Ecos del Evangelio

13 enero, 2017 / Carmelitas
Dios es mi fuerza

Para esta segunda semana del tiempo ordinario quiero hacer una reflexión que me lleva a elevar mi alma a Dios, a darle gracias, a reconocer que Él es mi fuerza, a disponerme para que Él haga en mí su voluntad y yo sepa discernirla.

Desde el seno materno el Señor nos llama para ser sus siervos. –Tanto me honró el Señor y mi Dios fue mi fuerza -, esta es la exclamación de gratitud hacia Dios que hace la persona que se sabe mirada, llamada y amada por Dios.

Tanto me honró el Señor cuando pensó en mí y me dio la vida.

Tanto me honró el Señor cuando me formó completa y me deja vivir sana.

Tanto me honró el Señor al darme una familia que me ama.

Tanto me honró el Señor al darme cualidades.

Tanto me honró el Señor al darme una vocación especifica y darme la oportunidad de ser feliz en mi vocación.

Tanto me honra el Señor al darme la oportunidad día a día de participar de su banquete. Tanto me honra el Señor al darme día a día el pan nuestro.

Tanto me honra el Señor al darme la capacidad de pensar y pensar en él.

Tanto me honra el señor al poner en mi camino la posibilidad de anunciarle en medio de los que conviven conmigo.

Tanto me honra el Señor, tanto me honra.

Y mi Dios fue mi fuerza cuando perdí a mis seres queridos, y mi Dios fue mi fuerza cuando dudé de su existencia.

Y mi Dios fue mi fuerza cuando las cosas fueron mal en la familia.

Y mi Dios fue mi fuerza cuando las cosas fueron mal en el trabajo.

Y mi Dios fue mi fuerza cuando la enfermedad llamó a mi vida.

Y mi Dios fue mi fuerza cuando tras la operación aquella, ya nada fue igual.

Y mi Dios fue mi fuerza cuando dijeron tantas cosas de mí sin ser ciertas.

Y mi Dios fue mi fuerza cuando llegaron las tentaciones.

Y mi Dios es mi fuerza cuando llega la rutina del día a día hacer lo mismo.

Y mi Dios es mi fuerza para seguir dando lo mejor de mí en cada momento.

Y mi Dios es mi fuerza cuando mucha gente en mi entorno vive como si Dios no existiera.

Y mi Dios es mi fuerza cuando tengo que seguir firme en medio de una sociedad incrédula.

Aquí estoy Señor para hacer tu voluntad. Aquí quiero permanecer junto a ti, aquí quiero estarme sentado a tu sombra, bebiendo de tu agua que apaga toda sed, escuchando tu palabra que inunda y penetra mi ser.

Aquí estoy señor para hacer tu voluntad, tanto me apasiona. En medio de mis limitaciones siento una fuerza mayor a confiar en ti y a con fuerza decirte: aquí estoy señor para hacer tu voluntad. Tu voluntad señor es que todos los hombres se salven y lleguen a conocerte a ti y a Cristo tu enviado. Dios bueno y fiel, al menos quiero que tu voluntad se cumpla en mí: quiero conocerte.

Aquí estoy Señor para hacer tu voluntad, esta es la plegaria que brota del corazón que confía porque sabe que Dios es más grande que todo y Sólo Dios es el dueño de la persona. ¿Por qué entonces dudar? ¿Por qué entonces desconfiar de su bondad, de su misericordia? ¿Por qué entonces volvernos apáticos ante tanto bien?

Me has puesto en la boca un cantico nuevo. ¿Cómo seguir con lamentos cuando tú embelleces todo lo que tocas? ¿Cómo callar el canto nuevo, que tú has puesto en mí? ¿Cómo no agradecer tanto bien? ¿Cómo no gritar con armonía, rima y ritmo que tú eres el motivo, Dios vivo y verdadero, de mi cantico nuevo?

Gracia y Paz de parte de Dios nuestro Padre. De Dios solo procede el bien, del resto no queramos responsabilizarle.

Hay gente que dice “si Dios existiera no habría tanto sufrimiento, porqué permite las guerras, por qué permite que muera tanta gente de hambre, por qué permite que se comentan tantas injusticias. Si Dios existe por qué no actúa. Bájate de la Cruz y demuestra que eres el Hijo de Dios”. Y Jesús expiró. Dios no es nuestro títere, ni nuestro cumple antojos y caprichos. Se cuenta de que en un campo de concentración estaban ahorcando a unas personas entre ellas había un niño y uno de los que presenciaban el hecho dijo: ¿y dónde esta Dios en este momento? Otro que estaba a su lado le contesto señalando a los que estaban siendo ejecutados: ¿allí muriendo con ellos? Dios no quiere el mal, pero Dios tampoco violenta voluntades. Las personas somos libres, tanto es así que cuando la persona no se quiere salvar ni Dios la puede salvar, este Señor nuestro es tan respetuoso que se queda a la puerta de nuestra alma, se queda a la puerta de nuestro corazón, se queda a la puerta de nuestra vida esperando que le abramos, si le abrimos pasa y se queda a cenar con nosotros. Se queda y se sienta a la mesa compartida de nuestra vida. Ante el análisis del mal que podamos hacer antes que responsabilizar a Dios y ponerle demandas como alguno ha hecho, volvamos la mirada acusadora a nuestro interior y tengamos el valor de vernos realmente como somos. Veámonos sin caretas, sin engañarnos a nosotros mismos, no seamos como el señor que inventó una historia para ahuyentar a los niños que jugaban cerca de su casa y terminó el dando cabida como posible lo que el mismo había inventado. No nos engañemos. “Gracia y paz de parte de Dios nuestro Padre”.

Volvamos la mirada al Cordero de Dios, al que quita el pecado del mundo. Para eso sí debemos acordarnos de Dios, para implorar su misericordia, su amor compasivo hacia nosotros. Volvamos la mirada al Cordero de Dios para que nos limpie de todo aquello que nos entorpece en la vida para seguirle con radicalidad y alegría.

Cordero de Dios, que quitas el pecado del mundo, ven a limpiar nuestras vidas ensuciadas por la indiferencia, por la cobardía, por la mediocridad, por la apatía, por el conformismo, por el confort, por la rutina. Cordero de Dios que quitas el pecado del mundo, ven a darle calor a nuestro corazón aletargado, ven a darle calor a nuestro corazón que se ha quedado gélido porque se ha olvidado de amar, ven a darle calor y vida a nuestra alma anoréxica porque ha dejado de alimentarse, creyendo que se puede vivir sin nutrirse con lo esencial: TÚ.Hna. Mª Leonarda Peñaloza Estrada

 

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