Ecos del Evangelio

28 noviembre, 2020 / Carmelitas
DOMINGO I DE ADVIENTO CICLO B 2020

 

Comienza un nuevo Año Litúrgico con este tiempo que llamamos Adviento, que significa venida. Esperamos la venida del Señor. Pero hay una paradoja, y es que el Señor a quien esperamos, ya vino y está entre nosotros. Hasta la Encarnación, era la Humanidad quien esperaba a Dios. Desde la Encarnación, es Dios quien espera al hombre. Porque Dios se ha hecho don, presencia, intimidad. Y la gran mayoría, pasa de Dios.

 

La esperanza del Adviento tiene, por eso, un sentido especial, puesto que esperamos lo que ya poseemos. Lo mismo que la madre espera el nacimiento del hijo a quien ya posee en su seno. Por eso el Adviento es un tiempo de preparación para que sepamos dar a luz a Dios, a quien ya tenemos en nuestro interior.

 

¿De verdad nos preparamos al igual que una madre se prepara y lo tiene todo a punto para recibir a su hijo? Bien sabemos que la mayoría no. ¿Entonces para que nos preparamos? Bien sabemos, también para que se prepara la mayoría. ¿O no es así? El Señor será una simple excusa.
Amigos, lo que Cristo Jesús inauguró con su venida, hace XX siglos, todavía está sin realizar casi todo. Y ciertamente no vale echar balones fuera. La responsabilidad y el mea culpa es nuestro, de cada generación, de la gran mayoría que se dicen cristianos, pero solo eso.

 

Por eso en el Adviento se nos invita a «despertar». Abrir los ojos para descubrir a ese Dios cercano; a ese Jesús que está en lo más íntimo de nosotros mismos, en la historia nuestra de cada día, por muy vulgar o muy dolorosa que sea nuestra vida. Aunque creamos que estamos completamente solos, Él está con nosotros, vive con nosotros. Pero quizá ni le invitamos a nuestra mesa, ni a nuestra vida.

 

Descubrirle presente. Encontrarnos verdaderamente con Él, ése es el programa, gozoso y comprometedor del Adviento. Un programa de toda nuestra vida. Si hacemos del Adviento solamente una preparación de calendario para la Navidad, pervertimos su verdadero sentido.

 

El Adviento necesita ser el tiempo de toda la vida cristiana.

El Adviento nos necesita poner en actitud de búsqueda continua, de atención amorosa.

El Adviento nos necesita llevar a descubrir que Cristo esta viniendo continuamente.

El Adviento no hace solo referencia al pasado y al futuro, es decir, creer solamente que vino y creer solamente que vendrá. Tenemos que descubrir que está viniendo en cada momento de nuestra vida. Tenemos que redescubrir su presencia en el aquí y ahora. La salvación está sucediendo HOY y AQUÍ. El momento presente es el sacramento de la voluntad de Dios aquí y ahora. Y eso requiere una actitud sabia de «espera». Pero, ¿cómo «espera» la gran mayoría?

 

 

1–Creo que un sector de la Humanidad espera «huyendo». «Tuve miedo, Señor, y me escondí», dijo Caín después de matar a Abel. «Que no nos hable Dios que moriremos», decían los israelitas a Moisés. Yo no sé, qué hermano tienen entre ojos, algunos; ni qué negruzcos nubarrones albergan en el interior de sus personas, pero lo que es una realidad es que huyen de la luz de Dios, de la llegada de Dios. Quizá porque no aguantan en sus vidas, la luz de la verdad que Cristo nos trae y prefieren seguir con sus cambalaches y engaños, también en la vida de fe. «Los hombres prefirieron las tinieblas a la luz». ¿Creéis que sólo se refería al pasado?

 

 

2–Una segunda manera de espera, es vivir en «la distracción continua, en la evasión, en la rutina , en la despreocupación». Sí, esa es una segunda manera que muchos tienen «de esperar». Es decir, llenando la vida de «nada». Dejando que corran los días en la más absoluta de las inoperancias. Cada uno busca su «vía de escape» y consume su propia droga. Y sería una equivocación creernos libres de toda «drogadicción» por no ser esclavos de ninguna sustancia tóxica. Hay muchos adictos a la nada, y la nada es también una gran droga. Para muchos, lo importante es «dejarse llevar»; diluirse fuera de si mismos; no enfrentarse a un proyecto de vida personal; no asumir con responsabilidad la propia vida. «Aquí me dejó mi abuela, aquí me encontrará cuando vuelva». « ¿Qué hacéis ahí todo el día ociosos?» –preguntaba el «dueño», en la parábola de Jesús.

 

3–Otros «esperan, pidiendo plazos supletorios». ¿Os acordáis de «El séptimo sello», la dura película de Bergman? Aquel caballero que volvía de las Cruzadas parecía intuir la llegada de Dios a su vida. Pero sólo lo veía en «la Muerte». Y así, un día, en la playa blanca y desierta, se pone a jugar una partida de ajedrez con la muerte. Para eso: para pedirle un plazo de tiempo, un poco más de tiempo para poder hacer alguna buena acción. ¡Muchos son así! Hay alumnos que, en el mismo momento del examen, piden permiso al profesor para «repasar» un poco. Muchos son como esos jugadores que siempre esperan meter el gol del triunfo en los momentos de «descuento», «Vírgenes necias que olvidan llenar las lámparas».

 

 

4 –Pero hay también «otro modo de esperar»: y es «salir al encuentro del que viene». Es entonces cuando el Adviento adquiere todo su sentido. La vida se convierte en un «ir hacia Dios» que, a su vez, «Viene hacia nosotros».

 

Se trata de comprometerse con el que viene a comprometerse con nosotros hasta los codos.

Se trata de corresponder amando, al que nos trae amor a espuertas.

Se trata de seguir los pasos del que nos indicará con su vida el camino para ser una persona , integra, plena, y verdaderamente humana, es decir, divina Eso es Adviento: una cita de enamorados. San Juan de la Cruz es el inefable representante de esta inquieta «espera»:

 

«Buscando mis Amores
iré por esos montes y riberas;
ni cogeré las flores,
ni temeré las fieras,
y pasaré los puentes y fronteras».

Así, así. Sin que nos distraigan «las flores». Sin que nos asusten «las fieras», que siempre acechan. Sin que sean un obstáculo «los puentes y fronteras». Toda la atención puesta en «buscar» al Señor que viene, que «está a la puerta». Eso es el «Adviento». Y eso es la Religión. Para luego poder decir: «Que mi amado es para mí, y yo soy para mi amado», cuando llegue la Navidad.

 

El Adviento, amigos, no es una repetición de la misma jugada cada año; no es hacer ni celebrar otra vez lo mismo. Es dar una NUEVA oportunidad a la esperanza, porque saben que Dios es lo máximo que puede esperar y encontrar.

 

El Adviento, más que nunca en el momento en el que nos encontramos con Dios y con nosotros mismos. Nos debe producir paz y sosiego. ¿No sentimos alegría ante la llegada de un amigo? ¿No nos ponemos manos a la obra para ponerlo todo a punto? ¿Estamos poniendo también a punto nuestro interior, para que podamos dar a luz a Cristo? ¿Eso pensamos de cara a la Navidad? Bien sabemos que la mayoría no ¿O no es mas cierto que estamos pensando, que este año debido a las circunstancias que vivimos, quizá no habrá cena y reunión familiar, etc, etc, etc.?

 

Al final, es siempre lo mismo. Se trata de poner seriedad en la vida cristiana

Si no estamos dispuestos a cambiar lo que sea necesario, por mucho Adviento que sea, el Señor no nacerá en el pesebre de nuestro corazón esta Navidad. Si la Navidad no se hace Navidad de Dios en nosotros, no será Navidad aunque lo diga el calendario.

 

De nosotros depende. Dios está loco por encontrarse con nosotros. Falta que nosotros queramos acudir a la cita. Y a pesar de la situación, yo diría que es más necesario que nunca.

 

Volver
Carmelitas de San José

Uso de cookies

Este sitio web utiliza cookies para que usted tenga la mejor experiencia de usuario. Si continúa navegando está dando su consentimiento para la aceptación de las mencionadas cookies y la aceptación de nuestra política de cookies, pinche el enlace para mayor información.

ACEPTAR
Aviso de cookies