Ecos del Evangelio

1 diciembre, 2016 / Carmelitas
Dad el fruto que pide la conversión

Domingo 2º de Adviento – Ciclo A “dad el fruto que pide la conversión” Llega el adviento, y de nuevo un espacio propicio para la reflexión profunda. Espacio para adentrarnos y revisar nuestro termómetro de la esperanza, la confianza y de la conversión cotidiana, para poder discernir sus frutos. Isaías, en su lectura, empieza con una profecía de esperanza. Esa es la actitud del profeta de nuestros tiempos, esa es la actitud a la que se nos invita a todos: ser profetas de esperanza. Isaías anuncia “vida” y nosostros estamos llamados a “anunciar vida”. Estamos llamados a hacer que brote, hacer que surja y nazca lo mejor de cada uno; hacer brotar, hacer surgir lo mejor que hay en quien tengo a mi lado. “No juzgará por apariencias ni sentenciará sólo de oídas”: Una actitud tan urgente en nuestros días es la de la prudencia, para no juzgar por apariencias y tampoco sentenciar por lo que nos cuentan. El cristiano, de hoy en día, está llamado a ser alguien que “es capaz de romper con la mediocridad, de quedarse creyendo que una persona es por lo que otra le ha contado”. Hemos de tener muy presente que la persona es mucho más que lo que nos cuentan de ella, tanto de bueno como de malo. Para conocer a una persona hay que convivir con ella y aun así, recordemos que la persona por el hecho de ser persona está en constante cambio. Por lo tanto, no vale quedarnos con una idea de una persona y más si la idea que nos hemos formado de la persona es negativa. “Todas las antiguas Escrituras se escribieron para enseñanza nuestra, de modo que entre nuestra paciencia y el consuelo que dan las Escrituras mantengamos la esperanza”. Esto es un privilegio, la palabra de Dios fue escrita para nuestro bien, para ser indicadora del camino que hemos de construir y seguir. Se nos pide paciencia para que aunada con el consuelo, que proporcionan las escrituras, mantengamos la esperanza. Este es el mensaje de salvación, es un mensaje de esperanza, de ganas de volver a comenzar, de levantarnos y enderezar lo que se nos torció en el camino. Siempre es tiempo de volver a Dios con todo el corazón, con toda el alma, con todas las fuerzas, con todo nuestro ser. ¿Qué esperamos? “Que Dios os conceda estar de acuerdo entre vosotros” ¿Queréis convertiros? Eso se manifiesta con la práctica. Vivimos en una sociedad donde parece que entre más medios de comunicación, las personas están más solas que nunca y más aisladas. ¿Cómo puede una sociedad, metida en su mundo, llegar a dialogar entre sí? ¿Cómo puede un matrimonio ponerse de acuerdo si no se escuchan, sino dialogan? ¿Cómo puede una comunidad estar de acuerdo entre ella si no hay tiempo para la propia comunidad, si cada una tiene que sacar su apostolado, si cada quien lleva su idea que va a defender cuando la otra hermana hable o exprese su sentir? Vivimos pues, en un tiempo en el que no vale la democracia ni nacionalismos o independentismos. Lo único que vale es mirar en lo profundo de nuestro ser y descubrir que en el interior estamos habitadas; llamadas a dialogar, escuchar y compartir eso que hemos visto y oído. Vivimos en un tiempo en el que es indispensable sabernos y sentirnos, bendecidos por quien nos habita, ¡Dios! Pero, el origen del problema no está en que una persona no escucha a la otra, no está en que una persona no deja que la otra persona hable o se exprese. El origen del problema radica en la misma persona que es incapaz de escucharse a sí misma, es decir, incapaz de dialogar consigo misma. Bien podríamos hablar de la “esquizofrenia que las personas vivimos hoy en día”. ¿Cuantos de nosotros no vamos por la vida diciendo una cosa, pensando otra cosa, deseando otra cosa y haciendo otra cosa? Tantos reclamos y denuncias, tantos rencores y resentimientos, tantos deseos de venganzas y ganas de destruir: tienen su origen en el malestar interior de muchas personas insatisfechas y descentradas en su misma existencia. Por todo ello, hermana/ hermano, oremos para que: Dios te conceda la gracia de estar de acuerdo contigo misma/mismo y que Dios me conceda la gracia de estar de acuerdo conmigo misma. Concluyo repitiendo las palabras del Evangelio del día de hoy: Convertíos, porque está cerca el reino de los cielos. Dad el fruto que pide la conversión. Y no os hagáis ilusiones, pensando: “Abrahán es nuestro padre”, pues os digo que Dios es capaz de sacar hijos de Abrahán de estas piedras. Hna. Leonarda Peñaloza Estrada csj.

 

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