Ecos del Evangelio

1 diciembre, 2017 / Carmelitas
DOMINGO I DE ADVIENTO CICLO B 2017

“Sales al encuentro del que practica la justicia y se acuerda de tus caminos”

Comenzamos, un nuevo año cristiano con el tiempo de Adviento, un nuevo año litúrgico en el que iremos meditando el Evangelio de S. Marcos.

Dice san Bernardo en un sermón sobre el Adviento: Sabemos de una triple venida del Señor.

*En la primera, el Señor se manifestó en la tierra y convivió con los hombres, y como atestigua Él mismo, lo vieron y lo odiaron.

*La  venida intermedia, en cambio, es oculta, y en ella sólo los elegidos ven al Señor en lo más íntimo de sí mismos, y así sus almas se salvan.

*En la última venida, “todos verán la salvación de Dios y mirarán al que traspasaron”.

*En la primera venida, el Señor vino en carne y debilidad.

*En esta intermedia,  velado, en sacramentos.

*En la última vendrá, en gloria y majestad.

*En la primera venida, Cristo fue nuestra redención.

*En esta venida intermedia en que estamos, es nuestro descanso y nuestro consuelo. Esta venida intermedia es como una senda por la que se pasa de la primera a la última.

*En la última venida  aparecerá como nuestra vida definitiva.

Por tanto, en el adviento nos preparamos para  la venida Señor . ¡Llega el Señor! , y lo hará desde tres direcciones distintas:

-Desde Dios. Ese Dios que, en palabras del  emérito Papa Benedicto XVI, se ha convertido en el gran olvidado de muchas personas. ¿No será precisamente el olvido de Dios, causa de tanta ruptura personal, ansiedad, infelicidad, insatisfacción, etc.? Os lo dejo a vuestra reflexión.

-Desde el hombre. Viene el Señor desde el intento, por parte de Dios, de compartir nuestra humanidad. De hacerse uno como nosotros. Y, esto, produce en nosotros una sensación de alivio: ¡no estamos solos! ¡Dios camina junto a nosotros!

-Desde la esperanza. ¡Pues bendito sea Dios! ¡Por fin, en medio de un mundo decadente en tantos aspectos, Dios nos infunde valor, ánimo, alegría y optimismo!

Pero para advertir su llegada se nos invita a algo fundamental: la vigilancia. El Señor deseado y anunciado por los profetas ya vino, y hemos visto su rostro; pero todavía esperamos su plena manifestación cuando vuelva con poder y majestad. Esta vigilancia ante la sorprendente venida del Señor, constituye el verdadero tema de toda predicación sobre el fin del mundo.

El fin del mundo no es, pues, un motivo de temor, sino de esperanza, aunque esto vale ciertamente sólo para los que vigilan. Y solo se vigila desde una oración activa.

Orar siempre es vigilar, porque es llevar la vida al encuentro del que ha de venir y abrirse a la sorprendente gracia de Dios. Pero hay que orar con los ojos abiertos a la realidad y las manos ocupadas en la redención del mundo, no con los ojos cerrados y las manos juntas. Vigilar es, desde la oración, cumplir la tarea que el Señor nos ha encomendado.

El mensaje de la venida última del Señor, no fue nunca, para los primeros discípulos de Jesús, para los primeros cristianos, un motivo de miedo, sino de regocijo y celebración fraterna.

La vigilancia que el Señor quiere de nosotros es la práctica cotidiana de la justicia, porque “Dios sale al encuentro de los que hacen la justicia” (1ª. lectura).

*Vigilar es cumplir la voluntad del Padre para que venga su reinado. Vigilar, sobre todo, es ejercitarse en el  amor, un amor que no pasa de largo ante las necesidades del prójimo y que no se hace el despistado. Un amor que abre el corazón y los ojos ante los demás. Y cuando hace falta el bolsillo.

*Vigilar es tener en cuenta a los otros, percatarse de los otros, aceptarlos, amarlos. Es fraternizar, reconocer que Dios es nuestro Padre al tomar en consideración a todos los hombres como verdaderos hermanos.

La ignorancia del momento preciso de la venida del Señor, otorga importancia a todos los momentos de la vida y a todas las situaciones de la historia por las que atravesamos. De ahí que debamos vivir siempre intensamente vigilantes, como si fuera la última oportunidad en cada momento y situación.

 

*Vigilar es estar atento a todo lo que está pasando en el presente, para poder cambiar el rumbo de muchas situaciones y estar preparados para la venida del Señor .Evadirse de las situaciones comprometidas y escapar del momento presente que vivimos, nunca es ni será un comportamiento cristiano. Tampoco lo es ceder fatalmente ante los hechos.

Lo cristiano es sumergirse en la situación actual para cambiar la realidad y hacer posible un mundo mejor; es introducirse en las estructuras de este mundo para que cedan y pasen y para que venga la justicia y el reino de Dios.

*Vigilar significa estar constantemente alertas, despiertos, en  actitud de servicio, a disposición del amo que puede volver en cualquier momento. Implica lucha, esfuerzo, renuncia. No es en modo alguno falta de compromiso o indiferencia . Se trata, con otras palabras, de adquirir un cierto modo de orientar nuestra atención hacia lo que es verdaderamente importante, no dejarse sorprender por los acontecimientos decisivos de la existencia.

El amo que marcha no quiere individuos que le esperen con los brazos cruzados, sino individuos que tienen algo que hacer, a quienes ha encargado una tarea. Cuando vuelva, nos va a pedir cuentas de la tarea, que nos dejó encargada.  El Señor llegará de improviso: por la tarde, de noche, o a las primeras luces del alba. Puede suceder que esté para llegar en cualquier momento.

Con la primera venida de Cristo, el Reino de Dios ha llegado YA, está presente aquí, ahora, en medio de nosotros, en la tierra. Por tanto, hay algo peor que estar dormidos. Y es el no darse cuenta de una presencia.

Reavivemos en estas semanas previas a la Navidad, las brasas de nuestra fe.

 

-Que nuestra oración, en estos días, sea más intensa y más confiada. –Que, ya desde ahora, lejos de pensar en el “menú” navideño, reflexionemos un poco más sobre ese otro “menú” bien distinto que nuestros corazones y nuestras almas, nuestro equilibrio personal o nuestra mente necesitan y nos exigen.

 

¡A espabilarse toca! ¡Llega el Señor…y no es bueno estar dormidos! Como la veleta, que en lo alto de la torre nos indica de dónde viene el viento, también la fe nos advierte que…el Señor viene… llega… ya está aquí. Pero nos podemos preguntar:

¿VIGILAR YO? ¿PARA QUÉ, SEÑOR?

 

*Me pregunto y te pregunto, y sin dejar que me respondas, sé muy bien, oh Señor, lo que ocurre a mi lado.

*Estoy de vuelta de todo y, a veces, pienso que soy un loco.

*Tengo ganas de que el mundo se detenga: que, tanto hombre desesperado, encontrase en Ti la llave para ser feliz; que, miles de promesas no cumplidas,

sirvieran para que de una vez por todas, entendiésemos que sin Ti…nada… es posible nada.

 

*¡Nada sin Ti, Señor! ¿Y aún me resisto a vigilar mi vida cristiana? ¡Ayúdame, oh Jesús, a subir con paso firme las escaleras que separan la tierra del torreón más alto. Para que, cuando Tú llegues, me encuentres despierto: con los ojos clavados en el cielo, con mi corazón encendido por la fe , con mis pies pisando en la dirección adecuada, con mis manos ayudando a sembrar esperanzas ,con mi rostro iluminado por tu divina gracia.

 

¿VIGILAR YO? ¿PARA QUÉ SEÑOR?

 

*Te confieso que, frecuentemente, caigo en la somnolencia espiritual. Que, dioses de cartón o de dulces deseos, me atrapan y me invitan a desertar de mi vigilancia.

*Me insisten que ya no eres necesario que, sin Ti, puedo llevar una vida feliz y cómoda. Por ello mismo, Señor, porque ni soy feliz ni estoy cómodamente situado, ayúdame.

 

*Ayúdame a ser y estar vigilante…esperando.

*A permanecer erguido, inquieto y en vela.

*A aguardar ese fantástico día en el que la paz, ya no será un imposible; en el que el amor ya no será sólo poesía escrita; en el que el hombre ya no será un adversario.

 

*Quiero ser, hoy más que nunca,  vigilante de tus promesas y de tu venida, que me mantengan despierto y contento  el resto de mis días….hasta el momento de tu llegada.

 

Que así sea

 

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