viejo mundo endurecido, con todo su caparazón de pecados, dormitaba tranquilo, bien cobijado, bajo su coraza de indiferencia y de aburrimiento.

Pero ha bastado una muchacha de quince años., ha bastado una fe de quince años, ha bastado una esperanza joven para renovar el mundo, para que todo se hunda, germine, cambie y empiece a florecer de nuevo.

¡Son pocos los que celebran la Navidad! ¿Hay alguno de entre nosotros que crea, es decir, que viva la Navidad, con el espíritu que significó aquella primera Navidad?

De nada nos sirve que Cristo haya nacido hace dos mil años, si hoy nada va a nacer de nuevo en nosotros. De nada sirve que Él haya dicho unas palabras divinas hace dos mil años, si hoy no hablamos de parte de Dios a los demás de lo que realmente celebramos; y dejamos de lado todo el papel de celofán en lo que se ha envuelto la Navidad. La maravilla de esta noche, es que Dios, entre nosotros, puede volver a vivir, si lo acogemos. Si le damos posada en nuestro corazón.

Siempre será necesario un cuerpo, unas manos, para curar, unos brazos para sostener, unos labios para hablar, un corazón para amar. ¿Seguro que nacerá Él en nosotros esta noche?

Sí, estad seguros: será un nacimiento pobre, un niño frágil y débil. Envolvedlo en pañales, recostadlo sobre las pajas de un pesebre. Será una fiesta humilde en medio de tantas fiestas mundanas y paganas. Pero entonces es cuando será Navidad.

Aun en medio de tanta banalidad, apariencia y folclore. Allá a lo lejos, en muchos rincones del mundo, habrá personas que se levanten ante esta luz de Belén; que presientan este nacimiento en su corazón; que tengan hambre y sed de esta ternura que nos nace; y que marchen sin pensárselo al encuentro de este recién nacido, llevándole lo mas preciso que tienen., como los pastores aquella noche.

Esta noche debería ser una noche de gozo para todo el mundo. Cuando Dios se mostró como Dios en un niño, hubo una explosión de alegría. Pero solo lo supieron ver, como siempre, los que tenían un corazón pobre y humilde.

¡Oh, el hombre! ¿Cuando nos daremos cuenta de que nuestra alma es enorme y sus exigencias son inmensas? Necesitamos nada menos que de Dios. Nuestra mayor equivocación es la de creer que no nos hace falta para ser felices, mas que un poco de dinero, un ascenso, un poco de suerte, curar de esa enfermedad o aquella. Pero, entonces, creedme, nunca seremos felices, porque siempre habrá otra enfermedad, otra espera, otro trago.

Es Dios lo que nos hace falta. Dios es esa cosa “insignificante” que necesitamos. Y Él no nos fallará jamás. Seremos nosotros los que le fallaremos a Él.

Muchas veces se me ocurre pensar que, en Navidad, bastaría con que nuestro Señor viniese de nuevo en carne y hueso, para que nuestras fiestas se viniesen abajo. Si Jesús se invitase a una de nuestras casas, bajo el aspecto de un inmigrante, de uno de los viejos abandonados en un asilo y a los que nadie quiere porque son viejos, extraños e improductivos en este mundo desarrollado; o en uno joven de una cárcel que sale tres días de vacaciones, entonces se habría acabado la fiesta, la Navidad se habría derrumbado. Siempre que Cristo se ha introducido en una vida, las cosas han cambiado por completo. ¿Y por que no cambia la vida de muchos tras la Navidad? Porque no han dejado nacer, entrar a Dios en sus vidas.

Somos demasiado ricos en bienes de la tierra y por eso no nos alegramos de los bienes del cielo. En nuestras casas confortables, no falta de nada, aunque el Señor no esté allí. Somos como niños entretenidos con nuestros juguetes, con nuestros regalos de Navidad, como para acordarnos de Dios y acogerlo en medio de la alegría que nace del que tiene el alma pobre.

Es menester ser pobre para llenarse de Dios. Pero muchos, como lo tienen todo, les falta, lo más importante: Dios. Dichosos los que son incapaces de ser felices a no ser con Dios. Dichosos los que necesitan tener a Dios para sentirse finalmente con el gozo y la alegría que nos trae Cristo esta noche.

Nuestro gozo y nuestra alegría han comenzado, tenemos que ser felices inmediatamente, ahora mismo, o no lo seremos nunca. La vida eterna es conocer al Padre y conocer al Hijo; esta vida eterna comienza ahora, con el gozo de esta Noche. Simeón y Ana dijeron, después de haber visto al Señor, que ya no tenían miedo a morir.

¡Que gran regalo y qué gran sacramento! ¡Dios en un pesebre! Y, en ese pesebre, en esta noche santa, se iluminan las cavernas más oscuras de la humanidad. En ese establo, el hombre aprende la lección más magistral bajada desde el cielo: el AMOR de un Dios.

La Navidad es el gran regalo de Dios a la humanidad. Una humanidad, que en números, acontecimientos, y en formas, está condicionada por la violencia, el desasosiego, la intranquilidad, la pobreza, la injusticia…

¡Cómo no agradecer a Dios que, a través de Jesús, comparta nuestros sufrimientos y éxitos, nuestras fatigas y nuestras penas, nuestras caídas o nuestras alzadas! ¡Bienvenido a esta tierra! Que seas la salvación que el mundo espera y necesita.

Permitidme que por esta noche, sea uno de esos pastores del evangelio:

*Ser el primero en llegar hasta Ti, Señor. Y bendecir tu Nombre .Y arrodillarme con todo lo que soy, pienso y tengo. Y postrarme, sabedor, de que mi corazón a veces anda demasiado perdido en las montañas del mundo.

*Y, en medio de la noche fría, que fueran mis palabras de admiración, calor en tu regazo. Y, que en la oscuridad y silencio de tu Nacimiento, fuese mi FE, lámpara que iluminase las sombras y los rostros de ese establo.

*No tengo más riqueza que la vida que Dios me ha dado. Ni más dulce, que la alegría de tu alumbramiento. Ni más apoyo, que el saber que Tú has venido a nuestro lado.

*Por ello mismo, he dejado los valles de mi comodidad. Porque, la noticia que tus Ángeles me han dado, ha rebasado con creces, la importancia de todo lo que yo estaba haciendo.

*Me ha costado esfuerzo llegar hasta Belén. Me he perdido por otros senderos,

con los que el maligno me tentaba para alejarme de tu sendero. Pero lo importante, Señor, es que he tocado tus divinas sienes; que he alcanzado ese rincón del amor y de ternura que, los tiempos antiguos, nos anunciaron y que reyes, patriarcas y profetas…desearon vivir.

*Y cuidarte en esta Noche Santa como quien sabe, que eres el más bello Cordero que, entre maderas nació, y en dos maderos se desangrará hasta morir por dar al hombre, un eterno vivir.

*Y, a cambio de mi adoración y confianza, dame, Tú Señor, lo que es tu gran tesoro y secreto: AMOR Y SOLO AMOR DE DIOS.

¡Feliz Navidad a todos vosotros amigos, amados de Dios!

 

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