Ecos del Evangelio

11 abril, 2019 / Carmelitas
DOMINGO DE RAMOS

 

“He deseado enormemente comer esta comida pascual con vosotros, antes de padecer”

 

 

Dejemos resonar en nuestro interior estas palabras tan penetrantes en todo su sentido, es la total apertura a la Voluntad del Padre, la aceptación del sufrimiento, la injusticia, la crueldad, toda la maldad del mundo asumida en un sólo ser humano.

 

Por eso es llamado el Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo y podemos pensar ¿Cómo, un cordero, tan débil, puede quitar tantos pecados, tantas maldades? Con el amor, con su humildad. Jesús no dejó nunca de ser Cordero: Manso, Bueno, lleno de Amor, cercano a los pequeños, a los pobres.

 

Estaba allí entre la gente, curaba, enseñaba, oraba. Tan débil Jesús como un cordero. Pero tuvo la fuerza de cargar sobre sí todos nuestros pecados, todos.

 

Hoy podemos pensar: en mí vida ¡hay tantos pecados…! yo tengo un pecado que no podría cargar ni con un camión… muchas veces cuando nos atrevemos a mirar nuestra conciencia, encontramos en ella algunos que son grandes. Pero Él los carga. Él vino para eso: para perdonar para traer la paz al mundo, pero antes al corazón.

 

Tal vez cada uno de nosotros tiene un tormento en el corazón, tal vez tiene oscuridad en el corazón, tal vez se siente un poco triste por una culpa… Él vino a quitar todo eso, Él nos da la paz. Él perdona todo” Este es el cordero de Dios que quita el pecado”: quita el pecado desde la raíz. Esta es la salvación de Jesús, con su Amor y con su Humildad. Es precisamente en la experiencia de nuestros límites y de nuestra pobreza donde el Espíritu nos reconforta y nos hace comprender que la única cosa importante es dejarnos conducir por Jesús a los brazos de su Padre.

 

Contempla hoy el sufrimiento de Jesús y tu propio sufrimiento, sólo contemplando la humanidad dolorida de Jesús podemos convertirnos en serenos, humildes, dulces, tiernos como Él. No hay otro camino.

 

 

Necesitamos esforzarnos para buscar a Jesús; pensar en su Pasión como lo hacía nuestra madre Santa Teresa, pensar en cuánto sufrió por nosotros, pensar en su silencio manso.

 

 

Este será nuestro esfuerzo para esta Semana Santa 2019, del resto se encarga Él y hará todo lo que haga falta. Pero tú y yo necesitamos hacer esto:

 

Albergar nuestra vida en Dios con el Cristo Sufriente.

¿Para dar testimonio? Contemplo a Jesús.

¿Para perdonar? Contemplo a Jesús sufriendo.

¿Para no odiar al prójimo? Contemplo a Jesús sufriendo.

¿Para no chismorrear? Contemplo a Jesús sufriendo.

No hay otro camino.

 

 

“Me parece un sueño pensar que hallas reservado un destino tan bello a una criatura débil e indigna como yo que tanto te ha ofendido”

Sor Isabel de la Trinidad.

 

 

Hna. Roselvi Izquierdo Escalante CSJ

 

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