Ecos del Evangelio

31 octubre, 2020 / Carmelitas
DOMINGO 1º  DE NOVIEMBRE. SOLEMNIDAD DE TODOS LOS SANTOS.

 

Ser santos significa

marcar la diferencia en el amor

 

<< Vi una muchedumbre tan grande, que nadie podía contarla. Eran individuos de todas las naciones y razas, de todos los pueblos y lenguas. >>

 

Hoy las tres lecturas se refieren a la fiesta que celebramos: el misterio de esa multitud innumerable de personas que ya gozan de Dios y siguen en comunión con nosotros.

 

Es una fiesta que nos transmite alegría y optimismo. No es nada extraño que haya calado muy hondo en la sensibilidad del pueblo de Dios, junto con el recuerdo de los difuntos el día siguiente.

 

El evangelio elegido para esta fiesta es el de las bienaventuranzas, San Mateo 5,1-12ª porque se considera el mejor camino para llegar a esa felicidad definitiva, ya que nos invita a contemplar a la Iglesia que está en presencia de Dios y nos brinda esperanza para dar testimonio de santidad en el mundo.

 

La manera de lograrlo es muy sencilla, pues implica mostrar que es posible vivir nuestras labores y relaciones con alegría y con una conducta conforme al imperativo de AMOR que nos exige el seguimiento de Cristo. El libro del apocalipsis manifiesta que la totalidad de la humanidad está llamada a la Salvación y a la Santidad, y lo hace aludiendo a la cifra 144 mil, que al ser múltiplo de 12 nos da la idea de un pueblo infinito, en el que todo el mundo será prolongación del pueblo de Israel.

 

Este pueblo inmenso será santo porque coloco a Cristo, el Cordero de Dios, como el centro de su vida. Esta esperanza la recalca la lectura de la carta a Juan , en la que el autor nos anima a esperar con perseverancia, asumir los desafíos de la vida presente con valentía y prepararnos así para el encuentro definitivo con Cristo, como nos ayuda a reconocerlo el Salmo : << este es el grupo que viene a tu presencia Señor>>.

 

La Santidad no es solo una condición individual, sino, sobre todo, una característica de la Iglesia, ya que Dios es santo y la Iglesia, como cuerpo de Cristo, santifica al mundo mediante una predicación que se hace testimonio de caridad. Por ello, los creyentes somos dichosos y crecemos en santidad, en la medida que vivamos el tiempo presente desde la espiritualidad de las bienaventuranzas, transformando el mundo desde el AMOR.

 

 

Hna. Rosa Isela Rangel Medina CSJ

 

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Carmelitas de San José

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