Ecos del Evangelio

18 octubre, 2019 / Carmelitas
DOMINGO 29 T.O. (ciclo “C”) 

ORAR Y CONFIAR

 

Les propuso una parábola para inculcarles que era preciso orar siempre sin desfallecer: Había en la ciudad un juez que ni temía a Dios ni respetaba a los hombres. Había en aquella misma ciudad una viuda que acudiendo a él, le dijo: ¡Hazme justicia contra mi adversario! Durante mucho tiempo no quiso, pero después se dijo a sí mismo: ‘Aunque no temo a Dios ni respeto a los hombres, como esta viuda me causa molestias, le voy a hacer justicia para que deje de una vez de importunarme.’  Lc 18,1-8

 

 

Dijo pues, el Señor: Oíd lo que dice el juez injusto; pues ¿no hará Dios justicia a sus elegidos, que están clamando a él día y noche? ¿Les hará esperar? Os digo que les hará justicia pronto. Pero, cuando el Hijo del hombre venga ¿encontrará la fe sobre la tierra?

 

Es en el confrontarse con Dios donde aparece la verdad y la persona se encuentra consigo misma en toda su realidad y humildad. Por eso, Jesús no puede dejar de insistir a sus apóstoles sobre la importancia de la oración. Ya que su vida misma es oración. Él no puede entenderse a sí mismo si no es a partir de su relación con el Padre y quiere que al igual que Él, sus discípulos, cada uno de nosotros nos gocemos con su Padre, con nuestro Padre. Él nos enseña a confiar en Dios, nos invita a no cansarnos de pedir lo que necesitamos con fe y con la confianza de un niño en brazos de su padre, sabiendo que todo viene de Él y que nos dará todo cuanto necesitamos.

 

Si el juez, una persona humana que ni teme a Dios, ni respeta a los hombres, es capaz de hacer justicia, aunque sea solo por sus intereses personales:

 

Como esta viuda me causa molestias, le voy a hacer justicia para que deje de una vez de importunarme. ¿Cuánto más hará Dios por nosotros sus hijos si clamamos a Él día y noche? Nos concederá lo que le pidamos. Jesús expresa una duda: Pero, cuando el Hijo del hombre venga ¿encontrará la fe sobre la tierra? No basta con pedir al Señor insistentemente. Es necesario hacerlo con fe y confianza, como lo hizo la viuda, quien sabía que insistiendo, tarde o temprano, el juez le haría justicia. Cuánto más nos dará Dios si pedimos con fe lo que necesitamos. La fe implica también la paciencia y la perseverancia en la oración. Saber esperar los tiempos de Dios, con la certeza de que tarde o temprano atenderá nuestras suplicas, su tiempo es perfecto. Porque no son mis pensamientos vuestros pensamientos, ni vuestros caminos son mis caminos (Is 55,8).

 

Señor Jesús, enséñanos a orar como enseñaste a tus discípulos, que de nuestros labios también brote la palabra ¡Abbá!, Padre. Que como tú no nos comprendamos si no es desde esa mirada amorosa del Padre, que tu Espíritu de amor infunda en nuestros corazones el deseo de amarte cada día más y de seguirte con fidelidad hasta el final.

 

Hna. Teresa Botello Martínez CSJ

 

 

 

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