Ecos del Evangelio

17 diciembre, 2016 / Carmelitas
Dios es nuestra más íntima y amistosa intimidad,

DOMINGO IV DE ADVIENTO CICLO A 2016

Nos hallamos ya a las puertas de la Navidad. El ambiente respira ya todo lo bueno y lo menos bueno que los hombres hacemos para celebrar este día gozoso. Y las lecturas de hoy, en este cuarto domingo de Adviento, que acabamos de escuchar, nos invitan también a gustar ya el gozo de la fiesta, el gozo de la venida de Aquél que es una gran noticia para todo el mundo.

La liturgia nos describe hoy a tres personajes: Cristo, Maria y José

1º Dios ha optado por el hombre y se ha unido a él indisolublemente a través de Cristo La suerte de los hombres y la de Dios van unidas. Es más que un pacto de amistad. Es más que un matrimonio de los buenos. Es más que una alianza de amor. Es la unidad perfecta. “Dios ya no es ni será nunca Dios, sin el hombre”. Dios tiene siempre una vertiente humana, una dimensión humana, una identidad humana. Lo humano ya entra en la definición de Dios. No sabemos qué pensarán de ello los ángeles u otros posibles intelectuales que existan por esos mundos. Pero por el nacimiento de Cristo, lo humano queda definitivamente divinizado.

La verdadera naturaleza del hombre está ya definitivamente abierta a lo divino y sólo se comprende desde esta posibilidad. Si prescindimos de ella, el hombre queda sin llegar a su realización. O sea, que “Dios y el hombre no son restables…, se suman”. A más humanidad, más divinizados, más hermanos.

Dios entre nosotros. Este ha sido el deseo de Dios. Aunque la mayoría de los profesionales de lo religioso han dicho siempre que la mayor aspiración del hombre debía ser subir al cielo. Pues Dios ha decidido bajar a la tierra. Pero…, a pesar de que celebremos cada año el nacimiento del Emmanuel, Dios entre-nosotros, cada vez resulta más difícil comprender que Dios habite en este mundo. Porque el hombre-como en la primera página del Génesis- continúa con su tozudez de querer prescindir de Dios. Pero, ¡ah!, Dios es aun más tozudo.

Dios-con-nosotros. Lo encontramos en la Iglesia, en los Sacramentos, en la Palabra. Pero se encuentra en todos los hombres. Todos, especialmente los pobres y los marginados, son Emmanuel. Dios está con nosotros en la familia, en el trabajo, en la amistad, en el descanso, en la oración, en el dolor y en el amor. Dios es nuestra más íntima y amistosa intimidad, y nuestra más necesitada e interpelante alteridad.

2º El segundo personaje es María, la que será la madre de Jesús. ¿Os habéis fijado que en el evangelio que acabamos de escuchar María no dice nada, y casi parece que no intervenga? Y a pesar de eso, a pesar de este silencio, el papel de María es grande, es decisivo: María es la que trae a Jesús al mundo, Jesús viene al mundo a través de María. Porque ella fue capaz de aceptar humildemente que el Espíritu Santo, que la fuerza del Espíritu Santo, actuara sobre ella y la fecundase e hiciera nacer dentro de ella al Mesías, al Salvador.

¿No os parece que eso que hizo María es también lo que le corresponde hacer a la Iglesia y a cada cristiano? La Iglesia, y cada uno de nosotros, debemos dejar actuar al Espíritu Santo para que nos fecunde y nos haga capaces de ser testigos transparentes de la salvación que viene por Jesús.

¡Y cuántas veces la Iglesia pone barreras y no permite que el Espíritu Santo la fecunde! ¡Y cuántas veces nosotros también preferimos agarrarnos a nuestras rutinas, a nuestros temores y prejuicios, y no vamos con el corazón limpio y abierto, y no sabemos mostrar a JC a los hombres! Y entonces, en lugar de darles a JC, les damos nuestras formas de pensar, o nuestras manías, o nuestras cobardías… Durante estos días de Navidad deberíamos pedir la ayuda de María, para que aprendamos a obrar como ella.

3º Y llegamos al tercer personaje, a José. Podría decirse -o por lo menos eso me parece- que es el protagonista del evangelio de hoy. José, que normalmente tiene la imagen de un personaje de segunda fila, aparece hoy como el hombre que tiene la fortaleza y la confianza necesarias para aceptar el inesperado plan de Dios, y actuar decididamente según la voluntad del Señor en cuanto la ha descubierto.

Y así él hará posible que alcancen su cumplimiento las promesas que Dios había hecho al pueblo de Israel. Él es el hijo de David -con este título le saluda el ángel-, y él es el que supo responder a la llamada de Dios con una fe firme como la de los patriarcas. Una fe que se apoya en la palabra de Dios, una fe que se fía de lo que Dios ha dicho, y que cree que Dios no deja nunca de cumplir lo que ha prometido. Y así es capaz de caminar por el camino del Señor. Aunque sea a tientas, a oscuras.

Y ésa creo que es también la llamada más importante que nos hace el evangelio de hoy, a las puertas de la Navidad. Una llamada a creer en la palabra del Señor, en las promesas del Señor. Él viene. Él está aquí, y nos asegura su fuerza de salvación. Él, viene para hacerse uno de los nuestros. Y sólo nos pide que, humildemente, con el corazón limpio, sepamos escucharlo para descubrir cada uno cuál es la voluntad de Dios en nuestra vida, cuál es el camino que cada día debemos emprender. Como José. Como María.

Amigos, Dios se nos manifiesta siempre por caminos inauditos. Es indomesticable: Mis planes no son vuestros planes, vuestros caminos no son mis caminos. Como el cielo es más alto que la tierra, mis caminos son más altos que los vuestros, mis planes que vuestros planes.(nos dice el profeta Isaías)

Dejar entrar a Dios en nuestras vidas significa exponernos a constantes sobresaltos; a tener que renunciar a nuestras seguridades y abrirnos a la esperanza; a dejar nuestras míseras pero palpables riquezas; a dejarnos a merced del Padre; a prescindir de nuestra voluntad personal y de nuestras propias ideas y planes de futuro. Curiosamente, la religión se ha vivido -y se vive por parte de muchos- como un seguro que les permita dominar lo imprevisto. Cuando es todo lo contrario.

Dios es aquel que rompe nuestros planes y nuestras defensas. José había hecho sus planes, como cualquier joven. Había elegido esposa, y ve que sus planes de matrimonio han sido desbaratados. Se imaginaba seguir caminos de justicia y amor; sin ambiciones mundanas -por ser hombre justo-, trabaja y ama, desea formar una familia en el temor de Dios y en la práctica de la ley…, y de pronto…, de pronto lo imprevisto. Lo imprevisto es lo que nos asusta de Dios, confesémoslo

El Dios cristiano no está lejos ni ausente: es un Dios humano, el “Dios-con-nosotros”, que se ha dado a conocer en un Niño, en un Hombre crucificado y resucitado. Un Dios para todos los hombres, que nos invita a vivir como hermanos. No es el Dios de una religión, o de una raza, o de una cultura, o de una Iglesia…

Es el Dios de los hombres, de todos sin limitación. Jesús no viene a recibir honores, ni a triunfar. Quiere sacarnos de una vida rutinaria, torcida, vacía, llena de sombras, sin futuro. Viene para que aprendamos a ser personas auténticas, para que crezcamos día a día y nos transformemos en hombres nuevos.

Viene para que descubramos que solamente seremos hombres verdaderos cuando lo sean también todos los demás. Jesús no es un mero enviado divino en paralelo con los del Antiguo Testamento. Representa una novedad radical. El que nace sin padre humano, sin modelo humano al que ajustarse, es el que puede ser, y de hecho va a ser, la presencia de Dios en la tierra, y por eso será el Salvador.

Nos deben reconocer cristianos por el estilo de nuestra vida de servicio y de fidelidad. Nuestro proyecto es ser hombres como los demás, trabajando por realizar el plan de Dios en el mundo. Tenemos que saber reconocer a Cristo y llegar a ser cristianos sin tocar ninguna trompeta. No hacen falta ni rótulos católicos, ni anuncios… basta con vivir la fe y dar testimonio. Si lo hiciéramos así veríais que pronto cambiaria lo que nos rodea.

Pongámonos hoy en las manos de Maria y de José y pidámosle que nos den su confianza

*Para que no vacilemos ni en el amor ni en la fe.

*Para que nos pongamos en camino hacia Aquel que viene, y no nos despistemos con todo lo accesorio e innecesario de estos días que se avecinan.

*Para que seamos heraldos de la Buena Noticia para todo el pueblo, es decir, para cualquier persona que se atraviese en nuestro camino.

*Para que, el Niño que saldrá de las entrañas de Maria, encuentre aquí y ahora,

hermanos que le amen, le ayuden y le sigan.

*Para que Dios esté pronto con nosotros.

*Para que nosotros seamos nosotros con Él, porque de lo contrario somos un autentico absurdo.

*Para que creamos, aun sin ver, como Maria y José

*Para que ilumine el camino de tanto descarriado.

*Para que no caigamos en la tentación del desánimo.

*Para que de sentido a este mundo, que dice no necesitarte.

TE ESPERAMOS,

¡Danos vuestra confianza y vuestra fe , Maria y José. Sólo así, podremos vivir, celebrar cantar y festejar el encanto de la verdadera Navidad.

 

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