Ecos del Evangelio

10 enero, 2020 / Carmelitas
EL BAUTISMO DEL SEÑOR CICLO A 2020

Ahora me comprometo seguir a Jesús en su vida pública.

 

 

Han pasado las navidades, y con el Bautismo del Señor, se inicia su andadura y su misión. ¿Qué andadura? ¿Qué misión? Ni más ni menos que aquello, que nosotros los cristianos, olvidamos con frecuencia: que ser discípulo de Jesús es ser conocedor de su vida, entusiasta de Dios y orientar nuestra vida desde el Evangelio. ¿Lo haremos?

 

Este Niño, al que visitaron humildemente los pastores; al que reverenciaron los magos para abrir su historia y su nombre a todos los pueblos de la tierra, inicia con su bautismo personal aquello para lo que ha nacido: ha venido para estar junto a nosotros, para enseñarnos el camino de la vida y del amor de Dios, y sobre todo, para dignificar nuestra existencia, divinizarla y darle otro color.

 

Se involucra de lleno en aquello que Dios le pide. Se abre el cielo, una vez más, no para entrar en el seno virginal de María, sino para caminar ya por las entrañas de la tierra ofreciendo esperanza e ilusión a todo aquel que la ha perdido.

 

Aquel Niño que nació en una noche estrellada y silenciosa, hablará con fuerza sobre el amor y la justicia. Nos dirá que, el perdón, es distintivo de aquellos que se dicen amigos suyos y, sobre todo, nos invitará a ser testigos de lo que, El, dice, forja y enseña.

 

 

El Bautismo del Señor:

 

1- SACUDE NUESTRAS CONCIENCIAS. Porque nos invita a plantearnos varios interrogantes. ¿Es nuestra fe operativa, profunda, convencida, creativa y activa? ¿No la tenemos demasiado dormida y arrinconada por vicisitudes o por vergüenza a exhibirla? ¿Por qué tanta bravura para hablar de lo superfluo, de aquello que pasa, y tanto miramiento o timidez para expresar aquello que decimos creer y sentir?

 

2- NOS DA MUCHAS POSIBILIDADES. El Bautismo del Señor nos abre, nuevamente, el cielo. Escuchamos, una vez más, que somos hijos preferidos por parte de Dios.

Que nos ama pero, que hemos de intentar practicar aquello que Jesús nos dice.

Que, su misión, es nuestra misión.

Que su locura, ha de ser nuestra locura.

Que su fin, ha de ser nuestro fin.

Que su camino, ha de ser el nuestro.

 

 

El Bautismo del Señor es descubrir el sentido de nuestro propio bautismo. No se construye una casa para nunca habitarla. Ni, tampoco, se descorcha una botella de buen vino para desperdiciar su contenido. Ni, mucho menos, compramos un artículo de belleza para nunca lucirlo.

 

En cierta ocasión toda una población portuaria se encontraba reunida al borde de un astillero. No era para menos: un gran barco iba a ser bautizado para comenzar su andadura por las aguas del mar. Todo estaba preparado; autoridades y banderas, mesas y luces, invitados y fotógrafos, música, flores… Y llegó el momento culminante. Después de las palabras de bienvenida, con gran emoción, la autoridad correspondiente, soltó en simbólico acto el cava que fue a estrellarse en el lugar señalado y con total precisión.

 

Los aplausos y los cohetes no se hicieron esperar. No era para menos: ¡un nuevo barco en nuestro puerto! (gritaba orgulloso el vecindario). La sorpresa y la incertidumbre llegaron cuando (después de la fiesta y de la pólvora, de los himnos y los consabidos abrazos efusivos, de las fotos y de la colosal comida popular) el barco por distintas circunstancias se resistió a adentrarse en el mar y quedó totalmente encasquillado sobre unas vías preparadas para la ocasión. La decepción se hizo, todavía más mayúscula, cuando en un desesperado intento por empujar el buque hacia el océano se inclinó de tal manera que se agrietó todo su casco quedando sentenciado su futuro para siempre.

 

Al pensar en esta parábola me acuerdo del bautismo muchos han recibido Se celebró, al igual que la botadura de esa embarcación, rodeados de flores y de focos, de luces y de fiesta. Mi pregunta es: ¿Y luego?… ¿dan testimonio los padres y padrinos para que ya con uso de razón, los bautizados se adentren en la misión de todo cristiano o no es mas cierto que se quedan en la orilla de ese bautismo? ¡Que pena que se ponga tanto énfasis en el momento del “chapuzón sacramental” y después que nos olvidemos del horizonte que nos exige y a lo que nos llama!

 

*Porque, en realidad, el bautismo no se queda en el agua que cae sobre nuestras cabezas. Continúa y se consolida cuando ya de adultos, sintiéndonos hijos de Dios, trabajamos para que su Reino sea una pronta realidad en nuestra tierra. Es como aquel puente que no se sabe si es bueno o malo, si está bien o si tiene carencias hasta que no se pone a prueba su resistencia.

 

*Porque, en realidad, el bautismo que recibimos no acaba cuando somos inscritos en el libro de los elegidos y, en cambio, si empieza cuando nos comprometemos llevando con nuestras manos la luz de la fe a todos los que nos rodean y, por supuesto, creciendo interiormente en la de cada uno.

 

Esta es la gran decepción a la que asistimos, con cierta impotencia: un bautismo que se queda en el puerto de los que nunca quisieron emprender ni interesarse por la fe que en él y con él recibieron.

 

Se quedaron encasquillados y contentos en un rito sin más consistencia que la excusa para un encuentro familiar, con unos padrinos sin más garantía que el cumplir con un papel testimonial y puntual.

 

Nunca como hoy la iglesia, y Dios mismo, necesitan de bautizados entusiastas que sepan lo que se llevan entre manos; de que sean conscientes, que el Bautismo, implica un andar por los caminos de la vida con la mentalidad de Cristo.

 

Quien se sumerge en un río sale a la fuerza empapado por sus aguas. Quien se integra en la vida de Cristo sale por los caminos de la vida sabedor que hay un carné de identidad, ser cristiano, que no se puede guardar como se guarda un simple título. Es hora de poner coherencia entre lo que celebramos y el compromiso que celebramos al cerebrarlo, y si no, no celebrarlo. Y lo que vale para el bautismo, vale para los demás sacramentos, así de claro. ¿Qué ser cristiano no es cómodo ni fácil? ¡Por supuesto! ¡Nunca lo ha sido! Pero, Jesús, no se conformó con descender al Jordán para hacer ningún numerito No cumplió el rito por simple tradición o presión social. En su ascenso, a la tierra llana y dura, comprobó enseguida que su mensaje era causa de tensión. ¡No dejaba indiferente a nadie! Fue un Niño que, siendo joven, no dejó frío a nadie. Al contrario de lo que sucede con la fe de no pocos.

 

Hay que poner el bautismo a trabajar. El bautismo implica estar dispuesto a cambiar nosotros sin esperar a que los demás cambien. Por eso si…

 

 Si evitas una injusticia, habrá más justicia en el mundo.

 Si cultivas un rosal, habrá más rosas en el jardín.

 Si amas, Dios estará más presente en el mundo.

 Si siembras un grano de trigo, habrá más humanidad en el mundo.

 Si enciendes una vela, habrá más luz en la noche.

 Si vives en la verdad, habrá menos mentira en el mundo.

 Si cuidas un nido de golondrinas, habrá más golondrinas en primavera.

 Si vives en libertad, habrá más libertad en el mundo.

 Si enciendes un fuego, habrá más fuego en el invierno.

 Si irradias en tu alegría, habrá menos tristezas en el mundo.

 Si esperas cambiar tú cuando haya cambiado el mundo, morirás sin haber vivido;

 Si comienzas cambiando tú, ya estás cambiando el mundo…

 

 

Al final de la Eucaristía cuando recordemos nuestro bautismo, con el agua haciéndonos la señal de la cruz sobre nuestra frente, preguntémonos:

¿Qué he hecho de mi bautismo?

¿De verdad además de llamarme cristiano soy cristiano?

 

 

3.- ESTA ES LA GRAN DECEPCIÓN A LA QUE ASISTIMOS, CON CIERTA IMPOTENCIA, SACERDOTES Y EVANGELIZADORES: un bautismo que se queda en el puerto de los que nunca quisieron emprender ni interesarse por la fe que en él y con él recibieron. Se quedaron encasquillados y contentos en un rito sin más consistencia que la excusa para un encuentro familiar, con unos padrinos sin más garantía que el cumplir con un papel testimonial y puntual.

 

Que este tiempo ordinario que iniciamos después de la Navidad sea una llamada a recuperar el brío y la autenticidad de nuestro bautismo: hemos sido bautizados no por exigencia de un guión social donde nos debatimos (sería muy poco, incoherente y pobre) y sí como una llamada a ser hijos de Dios, a formar parte de su iglesia y a dar razón de El allá donde haga falta.

 

Nunca como hoy la iglesia, y Dios mismo, necesitan de bautizados entusiastas que sepan lo que se llevan entre manos; de que sean conscientes, que el Bautismo, implica un andar por los caminos de la vida con la mentalidad de Cristo.

 

Quien se sumerge en un río sale a la fuerza empapado por sus aguas. Quien se integra en la vida de Cristo sale por los caminos de la vida sabedor que hay un carné de identidad, ser cristiano, que no se puede guardar como se guarda un simple título. El Señor, con su Bautismo, nos invita a seguirle en su vida pública para –junto con El- cumplir la voluntad del Padre.

 

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