Ecos del Evangelio

20 junio, 2019 / Carmelitas
CORPUS CHRISTI 2019

<<El centro de nuestra oración es una mirada a Jesús>>

 

 

Nada refleja mejor el amor del corazón de Dios que la Eucaristía. Es la comunión, es Él en nosotros, nosotros en Él. Y ¿no es esto el cielo en la tierra?” (Santa Isabel de la Trinidad).

 

La Celebración del Corpus Christi, expresión que en latín significa: CUERPO DE CRISTO. El objetivo es proclamar y aumentar la fe en la presencia de Jesucristo en el Santísimo Sacramento, dándole pública adoración.
Las lecturas de este día nos hablan de lo que hoy celebramos: “El Cuerpo y la Sangre de Cristo”.

 

La primera lectura del Génesis de este día nos habla de un encuentro entre Abram y Melquisidec, de una bendición, de una ofrenda.

 

En la primera carta los Corintios, Pablo nos habla de su experiencia de lo que para Él le marcó la vida del recuerdo fundamental de la fracción del pan, hace una fuerte llamada a la comunidad que estaba olvidando lo esencial de este Sacrificio, de esta acción de gracias.

 

En el Evangelio de san Lucas. 9, 11 -17 Jesús habla a las personas del Reino de Dios, pero no sólo se queda en palabras, sino que curó a los enfermos. Este verbo “CURAR” me invita a descubrir primero en mi vida de qué tengo necesidad de curarme, de qué estoy enferma, es urgente darle nombre: PREJUICIOS, RESENTIMIENTOS, FALTA DE PASIÓN POR MI VIDA CONSAGRADA, FALTA DE PERDÓN, SER OBSTÁCULO PARA VIVIR LA FRATERNIDAD es momento de dejar todo estas enfermedades para poder anunciar el Reino, ya que si no tomamos esta DETERMINACIÓN, estaremos agonizando ya que sólo cuando somos capaces de curar nuestras enfermedades podemos SALIR, ser signos creíbles de este Jesús que se parte y se comparte.

 

“Denles de comer ustedes mismos” hoy Jesús me necesita, me llama a salir de mi. Agradezco mi entrega generosa y la entrega de mis hermanas que desde la sencillez y el anonimato están desgastando su vida por los demás.

 

Jesús nos pide que seamos nosotras las que demos de comer a la multitud.
La última verdad, la más simple, la más humana es dar la vida, amar a todos, hacernos cargo de la gente que tiene hambre, de mi hermana que sufre, que está sola. Estas son las obras que quiere el Señor. Esta es la eucaristía ampliada que Jesús quiere celebrar en el mundo: una Eucaristía llena de signos claros, de compromiso y comunión solidarios, de amor del bueno. Orar no consiste en pensar mucho sino en amar mucho. Jesús, enséñanos a darnos del todo, como hiciste Tú.

 

En la vida necesitamos alimentarnos continuamente, y no sólo de comida, sino también de proyectos y afectos, deseos y esperanzas. Tenemos hambre de ser amados. Pero los elogios más agradables, los regalos más bonitos y las tecnologías más avanzadas no bastan, jamás nos sacian del todo. La Eucaristía es un alimento sencillo, como el pan, pero es el único que sacia, porque no hay amor más grande.

 

Pero, como a los discípulos entonces, también hoy a nosotros Jesús nos pide preparar. Como los discípulos le preguntamos: «Señor, ¿dónde quieres que vayamos a preparar?».

 

Dónde: Jesús no prefiere lugares exclusivos y excluyentes. Busca espacios que no han sido alcanzados por el amor, ni tocados por la esperanza. A esos lugares incómodos desea ir y nos pide a nosotras realizar para él los preparativos. Cuántas personas carecen de un lugar digno para vivir y del alimento para comer.

 

Todas conocemos a personas solas, que sufren y que están necesitadas: son sagrarios abandonados. Nosotras, que recibimos de Jesús comida y alojamiento, estamos aquí para preparar un lugar y un alimento a estos hermanos más débiles. Él se ha hecho pan partido para nosotros; nos pide que nos demos a los demás, que no vivamos más para nosotras mismas, sino el uno para el otro. Así se vive Eucarísticamente: derramando en el mundo el amor que brota de la carne del Señor. La Eucaristía en la vida se traduce pasando del Yo al Tú.

 

Antes de dar de comer a la gente hambrienta, Jesús oró. Antes de realizar nuestra tarea, nuestro apostolado concreto en la misión, en la formación, con los enfermos, con los niños, en nuestra comunidad, tenemos que orar.

 

El centro de nuestra oración es una mirada prolongada a Jesús, hasta hacernos adoración y pan partido y repartido. En Jesús está la raíz de todo amor, de toda entrega. Viéndole a Él dando el pan, nos sentimos llamados a entregar la vida. La Eucaristía es la más hermosa oración, es la cumbre de la vida cristiana. La fuerza y el amor de Jesús son irresistibles. Donde hay eucaristía, la paz arraiga, la bondad se extiende, hay pan para todos. Con Jesús en medio, hay futuro para la humanidad. Es hora de amar. ¡Qué poder tan liberador tiene tu amor, Jesús! Bendícenos.

 

 

CON EL PAN EN MIS MANOS

 

Con el pan en mis manos
sobre el altar de la vida quiero andar.
Con el pan en mis manos
quiero llevarlo a los hambrientos de nuestra historia
Con el pan en mis manos
el desierto reverdece, brota sangre y agua.

 

Con el pan en mis manos
me animo a correr piedras, destapar cuerpos olientes,
para que los vuelvas a ungir con tu perfume de Resurrección.
Con el pan en mis manos
me quedo junto a ti para seguir horneando la vida.
Contigo, tomo partido por los tuyos.

 

Con el pan en mis manos
las fronteras se vuelven tienda de encuentro
y el grito de los excluidos, tu Evangelio de siempre.
Con tu pan mi manos
nos lanzamos detrás del escándalo de compartir,
en esa lucha por la inclusión.

 

Con tu pan en mis manos
queremos anunciar y denunciar lo que hemos visto y oído.
Con tu pan en nuestras manos
no queremos perderte de vista,
ni dejar de anunciar tu Reino
Y comulgarte en manos de otros y otras.

 

 

Hna. Antonia Arias Alvarez CSJ

 

Volver
Carmelitas de San José

Uso de cookies

Este sitio web utiliza cookies para que usted tenga la mejor experiencia de usuario. Si continúa navegando está dando su consentimiento para la aceptación de las mencionadas cookies y la aceptación de nuestra política de cookies, pinche el enlace para mayor información.

ACEPTAR
Aviso de cookies