Ecos del Evangelio

26 diciembre, 2016 / Carmelitas
Dios se encarna en el corazón del hombre

NAVIDAD 2016 MISA DEL DIA

¡Feliz Navidad, amigos!, de parte de Aquel que nos lo ha traído todo y nos lo da todo ya desde la cuna ; que nos enseña en el silencio; que nos renueva totalmente sin menoscabo de nuestra condición humana, ya que se ha encarnado en ella.

No se que clase de Navidad estabais deseando. No se si os sentís llenos o vacíos. Lo que si se es que Dios siempre nos da más de lo que esperábamos recibir. Nosotros quizás esperábamos que trasformase por medio de un milagro las circunstancias de nuestra vida. Y he aquí que Él ha hecho mucho más: ha venido a compartir todas las circunstancias de nuestra vida.

Jesús ha venido más pobre que el más pobre de nosotros. No ha venido a traernos la riqueza que quizás nosotros esperábamos. Él ha venido a vivir una vida más limitada y más oscura que esta vida nuestra de la que tanto nos quejamos. Jesús no ha venido a abrirnos las puertas a una vida de color de rosa o a una evasión. Jesús ha venido a vivir ignorado, desconocido, perseguido y todo por amor y para que la verdad nos haga libres.

Jesús ha venido a darnos todo lo que era junto al Padre. Es el Hijo y ha venido a pedirnos que seamos hermanos; que aprendamos de Él la manera cómo quiere un hijo a su padre, que confiemos en Él y reposemos en sus brazos.

Jesús ha venido para que descubramos que era Él lo que más necesitábamos. Porque éramos huérfanos. Nos habíamos convertido en seres mortales solitarios. Ha venido a este mundo débil, desnudo, vulnerable. Pero irradia gozo desde su cuna, irradia confianza desde el establo y nos quiere trasmitir su riqueza desde las pajas del pesebre, porque tiene un Padre, que quiere que sea el nuestro.

Eso es la fiesta de Navidad, algo infinitamente mayor que un enternecimiento ante un niño recién nacido. Es el hecho palpable, de que el Todopoderoso se ha convertido en un impotente; de que el excelso se ha rebajado a ser uno de nosotros; de que el Altísimo se ha acercado a nuestra pequeñez. Navidad es el amor de Dios hecho visible, la revelación del secreto más íntimo y más hermoso de Dios.

Navidad es saber que hemos recibido la vida y que la vida está hecha para ser ofrecida, dada, restituida, saber que nuestra vida reposa en unas manos infinitamente mas sabias y mas poderosas que las nuestras. ¡Qué alivio! ¡Que alegría!

Que Dios bendiga a los que habéis querido reuniros a su lado, en este día de Navidad. Que Dios bendiga a los que habéis venido como vinieron aquella noche unos cuantos pobres y humildes, a asistir a su nacimiento y a rodear su cuna. Que Dios bendiga a los que os han trasmitido la fe de la verdadera Navidad: vuestros padres, amigos, maestros, sacerdotes. Su fe es la que ha dado vida a la vuestra. Su fe es la que hoy vuelve a vivir en vosotros, para honor y gozo de ellos. Que Dios bendiga a los que habéis oído y escuchado su llamada, a celebrar cristianamente la Navidad. Que Dios continúe y acabe en vosotros, durante estos días, la llamada que hizo de vosotros cristianos.

Hoy asistimos al nacimiento de Cristo, no al aniversario de su nacimiento. No se trata de un recuerdo, de una conmemoración, de una piadosa nostalgia de aquel tiempo dichoso en que Él nació. No. Cristo no cesa nunca de nacer, nunca ha terminado de nacer, porque todavía no lo han dejado nacer de verdad en muchos sitios, en muchas familias, en muchos que se dicen cristianos. Lo que no hay duda, es que donde lo dejen nacer, lo hará tan débil, tan impotente, tan expuesto al rechazo y a que lo ignoremos como en su primer nacimiento.

Realmente es hoy cuando Cristo va a nacer en los corazones que se lo permitan. ¿De verdad queremos recibirlo los que estamos aquí? ¿Quién de nosotros le reconocerá, porque cambiará su vida? ¿Quién de nosotros lo acogerá, porque a partir de hoy dejará que sea el guía de su vida? El nacimiento de Cristo supone para quien lo acoge, un inmenso trastorno de todas las coordenadas que esa persona tenia en su vida.

¿Qué supone el nacimiento de un niño en una familia? Se trata de un acontecimiento que transforma la familia y que cambia la vida de sus miembros. Pero aquí se trata de un niño que tiende a nosotros sus brazos para que lo adoptemos. El Padre nos lo entrega. La Virgen lo ha dado a luz, para entregarlo al mundo y en particular a cada uno de nosotros.

Este niño es Dios y quiere penetrar en nuestra vida más secreta, mas intima, en vuestra conciencia y en vuestra alma. Y esto, reconozcámoslo, ¡nos da miedo!

La cercanía de Dios constituye siempre un serio compromiso… No solo porque nos exige una rectificación de nuestra conducta. Si admitimos a ese niño, ya no podemos vivir delante de Él en la mentira, en el egoísmo, en el orgullo, en la dureza de corazón, en apariencia, en la indiferencia. Pero sobre todo, lo más importante es que ya no nos dejara nunca solos.

Dios ha nacido para que entablemos un dialogo inevitable e interminable. Nos exige que le miremos de frente y que existamos desde Él, y puesto que nos ama, no soporta que nos neguemos a ello.

Solo Dios nos ama tanto, que en la mirada que Él nos dirige, podemos reconocernos a nosotros mismos y aceptarnos como somos, porque Él es el primero en aceptarnos… Somos tan pobres en amor, que solamente podemos amarnos de verdad, con su amor, porque el nuestro está impregnado de egoísmo.

Solo Él es capaz de mantener vivo en nosotros ese amor si atisbo de egoísmo. Eso es lo que celebramos hoy. Ese es el regalo de Dios que nos había prometido y que nos compromete: el amor de Dios nace en nosotros. El amor de Dios, vivo como una persona, débil como un niño, fuerte como una vida nueva, viene a presentarse delante de cada uno de nosotros. ¿Lo acogeremos?

+Dios, en Belén, ha corrido el mayor riesgo, y lo sabe. Se encarna hasta el fondo con el hombre: sufrirá, gozará, llorará, dudará, pero al final, por Jesús, salvará.

+Hoy, en la cuna de Belén, el amor calla. Mañana, en Viernes Santo, el amor que fue pequeño y grande en Belén, será también igual de humilde, gigantesco, igual de solitario…pero más sangriento.

+Entre maderas aparece el amor de Dios en el mundo, y entre maderas marchará el amor de Jesús de este mundo.

Que Maria, la que ha hecho posible esta Navidad, nos ayude acercarnos al pesebre para ver al recién nacido. Que nos ayude a reflexionar sobre el sentido de estos días. Que nos empuje para beber en la fuente del amor que es Belén. Que, como Madre, nos siente en su regazo y nos rescate de la indiferencia, del egoísmo y tantos obstáculos que nos impiden abrirnos a Dios y a los demás.

¡Bendita sea la Navidad! ¿Por qué Dios pudiendo haber venido en séquito real, lo hizo en humilde pesebre? ¿Por qué Dios, que lo tenía todo, se aventuró a perderlo todo? ¿Por qué Dios, teniéndolo todo, prefirió presentarse sin nada?

¡Bendita la Navidad! Ya que el hombre olvida y no mira a Dios, Dios sale a nuestro encuentro para que no olvidemos que camina y vive junto a nosotros. Yen este Año que hemos concluido, de la Misericordia, nos invita a reavivar el fuego de Belén, a hacer más cálidos los pañales de nuestra generosidad, a llevar donde fuera necesario-su misericordia- que vive mucho más cerca de lo que algunos creen, piensan o intentar solapar.

Hoy es un día en que todas las palabras que os pueda trasmitir se quedan cortas

*Dios se hace hombre, envuelto de pobreza pero cargado, de riqueza divina. Sin ruidos ni trompetas triunfales, pero aceptado por la gente sencilla

*Llorando como un niño, pero sollozando por las veces que la que humanidad,

se siente excesivamente poderosamente grande.

*Alumbrado por el seno virginal de una humilde nazarena y arropado por la

la sobriedad del Patriarca de ese portal: S. José

*Aplaudido, hoy como entonces, por la indiferencia de los que no saben verle

y agasajado por el zurrón de los pastores de Belén

*Acariciado por manos santas y puras de la Virgen María y pretendido por tantas traicioneras y engañosas manos humanas.

*Acostado en las pajas de un pesebre y denostado por los que quieren regir y vivir como si Cristo no existiera.

*Danos aquello que, sólo Dios, es capaz de ofrecer sin nada a cambio.

*Haznos comprender el Misterio que, en este día, se desvela, escondido desde siglos y resuelto en la frialdad de una mágica noche.

*Déjanos postrarnos ante Ti, para que adivinemos que Tú desciendes a la humanidad, para que nosotros, ascendamos hasta lo divino.

*Míranos, con esos ojos de Niño, para que nunca olvidemos que, en Belén, nace el AMOR y que, con ese AMOR, venceremos a las desesperanzas e inquietudes, dudas y lágrimas, caídas y tropiezos.

*Aviva nuestra memoria, para que nunca olvidemos que, sin el AMOR de Belén, el mundo estará huérfano y roto por sus cuatro costados.

Para que nunca olvidemos que, si DIOS se hace pequeño, humano, carne de nuestra carne es porque cree, piensa y desea la salvación del hombre.

¡Feliz Navidad, a todos vosotros, amigos, amados de Dios!

 

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