Ecos del Evangelio

5 octubre, 2019 / Carmelitas
DOMINGO 27 DEL TIEMPO ORDINARIO. CICLO C. LC 17,5-10

 

LA FE AL SERVICIO DE LA COMUNIDAD.

 

 

Dijeron los apóstoles al Señor “Auméntanos la fe”. El Señor dijo: “Si tuvierais una fe como un grano de mostaza, habrías dicho a este sicómoro: Arráncate y plántate en el mar, y os habría obedecido”. ¿Quién de vosotros que tiene un siervo arando o pastoreando, y cuando regresa del campo, le dice: Pasa al momento y ponte a la mesa? ¿No le dirá más bien: prepárame algo para cenar, y cíñete para servirme luego que yo haya comido y bebido comerás y beberás tú? ¿Acaso tiene que dar las gracias al siervo porque hizo lo que le mandaron? De igual modo vosotros, cuando hayáis hecho todo lo que os mandaron, decid: No somos más que unos pobres siervos; solo hemos hecho lo que teníamos que hacer.

 

En este texto, Jesús instruye a sus discípulos. Les enseña cómo debe ser la vida en comunidad. En la vida comunitaria, la fe ha de ocupar un lugar privilegiado, ha de ser su motor. Sin la fe, no es posible vivir en comunidad, más aún, una comunidad sin fe corre el peligro de quedarse en lo meramente humano, y por tanto, ver la realidad desde una visión limitada. La fe en cambio, nos ayuda a ver todo cuanto acontece desde la mirada de Dios.

 

La comunidad tiene que recibir la fe como el grano de mostaza, que es pequeño, pero capaz de transmitir vida, tiene que abrazar esta manera de vivir la fe, que no busca grandeza ni poder, sino germinar en los corazones de la comunidad que Jesús está construyendo mientras va de camino a Jerusalén. Lo que Jesús nos pide no es una fe extraordinaria, sino que vivamos con fe las cosas ordinarias y cotidianas de la vida. La verdadera fe ha de estar al servicio de la comunidad.

 

En cuanto a la relación del siervo con su señor, recordemos las condiciones en las que vivían los esclavos: Estaban totalmente al servicio de su señor. Se podía hacer con ellos lo que se quisiese, eran totalmente dependientes del amo y se consideraban solo desde el punto de vista productivo y económico. Por tanto no se consideraban sus derechos.

 

Jesús lleva este ejemplo a la vida de la comunidad: Como un esclavo delante de su dueño, así debe ser nuestro comportamiento en la comunidad; no debemos hacer las cosas para recibir la aprobación de los demás, sino simplemente para demostrar que pertenecemos a Dios. “De igual modo vosotros, cuando hayáis hecho todo lo que os mandaron, decid: No somos más que unos siervos inútiles: Hemos hecho lo que teníamos que hacer”.

 

Delante de Dios no merecemos nada. Todo lo que hemos recibido es gracias a su amor gratuito. Jesús nos pide que nos sintamos pobres siervos que hemos hecho lo que teníamos que hacer. No obstante, hay que tener en cuenta que la fe vivida en el servicio cambia la relación con Dios.

 

Primero, la comunidad de Jesús vive bajo la “esclavitud de Dios”, porque el amo/Dios es “Señor”: ¿Tendrá aquel señor que agradecer al esclavo que haya hecho lo que se he mandado? Por supuesto que no, pero el esclavo forma ahora parte de la familia de Dios, en Jesús.

 

Por su parte, San Pablo pone de manifiesto que es posible una nueva relación entre los creyentes. Cree firmemente que la fe en Cristo engendra nuevas familias y relaciones porque: “Ya no hay judío ni griego; no hay esclavo ni libre; no hay hombre ni mujer, porque todos vosotros sois uno en Cristo Jesús” (Gál 3:28).

 

 

Hna. Teresa Botello Martínez CSJ

 

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