Ecos del Evangelio

27 febrero, 2018 / Carmelitas
DOMINGO 3º. DE CUARESMA CICLO B. 4 DE MARZO 2018

NOSOTROS PREDICAMOS A CRISTO CRUCIFICADO

 

La fuerza y la sabiduría de Dios” es mayor que la sabiduría de los mandamientos que nos presenta el texto del éxodo de la lectura, de este tercer domingo de cuaresma, no obstante se nos ofrecen como un camino para llegar a Dios, que es la Sabiduría infinita.

Yo soy el Señor, tu Dios, que te saqué de Egipto de la esclavitud. No tendrás otros dioses frente a mí… porque, yo soy el Señor tu DiosEstas palabras ponen en claro que Dios se manifiesta como donación al hombre, “Yo Soy tu Dios…”, te pertenezco, soy tuyo, soy de tu propiedad, estoy en ti, ¿Qué esperas más de Dios?. “Te saque de la esclavitud”, de la tierra del dolor, del lugar donde estabas oprimido, del egoísmo, de la mentira, del adulterio, de la codicia… para darte la libertad ¿Qué buscas?

Si se meditan e interiorizan estas sencillas palabras, el alma podrá despojase de todo lo que le amarra a las cosas o personas y colmada del gozo del saberse amada, llena de la gracia de Dios, reconocerá que Dios en todo tiempo le “muestra la inmensa riqueza de su gracia” y que le conduce a permanecer fiel sólo a él.

En las palabras de la Escritura, leídas en el día de hoy, se pueden encontrar unas pautas para seguir el camino hacia una mejor perfección, hacia una ascesis basada en las disposiciones que Dios dio al pueblo de Israel; no son simples prohibiciones, sino un proyecto de vida que conduce hacia la santidad de la persona que busca a Dios en el contexto de su vida diaria.

Amar a Dios sobre todas las cosas”, celebrar su nombre y guardar el día del Señor, es una manera de dar gloria y alabanza a Dios; amar al prójimo con respeto, con la delicadeza del trato, con la caridad exquisita, esto es “amar y guardar los preceptos de Dios”.

Los mandamientos de Dios han de ser para el bautizado como una brújula que orienta su vida hacia el Puerto, que es el mismo Reino de Dios. Vigilar de no dejar entrar en el corazón sentimientos de: rencor, odio, venganza, lujuria, egoísmo y otros sentimientos que inclinan al hombre a ser esclavo de sus emociones o pasiones, y que poco a poco le conducen a la destrucción de sí mismo y de la humanidad.

Vivir cumpliendo las normas establecidas por Dios “hechas alianza” es un reto a alcanzar para que en el mundo nazca la paz, terminen las persecuciones y guerras entre hermanos.

Jesús nos dice “no conviertan en un mercado la casa de mi Padre”, porque Cristo ama al hombre y no quiere que nada ni nadie manche el espacio que Dios hizo para sí mismo. Cristo manifiesta el amor que le nace de las entrañas de quien ama hasta el extremo, y lo demuestra expulsando a “todos del templo”, si, así es el “celo “del Hijo de Dios”.

El alma es “la casa de mi padre”, toda la persona en su totalidad es “Templo sagrado del Espíritu Santo” y Jesús al entrar en el corazón del hombre lo quiere limpio de todo pecado y llama a vigilar “el Templo”, a no dejar entrar en el corazón a los mercaderes que no son más que las faltas que desorganizan y desorientan la vida del creyente y, que a su vez, rompen la relación amorosa del hombre con Dios. Reflexiona un momento ¿De qué se tiene que limpiar tu corazón?

 

ORACIÓN

“Cuanto es gran tu bondad, oh Jesús
Tú nos has enseñado a orar,
y a llamar a Dios, con el nombre de Padre.

Oh, Cristo, tú eres el Hijo de Dios
por el don de tu amor, oh Jesús,
también yo soy Hijo, su hijo.

Jesús, ayúdame a recordar siempre,
que cuando llamo a Dios, Padre
estoy llamado a vivir como hijo.

Jesús, haz de mí templo vivo
en el cual todo los hombres
reconozcan la presencia de Dios”

San Cipriano.

 

 

Hna. Glorena Ricardo Machuca CSJ

 

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