Ecos del Evangelio

1 junio, 2018 / Carmelitas
CORPUS CHRISTI CICLO B 2018

¿Qué hago yo por el Señor?

 

Nos hemos reunido para celebrar la eucaristía en el nombre de Jesús. Lo hacemos siempre por su encargo, para hacer memoria de Jesús y recordar lo que hizo aquel Jueves Santo y nos invitó a hacer hasta el fin de los tiempos. Y lo que hizo Jesús lo sabemos muy bien.

 

Jesús, la noche antes de padecer, quiso reunirse con sus discípulos para compartir con ellos la cena pascual, como nos lo recordaba Marcos en el evangelio que acabamos de escuchar. Todos los judíos lo hacían en las mismas fechas todos los años para dar gracias, que eso significa (eucaristía= acción de gracias), por el inmenso beneficio de la liberación de la esclavitud de Egipto

 

Pero aquel atardecer de aquel Jueves santo, Jesús cambió el símbolo y lo simbolizado. En adelante ya no será el cordero pascual, sino el Cordero de Dios; y el pan y el vino, el cuerpo y la sangre del Señor. Y nuestra cena, nuestra Eucaristía, no será una acción de gracias por esta o aquella liberación, sino por la liberación total, por todas las luchas de todos los hombres por alcanzar la libertad, y en definitiva, por la liberación radical incluso de la muerte.

 

Porque hacemos memoria de la pasión y muerte del Señor, presagiada sacramentalmente en el pan y el vino, pero también de su resurrección, con la que consumó al día siguiente el realismo sangrante de su cuerpo machacado por los golpes y de su sangre derramada hasta la última gota en el leño de la cruz. Jesús no se conformó con anunciar su sacrificio en aquella Eucaristía del Jueves santo, sino que lo llevó hasta el extremo del mayor realismo, entregando su cuerpo y sangre hasta la muerte de cruz.

 

Desde aquel día, todos los domingos celebramos fielmente la misa en memoria y para cumplir el encargo de Jesús. Pero, si celebramos la misa en su memoria, no siempre parecemos tener buena memoria de lo que Jesús nos encomendó. Sí, porque la fidelidad de muchos en repetir el gesto de Jesús del Jueves santo se contradice después con llevar a la práctica y a la realidad de la vida todo lo que hizo y nos encomendó Jesús.

 

Cuando una cosa es evidente, necesita de pocas explicaciones; cuando llueve la lluvia es evidente, ahí está; cuando estamos felices y contentos, sonreímos y todo el que está a nuestro alrededor conoce de nuestra satisfacción y nuestro contento.

 

Pero cuando una cosa necesita de mucha explicación, de volver siempre sobre la misma cuestión, darle vueltas y más vueltas intentando mostrarla (o incluso demostrarla) a la gente, entonces es que aquello tiene poco o nada de evidente. Por eso muchos cristianos deberían empezar a sospechar, y muy seriamente, de su ser cristianos.

 

Dicen los teólogos, que la iglesia es lo mismo que Caridad, que compartir es el signo distintivo de los creyentes; éstas y otras afirmaciones debieran ser evidentes. Si compartir es el signo de los creyentes, habiendo tantos millones de creyentes como dicen las estadísticas que hay, debiera haber millones de signos de compartir. Y eso, por lo visto, no está tan claro. Porque día a día se nos tiene que recordar. Y a veces de forma dramática y urgente. Como sucede hoy, Corpus Christi, Día de Caridad.

 

Valga, el simple hecho de tener que dedicar un día a la Caridad, parece indicar que el resto de los días del año no hay -o hay poca- Caridad. Y, sin embargo, como decía antes, los teólogos nos recuerdan que ya en el siglo segundo a la comunidad de creyentes se le llamaba “Iglesia” y también Caridad.

 

Preguntémonos pues hoy, ¿dónde está hoy la caridad?,es decir ,¿donde está la Iglesia, donde están los creyentes? Si constatamos que la caridad hoy en el mundo es algo infrecuente, escaso, deberemos constatar también que hay mucha iglesia institución-jerarquía- curia, ritos-esquemas-leyes, pero poca Iglesia-Pueblo de Dios. ¡Lo siento, pero que cada palo aguante su vela!

 

La Eucaristía es la celebración del amor, pero muchos ni lo entienden, ni lo viven así- incluido no poco clero- y se conforman con unos ritos muy bellos y que sean cómodos para cumplir el trámite. ¡Realmente vergonzoso!
Frente a esto, el evangelio de hoy nos viene como una corriente de aire fresco: unos hombres comiendo en grupo, compartiendo, y doce que sirven; así de sencillo. Pero mucho clero lo ha complicado y tergiversado y de que manera, y por eso andamos muy lejos de vivir compartiendo y de que haya Doce -o sus legítimos sucesores, o sus ayudantes- que se dediquen a servir de verdad, como lo hacían los apóstoles, ejerciendo de servidores en todo el sentido de la palabra, antes de que se inventara aquello de “servir desde la autoridad”.Lo de mucho clero es la poltrona y las reverencias. ¡Realmente lamentable!

 

Pues bien, contando con esa realidad, que es la que nos evidencia de que somos Caridad, Caritas nos vuelve a lanzar una llamada para recordarnos lo que debiera ser imposible de olvidar como creyentes.: que tenemos que compartir: nuestro tiempo, nuestro dinero, nuestra vida. No debiera ser necesario que nos lo recordaran; pero lo es. Y nos lo recuerda Caritas con el respaldo de grandes hombres de la Iglesia de todos los tiempos que han visto la imposibilidad de separar la celebración de la Eucaristía, del amor al prójimo.

 

*”Abrid de par en par las puertas de vuestros graneros, dad salida a vuestras riquezas en todas las direcciones. Dime, ¿qué es lo que te pertenece?, ¿de dónde trajiste nada a la vida?, ¿de quién lo recibiste?… Si cada uno se contentase con lo indispensable para atender sus necesidades y dejar lo superfluo a los indigentes, no habría ricos ni pobres” (S Basilio)

*”Del hambriento es el pan que tú retienes” (San Basilio).

*”No le das al pobre de lo tuyo, sino que le devuelves lo suyo” (S. Ambrosio)

*”El no dar parte de lo que se tiene es ya linaje de rapiña…, si se emplea para sí mismo más de lo que pide la necesidad, tendrá que dar cuenta rigurosa, pues lo suyo no es suyo sino de los que como él son siervos del sólo señor (San Juan Crisóstomo).

*”Forzosamente el principio y la raíz de tus riquezas proceden de la injusticia. Porque Dios, al principio, no hizo al uno rico y al otro pobre, sino que dejó a todos la misma tierra. ¿De dónde, pues, siendo la tierra común tienes tú tantas yugadas de tierra y tu vecino ni un palmo de terreno?” (San Juan Crisóstomo).

 

Y podría seguir así, con palabras de hombres y mujeres que supieron entender que era evidente la identificación entre fe cristiana y amor al prójimo; y que supieron entender también que es evidente que ese amor al prójimo requiere respuestas reales cuando el prójimo tiene problemas reales, que hay que darle pan y pescado cuando tiene hambre, casa cuando viva en la calle, cariño cuando está solo.

 

Y esto no es practicar un plus de bondad de cara a los demás, sino ejercitar la justicia, darle a cada uno lo que es suyo. Que cada uno reflexione, que se decida a abrir los ojos y ver la realidad; que se aventure a salir del cascarón del falso cristianismo, y descubrirá… lo que es evidente.

 

Por eso mismo, el Señor, más que custodias de orfebrería, necesita que nosotros, de carne y hueso, seamos custodias, para amar y para ayudar; para levantar y dignificar tantas situaciones que, injustamente, emergen a nuestro encuentro.

 

 

El Señor quiere que, nosotros, seamos las más valiosas y auténticas custodias de su amor allá donde nos encontremos. No podemos conformarnos acompañar a Jesús, en el día del Corpus, y a continuación, encerrarle –sin más trascendencia- en la conciencia de cada uno.

 

 

Este año, la festividad del Corpus, nos debe de interpelar: ¿Qué hago yo por el Señor? ¿Manifiesto públicamente mis convicciones religiosas? ¿Son mis acciones y mis palabras destellos de que Dios vive en mí? ¿Soy custodia, que cuando se contempla, infunde caridad, cercanía, compromiso, justicia, paz, etc.?

 

Hay muchas personas que necesitan que, el Señor, las toque para que las sane; otras tantas que les mire, porque están sedientas de amor; otras más que –hambrientas o pobres- esperan la mano tendida de los cristianos.

 

 

Sí. ¡Necesitamos el Cuerpo del Señor por nuestras calles y plazas! Pero, su Cuerpo, necesita manos, voz y pies. Manos que indiquen el camino verdadero a los hombres y mujeres de nuestro tiempo; voz que sea voz de los que no tienen voz, de la verdad frente a la mentira, del reino de Dios frente a un mundo que se endiosa; y pies que acompañen a los que se cansan de creer, de esperar y hasta de vivir.

 

 

RESUMIENDO, Y PARA QUE TÚ PUEDAS SER TAMBIÉN CORPUS CHRISTI:

 

 

*El que no vive para servir, no sirve para vivir.

*Facilitar una buena acción es lo mismo que hacerla.

*Dios y tú, sois ¡mayoría aplastante!

*Se debe odiar al pecado y amar al pecador.

*Dios no elige personas capacitadas, Él capacita a los elegidos.

*Mirándote a ti mismo te desanimas; mirando a los hombres te vuelves soberbio; mirando a Jesús te redimes.

*Vale mucho más una puerta que Dios te cerró que la abierta por el diablo.
*Nunca pongas un signo de interrogación, donde Dios ya puso punto final.

*No le cuentes a tu Dios cuán grande es tu problema; más bien cuéntale a tu problema cuán grande es tu Dios.

*Con Jesús, jamás una desgracia será la última noticia.

*Moisés gastó 40 años pensando que era alguien, 40 años aprendiendo que no era nadie y 40 años descubriendo lo que Dios puede hacer con un NADIE.

*Sólo tendré todo de Dios, cuando Él tenga todo de mí.

*Sé que apenas soy un detalle, pero con Jesús, hago la diferencia.

*La fe se ríe de las imposibilidades.

*Nada está fuera del alcance de la oración, excepto lo que está fuera de la voluntad de Dios.

*La tristeza mira hacia atrás; la preocupación mira alrededor; en cambio la fe mira hacia adelante y hacia arriba.

*El tiempo es con mucho, más valioso que el dinero, no hay manera de hacer trueque con él.

*No temas la presión, recuerda que ella transforma el carbón en diamante.

*La grandeza del hombre se mide por la forma en que trata a los pequeños y necesitados.

*Perdonar es la mejor manera de vengarse, porque el que perdona ama, y el que ama no sabe vengarse.

 

Si lleváis estas actitudes a vuestras vidas.

 

 

¡Feliz día de Corpus a todos vosotros, amigos, amados de Dios!

 

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