Ecos del Evangelio

19 julio, 2017 / Carmelitas
Dejadlos crecer juntos

DOMINGO XVI T.O. CICLO A 2017

“Dejadlos crecer juntos”.Jesús inaugura el Reino de los últimos tiempos, en el que Él será reconocido por todos como el único REY. Pero lejos de aparecer con el brillo de un Juez que distingue a los buenos de los malos, se presenta como el pastor universal. Ante todo, ha venido para salvar a los pecadores, e invita a todos los hombres a que se reconozcan como tales. No excluye a nadie del Reino.

Todos son llamados, todos pueden entrar en su Reino. Por la actitud que mantiene durante toda su vida, Xto encarna la paciencia divina con respecto a los pecadores. Ningún pecado priva al hombre del poder misericordioso del Padre. La voluntad divina de perdón es ilimitada. El secreto de esta paciencia de Jesús es el amor.

La parábola del trigo y la cizaña añade una dimensión que queda reforzada por la primera lectura. Dios “da lugar al arrepentimiento”. La cizaña no es arrancada a la primera. Dios tiene la paciencia de esperar a que crezca el trigo. Sólo al final todo quedará definido, quedará claro quién es cada uno. De momento, todo está en camino, nada es totalmente claro.

Por tanto, los perfeccionistas y puritanos no son los consejeros que Dios quiere: “¿Quieres que vayamos a arrancarla? Pero Él les respondió: No”. Por eso debemos profundizar en la parábola, que parte de la realidad y sacar algunas enseñanzas básicas:

1ª La primera enseñanza, clara y fundamental, es ésta: no es competencia humana determinar quién es buena semilla y quién es cizaña, quién es ciudadano del Reino y quién no; eso sólo compete al Padre determinarlo y sólo se pondrá de manifiesto cuando el Padre lo sea todo en todos.

Una enseñanza que tiene mucho que decirnos para nuestra vida presente: implica una descalificación rotunda de muchas posturas que, sin embargo, son moneda corriente entre nosotros: autosuficiencia, exclusión, condenas, presunción de conocer toda la verdad.

Bueno está ser bueno, pero cuando el bueno se erige en juez de su hermano liquida toda su bondad, traiciona al Padre y se convierte en verdugo del prójimo; el “bueno” de verdad suele ser comprensivo, no lleva cuentas del mal, no juzga, perdona y no condena… “

En el Reino de los Cielos, por tanto, la justicia (en todos los sentidos que podemos darle a esta palabra) está en manos de Dios: Él nos hace justos, Él discierne verdaderamente el corazón de los hombres, Él sabe de qué lado está cada uno; y en ese “avance” del Reino de los Cielos que los cristianos vamos haciendo en este mundo, no deben existir este tipo de juicios sobre las personas (menos aún los condenatorios).

2ª Enseñanza: ¿Por qué estamos tan seguros de que el bien y el mal se identifican plena y perfectamente con unas personas u otras? ¿No es más cierto que, en el fondo, el bien y el mal andan a la greña en el corazón y en la vida de todos y cada uno de los seres humanos?

Otra cosa será de qué lado se incline la balanza en cada persona concreta; pero lo que no podemos negar es que todos hemos tenido en la vida momentos de ésos en los que, como diría Pablo, hemos visto y aprobado el bien, pero luego hemos obrado el mal.

San Agustín, antes de su conversión, tuvo una vida que no se puede presentar precisamente como ejemplar. Entonces, ¿cómo juzgar a los hombres y repartirlos en buenos y malos? ¿Cómo negar la libertad del hombre para cambiar su rumbo en un momento dado? No podemos caer en la simplificación de repartir al género humano en buenos y malos, porque es radicalmente errónea e injusta. Y, sin embargo, lo hacemos.

Bien y mal se dan simultáneamente en cada hombre, y es tarea de cada uno lograr arrancar la cizaña ya aquí y ahora, pero la cizaña del propio corazón; en esto podemos reformular tranquilamente la parábola para estar a tono con la verdadera voluntad de Jesús.

Aquí nos ayudan perfectamente las otras dos parábolas del texto evangélico de hoy: tenemos que ser buena semilla y levadura transformadora; pero siempre con cariño y respeto al hermano, de lo contrario dejaríamos automáticamente de ser semilla buena o levadura eficaz.

3ª Enseñanza: La parábola del trigo y la cizaña descalifica, especialmente, la intransigencia, tan usual entre quienes detentan autoridad y poder, pero también entre los “de a pie”.

La intolerancia ha llegado a ser vivida como una virtud a lo largo de muchas épocas históricas y en la mayoría -por no decir en la totalidad- de las culturas y religiones que han existido y existen. Lefebvre, el Islam, el Sionismo… son algunos dolorosos ejemplos de nuestros días.

Las guerras santas (de la edad media y del siglo XX no son otra cosa que la expresión más radical y violenta de la intransigencia. Las dictaduras, el adoctrinamiento en el odio, los estados policiales, los regímenes de pensamiento único revestidos de democracia… son otro tanto.

Quien no es capaz de aceptar sus propios elementos negativos y reconciliarse con ellos, sea porque los ignora por completo, sea porque se niega a aceptarlos, se hace incapaz de admitir comprensivamente esos mismos fallos en los demás, y ahí surge la intransigencia, la intolerancia. El encuentro, la reconciliación, la comprensión hacia los fallos del prójimo sólo se dan cuando el hombre es capaz de reconciliarse consigo mismo.

Y toda forma de intransigencia, aunque se justifique con argumentos racionales y morales, es señal manifiesta de que la persona intolerante, o no se conoce, o busca condenar en el otro lo que de ninguna manera desea aceptar para sí, o para tapar su propia inseguridad personal

Pero ninguna persona que sea más o menos consciente de su verdad, que haya llegado a ese grado de madurez de conocer y reconocer sus cualidades y sus defectos, sus virtudes y sus fallos, podrá condenar con intransigencia ninguna conducta humana.

Mientras tanto, ¡pues eso! A trabajar por Dios en donde haga falta y lo que haga falta.

Dios no para de decirnos:

¡Te necesito como sal, y no como salero!

¡Como rayo de luz, no como gran astro!

¡Como gota de agua que calme la sed, y no como torrente que inunde todo a su paso!

Y me continua diciendo:

No te toca a ti exigir, sino sembrar.

No te corresponde a ti recoger, sino abonar.

No mires hacia atrás, pues quien lo hace, corre el riesgo de no construir hacia delante.

¡Lo intentaré contigo, Señor!

Incluso en medio del combate y de la desesperanza.

A pesar de las contradicciones y las resistencias .

Frente al maligno que lo invade y lo confunde todo, te prometo, Señor, que intentaré ser levadura de tu Reino.

*Ayúdame para que yo sea levadura que no se ve, pero hace crecer el pan de la fraternidad.

*Ayúdame para que yo sea levadura que no se percibe, pero sazona la dureza de los corazones.

*Ayúdame para que yo sea levadura que, en justa medida, haga que, mi mundo, tu mundo Señor, sea un oasis de paz, de amor, de alegría y de fe.

Señor:

*Pero dame un poco de tiempo.

*Pero dame un poco de tu fuerza.

*Pero dame un poco de tu paciencia.

*Pero dame el espíritu de tu Evangelio y sé que llegaré, contigo, donde haga falta.

*Porque tu siembra fue buena en mí, dale constante crecimiento.

*Porque tu siembra puede malograrse, vela por ella hasta el final.

*Porque tu siembra es generosa, haz que –aún siendo invisible- se haga grande.

*Porque tu siembra puede ser asolada, cobíjame a la luz de tu Espíritu.

*Porque tu siembra puede ser robada, asegúrame con la llave de la oración.

*Porque tu siembra puede ser asfixiada, aparta de mí aquello que la aprisiona.

*Porque tu siembra puede quedar en nada, hazla fructificar con el abono de tu gracia.

Amén

 

Volver
Carmelitas de San José

Uso de cookies

Este sitio web utiliza cookies para que usted tenga la mejor experiencia de usuario. Si continúa navegando está dando su consentimiento para la aceptación de las mencionadas cookies y la aceptación de nuestra política de cookies, pinche el enlace para mayor información.

ACEPTAR
Aviso de cookies