Ecos del Evangelio

28 febrero, 2020 / Carmelitas
DOMINGO I DE CUARESMA CICLO A 2020

ES TIEMPO DE CONVERTIRSE

 

Comenzamos una nueva Cuaresma en nuestra vida, una nueva oportunidad para hacer un stop entre tanto activismo y meditar desde lo más profundo de nosotros mismos sobre el sentido de nuestra vida y en concreto de nuestra vida cristiana; una nueva oportunidad para poner seriedad el nuestro ser cristiano, y para eso tenemos que crear espacios de desierto que nos lleven al silencio, la austeridad y la oración; una nueva oportunidad como nos trasmite el Papa en su mensaje para la Cuaresma, para sacudirnos de la modorra reinante.

 

El desierto lo verifica todo: la mentira, la vanidad, la inconsistencia de la vida en que muchos viven. El desierto es la patria del evangelio, el lugar de la verdad, de la decisión, de la opción. Y es en esa situación de desierto donde aprendemos a luchar contra las tentaciones.

 

El relato de las tentaciones es la representación dramática de los caminos apetecibles, pero torcidos, que se ofrecieron a Jesús al comenzar su tarea de proclamar el Reino de Dios. Sentiría con frecuencia las ganas de llevar su lucha mesiánica por caminos más fáciles y menos dolorosos para Él. Esas dudas que tuvo Jesús, se dan en la vida de todo hombre que lucha realmente por un mundo nuevo.

 

Las tres tentaciones son síntesis de las tentaciones reales que Jesús iría superando en el transcurso de su vida. Y síntesis de las tentaciones de cada persona que quiera ser auténtica sufrirá. Y también las mismas de la Iglesia. No las recibimos -lo mismo que Jesús- de una vez para siempre. Por eso tenemos que estar siempre en vela, ya que vendrán cuando menos lo esperemos. Las tentaciones no hay que ir a buscarlas, vienen solas. Jesús las venció con lo único que se pueden vencer: la oración, la fidelidad y el compromiso a la Palabra de Dios. Vamos pues a comentarlas:

 

 

1- Primera tentación: El materialismo como fundamento de todo: Es la tentación del «pan», no sólo del pan material, sino también de la comodidad, de la riqueza. La sociedad de consumo trata de dar gusto y al máximo exclusivamente al cuerpo. Me gusta o no me gusta, se ha convertido en la única norma válida de nuestra sociedad. Es decir, la satisfacción de todo placer físico por encima de todo lo demás. Es la superficialidad, el buscar realidades transitorias, finitas, como si fueran lo básico de la vida. Pero esta forma de vivir no nos deja satisfechos. Tal vez resulte atractiva de momento, pero nos hace insensibles, tristes, sin ilusión para vivir y lleva con frecuencia a la depresión. “Tienes poder ilimitado., le dice a Cristo el diablo.., úsalo. «Si eres Hijo de Dios», y Dios se preocupa de los hombres, es evidente que debe alimentarlos, preocuparse de ellos» Y son millones los hambrientos, millones los que lloran sin que nadie los consuele, millones los que mueren solos, despojados y errantes por el mundo. Son millones los que no encuentran el sentido de la vida…

 

Si Dios existe y tiene fuerza, ¿no estará obligado a resolver este problema? Si Jesús viene de parte de Dios, tendrá que resolver esta tragedia «No sólo de pan vive el hombre». Jesús no cayó en el error de convertir la revolución popular, que se estaba gestando entonces en Palestina -, en una ideología del bienestar y nada más. Jesús, ante la absolutización del pan de este mundo, nos asegura que hay un pan superior, que el hombre no sólo vive de pan material -que también-, sino que es necesario que se alimente «de toda palabra que sale de la boca de Dios».

 

El hombre no es solo un estomago, y un poseer y un consumir y un disfrutar de la vida, olvidando su trascendencia y a la gente que lo está pasando mal porque no tiene lo mínimo para vivir. Jesús no opto por eso, pero en eso estamos.

 

 

2- Segunda tentación: Convertir la fe en milagrería: Es la tentación del milagro, del triunfalismo, de la superficialidad. Vivimos en la sociedad de la permisividad, de la facilidad, en la que todo carece de importancia. Se ha pasado del tabú del pecado al liberalismo de considerarlo todo como relativo. Incluso de que nada es pecado.

 

No pocos tienen su propia moral, que fundamentan en la ley del mínimo esfuerzo y la del yo decido si esta bien o no. No se trata, naturalmente, de volver a los tabúes -con frecuencia deshumanizantes-, pero sí de ser sinceros y de reconocer que se está en un sin sentido. En el campo del erotismo, el hombre y la mujer quedan reducidos a meros objetos de placer.

 

En el campo del dinero, gastos innecesarios y corrupción. En el campo del trabajo ¿donde ha quedado el cumplimiento del deber para muchos? ¡En el mundo familiar cuanto capricho! En el campo personal, en no pocos es nulo el esfuerzo por ser libres para decir si o no, es mas fácil hacer lo que todos hacen.

 

Esta tentación nos plantea el peligro de creer en un Dios fácil, un Dios que nos de todo hecho y que se adapte a nuestras conveniencias ¿Deslumbrar o convencer? Jesús pensaría a veces que por el camino de la sencillez y de la humildad no iba a conseguir nada. Pero no calló en la tentación de cambiar de camino.

 

Buscar los caminos del triunfalismo, amigos, es «tentar a Dios», es presentar una imagen de Dios muy equivocada, es abusar de su ayuda, es convertirlo en un ídolo. Jesús quiere servir a Dios, no servirse de El; quiere obedecerle y no someterlo a nadie. Si Dios es liberador no lo será imponiéndose con triunfalismos y milagros, dogmas o grandes discursos de sus representantes. La vida y el Dios de Jesús sólo se pueden aceptar desde la fe. Es la fe lo que nos lleva al milagro y no al revés.

 

Dios quiere una fe libre. Se entenderá alguna vez esto, ¡que hace 2000 años que está escrito! No quiere seguidores que crean a fuerza de milagros sino a fuerza de amor Esto debemos tenerlo claro la Iglesia y los cristianos: la fe no es cuestión de demostraciones, ni de milagros, sino de caminar detrás de Jesús y aceptar su estilo de vida .Y si no, retirarse y no engañarse ni engañar.

 

 

3- Tercera tentación: el «poder» Es creer que el camino de la libertad está equivocado y que dará más resultado recurrir a medios contundentes de poder, de chantaje y de manipulación. Y en eso estamos.

 

El afán de poder es una tentación que viene rondando al hombre desde que está sobre la tierra. El hombre ambiciona dominar, quedar encima de los demás. Es un instinto primario y voraz en todo hombre. Este deseo de poder -lo mismo que el deseo de riquezas- es ciego, no se sacia nunca. Impide que se pueda entablar en la humanidad relaciones de fraternidad, de igualdad entre todos. El ansia de poder lleva a aprovecharse de los otros, a manipularlos y hasta eliminarlos cuando estorban.

 

También son víctimas de este poder los mismos hombres que lo ejercen, ya que les impide ser libres, porque viven esclavos de él para conservarlo. El poder exige adoración, subordinarle todo lo demás. Y así surge el ídolo, la mentira, al que se le debe obediencia y sumisión. El hombre anda loco constantemente detrás de los ídolos. Pero el corazón del hombre esta hecho para la libertad, libre también en el interior de cualquier religión. ¡Cualquier religión, sea cual sea, que no deje al hombre pensar y decidir desde la libertad, es una auténtica tomadura de pelo! ¿Lo digo más claro?

 

Esta es una tentación constante de la Iglesia y del cristianismo: tratar de llevar adelante la obra de la salvación del hombre por medios de poder y no mediante el testimonio de una vida de entrega y de servicio. Ceder a ella es aceptar una verdadera corrupción del mensaje de Cristo.¡Y anda que no abunda! La única autoridad que Jesús dio a su Iglesia: el servicio a través del amor. La autoridad que a un sacerdote o a un obispo se le ha dado es para amar sirviendo y no otra. ¿Se entenderá esto alguna vez?

 

Y como decimos al resumir los mandamientos, aquí también lo podemos decir de las tentaciones: estas tres tentaciones, se resumen en la gran tentación del diablo que siempre es la misma: «serás como Dios»… y en eso estamos, incluso muchos cristianos.

 

Pues bien, haber si queda claro: no hay manera de asemejarnos a Dios que no pase por imitar lo que ha hecho Jesús de Nazaret, arrodillarse delante de los hermanos para lavar los pies de los discípulos. Esa es la única manera de llegar a asemejarse Dios: el servicio por amor. Todo lo demás es adulterar el evangelio.

 

Autenticidad y coherencia en la fe que decimos tener. Eso es lo que nos demanda la Cuaresma.

¿O es que no lo necesitamos?

 

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