Ecos del Evangelio

9 junio, 2018 / Carmelitas
Domingo 10º del Tiempo Ordinario/ 10 de Junio 2018

“Un Reino dividido no puede subsistir”

 

 

La liturgia de este domingo nos interpela, ya la lectura del libro del Génesis nos dice el engaño que provoca la serpiente y como a partir de ahí la división está presente en el ser humano, división que Jesús quiere abolir, Él intenta por activa y por pasiva que nuestro corazón se incline a las decisiones según su voluntad, sin embargo Dios es tan sabio que no se acerca demasiado cuando las decisiones las hemos de tomar con la práctica del discernimiento.

 

 

Cuántas veces a lo largo de nuestra vida el demonio se nos presenta en la toma de decisiones y no precisamente como el maligno sino más bien disfrazado con piel de cordero, es importante ser conscientes del papel que damos al “demonio”, solo en la medida que aceptemos que se encuentra en muchas ocasiones en nuestras casas, comunidades, instituciones, familias, y por qué no decirlo en nosotros mismos, podremos identificarle y echarle fuera de nuestros corazones.

 

 

Como hijas de San Juan de la Cruz, hemos de pedir con insistencia el don del discernimiento y del encuentro con el Dios verdadero, para que con Él a nuestro lado podamos tomar las decisiones que vallan encaminadas siempre a cumplir la voluntad del Padre.

 

Jesús no se queda con medias palabras, Él es la Verdad y quiere que vivamos como hijos de la verdad y de la luz, por eso aunque el Evangelio sea tan claro, quizá nuestra dureza de corazón no nos permite entender: “el que blasfeme contra el Espíritu Santo no tendrá perdón jamás” palabras duras que nos llevan a preguntarnos:

 

 

• ¿Me dejo guiar por el Espíritu Santo?

• ¿En qué aspectos estoy dividida? ¿Qué me divide?

• ¿Tengo fe en su acción, que pone en movimiento mi propia consagración?

• ¿Existen cosas en mí que Jesús ha de expulsar con la fuerza del Espíritu Santo y mi ascesis personal?

 

 

Aunque podemos ver claramente que el Evangelio centra su mirada en cómo Jesús responde frente a los escribas que le acusan, y le levantan falsos por el hecho de expulsar demonios, el texto va más allá.

 

El evangelista nos da una sorpresa, una esperanza; en medio del discurso de Jesús se presenta su Madre y sus hermanos -los que hacen la voluntad de Dios- de manera que nos da una antítesis de lo anterior. De esta forma aunque la naturaleza humana herida por el pecado tienda al mal, existe una fuerza más grande que nos regenera y nos llena de la Gracia para cumplir la voluntad de Dios.

 

Que con la gracia del Espíritu Santo sepamos discernir y hacer la voluntad de Dios en nuestras vidas.

 

Hna. Guadalupe Chávez Guerra CSJ

 

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