Ecos del Evangelio

8 agosto, 2020 / Carmelitas
Domingo 19º del Tiempo Ordinario – Ciclo A. 9 de agosto.

“¡Ánimo, soy yo, no tengáis miedo!”

 

 

“¡Ánimo, soy yo, no tengáis miedo!” … eran las palabras que resonaban en la cabeza de Andrés desde hacía mucho tiempo, a la orilla de aquel lago ahora tranquilo sentía como si no hubiesen pasado tantos años llenos de cruces, resurrecciones, aventuras y sobre todo años vividos de fe, una fe que nunca vivió solo, sino que cada vez hacia más fuerte a aquel grupo, los discípulos… aunque ya no estaban tan juntos como aquella noche, ya cada uno había tomado un camino y predicaba haya donde el Espíritu le inspiraba. Que buena sensación era la de estar a la orilla de aquel lago, por un momento percibió de nuevo la voz de Jesús y una sonrisa enorme le invadió los labios y el corazón., “¡Ánimo, soy yo, no tengáis miedo!”, era maravilloso como aquella presencia jamás le había dejado de la mano, aun en los momentos más difíciles Andrés se había sentido en la presencia de Dios, aunque no le ahorró ningún esfuerzo, intento ver a Dios en todo y en todos.

 

De repente unos grandes ojos vivarachos se cruzaron con los suyos, era un jovencito de piel bronceada y estatura mediana, tenía una postura segura, se acercó a Andrés, lo miró fijamente y le dijo:

 

¿Andrés verdad?- sí, ese es mi nombre- respondió el apóstol, – mi madre dice que fuiste amigo de Jesús cuando predicaba por este lago y si es así quiero hacerte una pregunta, ¿qué es la fe?- el muchacho esperó un momento, quizá se percató de que no era una pregunta sencilla.

 

La fe…pensó Andrés. Qué podría responder a esa pregunta, no era la primera vez que le pasaba por la cabeza ni sería la última. Lo miro con ternura y le dijo: -seguramente sabes que Jesús explicaba las cosas con parábolas; pues yo te explicaré qué es la fe con una anécdota-. Andrés se acomodó sobre la tierra, respiró hondo, espero a que aquel muchacho se sentara a su lado y comenzó con tono solemne.

 

Contó cómo fue aquella noche en que Jesús caminó sobre las aguas, y como la tempestad los llenó de temor, además se dio cuenta de que no había olvidado la expresión en las caras de los discípulos, y podía sentir aún el temor que se vivía en la barca mientras creían que era un fantasma, recordó como Pedro fue el único que se atrevió a probar su fe, y como bajó de la barca y poco a poco fue poniendo los pies sobre aquella agua turbulenta, y como dio esos pasos dirigiéndose a Jesús… un silencio interior interrumpió la narración de Andrés, ¡Que poca fe! el reproche de Jesús también ocupaba su cabeza, el joven ansioso por conocer lo que pensaba Andrés le preguntó ¿quieres decir que la fe es caminar sobre las aguas sin miedo a la tempestad?- no- respondió Andrés, esa es la valentía, Pedro fue valiente cuando caminó hacia Jesús, en cambio la fe es un don que nos da Dios, la fe es tomar la mano de Jesús en la tempestad y ser rescatado por Él.

 

 

Hna. Guadalupe Chávez Herrera CSJ

 

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