Ecos del Evangelio

28 enero, 2017 / Carmelitas
Dichosos vosotros

Domingo 29 de enero de 2017Hoy la palabra de Dios, hace un himno para, cantar de una y mil formas, la alegría de la bienaventuranza o, la dicha, de quien confía en el señor y, busca por todos los medios, cumplir la voluntad de Dios en su vida.

Y así, nos comienza diciendo que dichoso es el humilde. Entendamos humildad como el ejercicio del propio conocimiento y del conocimiento de Dios. Es decir: la humildad se forja en la medida que nos conocemos realmente y a la vez conocemos a Dios. La humildad nos hace confiar. La humildad nos hace aceptar que el otro sepa mi verdad, y no me avergüenzo. La humildad nos da fuerzas para aceptar el propio límite. Me hace vivir en paz reconociendo mi propio límite. El humilde sabe que tiene muchas cosas buenas, muchas cualidades, pero sabe que él no es el autor, por eso el humilde no teme porque no le quitan nada, pues nada es suyo. Por eso el humilde es dichoso.

Dichoso el que busca la justicia. Entendamos por justicia la acción de dar a cada uno según lo que le corresponde. Y así vemos que hay muchos obreros que reciben salarios injustos. Y así vemos que abemos muchas personas que poco tiempo dedicamos a la oración, al dialogo con Dios, a la convivencia y relación en comunidad. Y así vemos padres de familia que por querer dar lo mejor a sus hijos, poco tiempo están con ellos. ¿Será por eso que vamos muchas personas por la vida, con caras largas como de caballo, sin saber sonreír, porque hemos perdido la alegría de ser justos, olvidando dar a cada quien lo que le corresponde?

Dichoso el que busca la moderación. Porque bien nos dice santa teresa: que no son buenos los extremos, aunque sea en virtud. O dicho de otra forma, con un refrán: ni tanto que queme al santo ni tan poco que no le alumbreY así vemos la moderación como ese freno en nuestra vida para no caer en los extremos, no caer en las exageraciones. Podemos preguntarnos ¿Qué tengo que moderar en mi vida? Quizá el descanso, tal vez la comida, quizá el trabajo, tal vez el carácter, quizá mi forma de pensar, tal vez mi forma de relacionarme, en mi forma de expresarme de los demás, en fin, cada quien busque su piedrita en el zapato que allí, todos la tenemos.

Dichoso quien es mediación para que el señor liberte a los cautivos. Tantos viven cautivos por algún vicio, por la desesperación, por el sinsentido de la vida, tantos viven cautivos en el ateísmo, cautivos por el alcohol, la droga, la pornografía, el móvil, la televisión, el Facebook, la pereza, la soberbia, el orgullo, el egoísmo. También es un espacio propicio para de una forma especial: recordar y orar por aquellas personas que son cautivas por su fe, con sus convicciones y que en muchos casos se les quita la vida.

Dios llama nos dice san pablo, Dios escoge gente baja del mundo, lo que no cuenta, lo despreciable, de tal forma que nadie se gloríe en presencia del señor. De esta forma queda más latente, más palpable que la obra es de Dios y no nuestra, que el llamado lo hace Dios. Demasiada gente critica a la Iglesia y busca destruirla, pero como bien dice una anécdota: sino la hemos destruido nosotros los católicos, nadie podrá destruirla porque no es obra de católicos si no de Dios. San Pablo deja bien claro que Dios escoge lo necio del mundo. Porqué pues nos molesta cuando nuestra opinión no es tenida en cuenta. Porqué pues nos ponemos tristes cuando no valoran lo que hacemos. Porqué guardamos rencor por aquella palabra dicha, por aquella acción que sentimos como un desprecio, por aquello que se me negó y que sentía yo que lo necesitaba. Busquemos, pidamos la humildad, recordemos que el humilde no teme nada porque nada es suyo.

Muchos se nos ha hablado de las bienaventuranzas, ya no diré nada de ello, solo quiero invitarte a que hagas tú, tu propia reflexión de ellas, has como la vaca que va y pasta y después se pone a rumiar, así hagamos nosotros, tomemos, llenémonos de la palabra de Dios y después degustémosla una y otra vez, una y otra vez, vayámosle sacando poco a poco toda la sustancia, las vitaminas que nos trae para el alma.Siente en ti que Dios te llama a ser bienaventurado, que Dios te llama a ser dichoso, que Dios te llama a sentir y vivir esta alegría de la bienaventuranza que deja el forjarnos a la luz de su voluntad.

Hna. Mª Leonarda Peñaloza Estrada

 

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