Ecos del Evangelio

29 octubre, 2016 / Carmelitas
Baja … hoy quiero cenar contigo

DOMINGO XXXI T.O. CICLO C 2016 “El Hijo del hombre ha venido a buscar y a salvar lo que estaba perdido”.El evangelio de hoy es uno de los más conmovedores que pueda haber. Nos da una doble lección: 1- que Jesús vino a buscar al pecador y 2- la larga paciencia de Dios que siempre espera y trasforma a quien da los primeros pasos de conversión. Y el relato de Zaqueo nos muestra esta doble lección Zaqueo es posiblemente un buen retrato robot del hombre de negocios sin escrúpulos de nuestros días. Hay dos cosas indiscutiblemente delatoras del Zaqueo de entonces y de los zaqueos de ahora: 1-la desmesurada ambición por ganar el dinero como sea y 2- el enanismo, o sea, la falta de talla para poder ver todo lo que no sea ganancia fácil. Claro está que no podemos identificar a todo hombre de negocios con el Zaqueo del evangelio Pero hemos de admitir que hoy se llama negocio a cualquier forma de ganar dinero en abundancia, al margen del “trabajo, de la legalidad y de la ética”. La expresión “el negocio es el negocio” se ha erigido en principio fundamental de moralidad, en valor absoluto, que legitima cualquier ganancia. La pornografía, el narcotráfico, la venta de armas, la adulteración de alimentos y la rapiña de patentes, o la trata de seres humanos, el tráfico de órganos humanos, los secuestros y un largo etcétera, tienen infinidad de cultivadores, dispuestos a todo. Tampoco la usura estuvo bien vista en otros tiempos y hoy campea entre los negocios más “saneados” de cualquier economía. Y lo más preocupante es que es una usura “legalizada”. ¡Pronto vamos a tener que pagar hasta por el aire que respiramos! Pocos serán hoy los que discutan teóricamente la afirmación de -Freud- que considera que la persona que continúa preocupada exclusivamente por “tener” y “poseer”, es neurótica. Sin embargo, son innumerables los que dirigen sus principales energías a tener, acumular y ostentar. Empujados por su obsesión de “poseer”, tienden a extender su necesidad de propiedad a todos los ámbitos de la vida. “Tienen” unos conocimientos, “poseen” buenas relaciones, “adquieren” nuevas amistades, “logran” éxitos y hasta se sienten “dueños” de todo lo que les rodea, incluido las personas. Es triste y lamentable que personas así y que son tan habituales, se les llegue hasta a envidiar, cuando lo que son, es seres enfermos e inmaduros. Es normal que en las vidas de esta gente crezca la desconfianza, la dureza y la agresividad, y estén ausentes la ternura, la solidaridad y la verdadera amistad. Pasan los años y nada cambia ni se transforma dentro de ellos. Pueden tener momentos de euforia, éxito y excitación, pero difícilmente conocerán la alegría que acompaña y resplandece en quien vive creciendo desde dentro, desarrollando día a día su capacidad de dar, compartir y convivir. Pero para Jesucristo nada ni nadie está perdido irremediablemente. Ahí tenemos el ejemplo de Zaqueo Todo empieza con un encuentro, con un mirarse el uno al otro, con dirigirse algunas palabras. La salvación es siempre fruto de una llamada, de un diálogo entre el hombre y Dios. Me atrevería a decir que Jesús y Zaqueo se buscaban desde hacía tiempo. El rico de corazón vacío e insatisfecho, buscaba a Jesús desde su subconsciente, como si una voz misteriosa le dijera que sería bueno ver a Jesús, pero, no verle sólo con la mirada superficial de los curiosos, sino con ojos llenos de sentimiento y de preguntas. Una mirada que era el resumen de su vida pecadora y de la situación a la que lo había abocado su mala carrera. Por eso, Zaqueo, avergonzado, quería ver sin ser visto. Han pasado muchos siglos desde aquel suceso. Lo que no ha caducado es la misericordia ni la iniciativa de Dios que, un día y otro, sale a nuestro encuentro para que demos un salto de tantos árboles que el mundo pone delante de nosotros y que, lejos de permitir una visión más nítida de Dios, nos ciegan y nos distancian del camino de la fe. ¡Baja de ahí! Esta es la gran invitación de Cristo. Estamos en un momento delicado en el cristianismo de occidente. Necesitamos despertar y hacer despertar de nuevo el interés por Jesucristo. -Hay muchos cristianos que viven sin haber tenido un encuentro personal con Jesús: son los cristianos que viven en el árbol de la indiferencia. -Existen otros tantos cristianos que iniciaron un despegue en la fe pero las dificultades los enfrió: son aquellos que viven enzarzados en el árbol de la eterna duda. -Y existen otros cristianos que se sienten muy seguros de sí mismos, conocedores de todo y endiosados por sí mismos: son aquellos que se sienten salvados en el árbol del “yo hago todo bien y no me hace falta misa, evangelio, ni iglesia” ¿Cómo recuperar la auténtica alegría de vivir? ¿Cómo salvar estas vidas que aparecen ya “perdidas”? Es aleccionadora la actuación de Zaqueo, un hombre con una posición social en Jericó, rico propietario, jefe de publicanos, pero “bajo de estatura” en todo su vivir. Me nace un interrogante ante el evangelio de hoy y quiero compartirlo con vosotros «¿Era Zaqueo un curiosillo, una especie de correveidile de novedades, uno de esos fieles admiradores que suelen seguir a los” personajes populares”, aclamándolos? Ese “correr delante” y “subirse a una higuera” ¿retratan a un “hincha”, a un “forofo”? ¿O se trata, más bien, de alguien que ha sido “tocado en el corazón”, alguien que ha sentido una llamada, adivinando que ése que pasa -Jesús- puede ser la gran oportunidad de su vida? ¿Se trata de un “frívolo” o de un “buscador de perlas finas”?» Yoapuesto por esta segunda visión. Y señalo cuatro momentos, cuatro fases, que denotan la seriedad del camino de Zaqueo: 1-SU CURIOSIDAD.-No se trata de una curiosidad frívola, de cotilleo, de prensa amarilla, de forofo, no. Era la curiosidad de alguien que quiere conocer a fondo a una persona: Jesús. Porque algo le dice en su interior que ese conocimiento va a marcar su vida. Conviene, no obstante, aclarar una cosa: a pesar de la apariencia, no era Zaqueo el que buscaba a Jesús, sino Jesús el que buscaba a Zaqueo. Pascal escribió con clarividencia: «No te buscaría si no me hubieras encontrado». Es verdad, suele ser el Señor el que anda haciéndose notar, enviando sus primeras gracias, haciendo que se produzcan ciertas circunstancias, para que el hombre las advierta. También dijo Jesús: «No me elegisteis vosotros, sino que yo os elegí, para que vayáis… ». Supuesta, pues, esa disimulada manera de «insinuarse» de Jesús, Zaqueo fue emprendiendo el camino para encontrarlo. 2-LOS OBSTÁCULOS.-«La gente se lo impedía», dice Lucas. Y aclara: «Era “jefe de publícanos”». Los publícanos, ya lo sabéis, cobraban impuestos, y además, para los romanos. Dos datos poco favorables para que la gente le abriera paso. Entonces, «como era bajo de estatura», «se subió a una higuera». (Me conmueve este detalle, qué queréis. Por otra parte, es la única vez, creo, que los evangelistas nos dan una pincelada física de alguien.) Debe saber el seguidor de Jesús que su seguimiento no va a ser fácil. Muchos supuestos amigos (?) se lo van a impedir. Pienso en los jóvenes de una manera especial, a quienes los mismos de su pandilla, con leves ironías o sonrisas, o esta sociedad del placer en que vivimos con sus «ofertas», van a zancadillear sus propósitos. Y, segundo, por mucho que valgamos, siempre somos «pequeños de estatura». Tenemos que subirnos a algún árbol, a otra esfera, al plano de la fe. 3- ZAQUEO ABRE SUS PUERTAS.-Hay una frase conmovedora en el Apocalipsis. «Estoy a la puerta y llamo». Es el retrato de un Dios al que no se le abre. Lope de Vega la inmortalizó en endecasílabos: «Cuántas veces el ángel me decía: / «Alma, asómate ahora a la ventana». / Y cuántas, hermosura soberana: / «Mañana le abriremos», respondía, para lo mismo responder mañana». No fue el caso de Zaqueo. ¿Es acaso el nuestro? 4- ZAQUEO SE ENTREGA.-El amor, amigos, es una conquista. Una dulce conquista, a la que, según los místicos, corresponde la entrega y el abandono: «Quedéme y olvidéme – el rostro recliné sobre el Amado; cesó todo y déjeme, / dejando mi cuidado entre las azucenas olvidado». Así cantaba San Juan de la Cruz. Zaqueo, más ducho en «cuentas» y en pragmatismo, dijo: «Desde ahora daré la mitad de mis bienes, y si de alguno me he aprovechado, le restituiré cuatro veces más». No hay salvación posible sin este cambio en la vida del que se siente llamado y amado por el Padre. El cambio es la respuesta auténtica a la llamada que nos hace Dios. Dios nos llama, como a Zaqueo. Quiere entrar en nuestra casa, en nuestra vida, en nuestros proyectos. ¿Le abrimos las puertas? Y, sobre todo, ¿estamos dispuestos al cambio que exige su presencia salvadora? ¿Cuáles son nuestras resistencias? ¡Bendito Zaqueo! A veces solemos cebarnos en los ricos. Pues he aquí hoy el elogio de un rico. Un rico que se hizo pobre y aprendió lo que es ser rico de verdad.

 

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