Ecos del Evangelio

9 enero, 2021 / Carmelitas
EL BAUTISMO DEL SEÑOR -CICLO B- 2021

El Bautismo de Jesús es…

el modelo del nuestro

 

 

Sin tiempo a reaccionar, con las últimas reverencias al Niño del pesebre, nos encontramos con un Jesús ya adulto. En el horizonte, ha desaparecido la estrella. Y los cánticos de los ángeles, han sido sustituidos por una palabra que viene del cielo: “Tú eres mi Hijo”. Hoy se nos llama a la responsabilidad y la madurez.

 

Dios no ha nacido para quedarse entre las pajas.
Dios no ha nacido para ser eternamente niño.
Dios no ha nacido para dejar permanente colgada una estrella en el cielo.

 

Entonces ¿para qué ha venido Dios? ¿Para qué se ha encarnado? Para traernos su amor, que es infinito, y para comenzar en Jesús la obra jamás soñada con la humanidad, que culminará con su pasión, muerte y resurrección. ¿Y por qué este pasotismo y esta indiferencia de gran parte de los hombres y cristianos?

 

-Nosotros tampoco hemos nacido a la fe, para quedarnos solo en aquella celebración del Bautismo.

-Nosotros tampoco hemos nacido a la fe, para quedarnos estancados en una fe infantil.

-Nosotros tampoco hemos nacido a la fe, para estar registrados en un libro sacramental y contentarnos con cumplir unas normas y requisitos.

 

¿Entonces para que somos cristianos? ¿Para qué nos bautizaron? Para conocer a Jesucristo, para seguirlo y colaborar con Él, en ese proyecto ilusionarte y sin parangón, del Amor que nos trae. Y además que nos reporta, ni mas ni menos, que la salvación.

 

Entre maderas vino Jesús al mundo (por amor) y entre maderos dará su vida Jesús (por amor). Nosotros vinimos, mucho más arropados y con mas preparativos, pero si queremos seguir a Cristo, llamarnos cristianos, tendremos que seguir cada uno con nuestra cruz a cuestas la estela de Cristo.

 

Hoy Jesús comienza la vida activa de su fe, lo mismo, exactamente igual que nosotros debemos hacer con nuestro bautismo ya de adultos. En el punto «0», Jesús se pone en situación de despegue. Atrás ha quedado el portal rodeado de luces, agua, pastores o musgo. Ahora, además de adoradores y cánticos, necesita de heraldos de su Buena Nueva. Necesita de cooperadores de su causa.

 

 

Su Bautismo es el anticipo del nuestro.
Su Bautismo es el modelo del nuestro.
Su Bautismo fue el punto de arranque de lo que debe ser una vida de fe.

 

Como Cristo, desde su Bautismo, todos estamos llamados a ponernos en línea de salida, para mostrar el rostro de Dios a cuantos no lo conocen o, incluso, aquellos que lo rechazan. Pero antes somos nosotros quien debemos conocerlo, porque hay que recordarlo una vez más, aunque haya quien pase olímpicamente.

 

Jesús deja los algodones de Belén y se enfrenta a la misión por la cual Dios se ha encarnado en el hombre.

Jesús deja las callejuelas y la carpintería de Nazaret, y descubre que la voluntad de Dios, no siempre es acogida ni cuidada por la voluntad de los hombres.

Jesús no ha venido para dejarnos un bello mensaje y unas estampas de la vida enternecedoras ¡Jesús va mucho más allá!

 

¡Quiere y desea nuestra salvación!

 

Al descender al río Jordán comienza a remar en la dirección marcada por su Padre. Comienza a llenar de contendido la fe, la obediencia y el amor. ¿Qué hemos hecho nosotros con nuestro bautismo? ¿Lo hemos dejado solamente plasmado en una bonita fotografía, película de DVD o excusa para una fiesta familiar?

 

Mas que nunca hoy día hay que ser honrados y aclarase en la fe, en el ser cristianos. . El gran problema del cristianismo no esta en los que no creen, sino en muchos que dicen que creen, pero su fe es un entretenimiento. Hay que dejarse de excusas y justificaciones, para evadir la responsabilidad que tenemos como cristianos. ¿Pero os parece serio enmarcar la fe en una devociones, y dejar de lado lo esencial, el seguimiento de Cristo, que supone celebrarlo, vivirlo y testimoniarlo?

 

Esta fiesta nos invita a reflexionar sobre el Bautismo que recibimos cada uno de nosotros y a asumir nuestra responsabilidad, aunque lo dicho pueda entrar por un oído y salga por el otro. El Bautismo es el sacramento que debe marcar el rumbo de nuestra vida cristiana a imagen y semejanza de Cristo.

 

¿De verdad nos damos cuenta, que Dios a través de Cristo nos da el mayor título y dignidad que podemos tener: “hijo de Dios”? Dios hizo suya nuestra condición humana, para que los hombres podamos participar de su condición divina: Él se hace hijo de María y José, para que nosotros podamos ser “hijos de Dios”.

 

Si fuésemos conscientes de lo que esto supone, si viviésemos nuestra filiación divina con coherencia, nuestra felicidad estaría asegurada para la vida presente, sin esperar a la vida eterna. No, muchos no disfrutan de la condición divina que un día recibieron, y no disfrutan por su pasotismo, por su indiferencia , por su apego a todo, menos a lo esencial .

 

Fácilmente nos entretenemos en miserias y bagatelas. Fundamos nuestra dicha en “alcanzar la luna” –como popularmente se dice–, olvidando que la auténtica felicidad se basa en disfrutar de lo que somos por el bautismo: ¡¡hijos de Dios!! ¡Tenemos el tesoro en casa, mientras que paradójicamente mendigamos calderilla por las calles!

 

Decía Robert Lowis, poeta y novelista británico, que no existe deber que descuidemos tanto como el deber de ser felices.

¡Qué paradoja que nos autoexcluyamos de la FELICIDAD con mayúsculas, cuando en realidad la estamos buscando ansiosamente!

 

 

Bien podríamos decir que damos palos de ciego buscando donde no hay, teniendo al alcance de nuestra mano la fuente… Si me permitís una imagen con un poco de humor, se cuenta que cuando Pilato le preguntó a Jesús: “¿Y qué es la verdad?”, escuchó de labios de Jesús una respuesta sorprendente: “¡Si es un perro, te muerde!”…

 

No olvidemos:

Que, la mano de Dios, nos acompaña.

Que, el dedo del Padre, nos señala, como lo hizo con Cristo en el Jordán.

Que el Bautismo que recibimos nos convierte en voceros de su amor y de tu gracia. Que nacimos a la fe, para ser heraldos y profetas.

Que creer significa ponernos al servicio de Cristo y caminar por su camino.

Que no hay mayor gozo, que servirle, amarle y pregonarle con generosidad.

 

 

 

Renovemos nuestro Bautismo, empolvado por el paso del tiempo y por la dejadez.

Reavivemos nuestro Bautismo, un tanto mortecino.

Fortalezcamos nuestro Bautismo, que quizá ha quedado plasmado en una fotografía.

Pongamos a trabajar nuestro Bautismo, ¿porque no me diréis que muchos no lo tienen jubilado?

 

Se trata de, renovar y levantar; de ilusionar y mejorar; de incentivar y alimentar; de revitalizar y fortalecer, lo que un día, por la fuerza del Espíritu, nos hizo hijos de Dios, miembros de su pueblo, hijos de la Iglesia, testigo de tu Reino:

EL BAUTISMO.

 

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