Ecos del Evangelio

2 enero, 2021 / Carmelitas
DOMINGO II DESPUÉS DE NAVIDAD 2021

«A los que le recibieron, les da poder para ser hijos de Dios»

 

 

Si decíamos, el domingo pasado, que la Fiesta de la Sagrada Familia queda como en segundo plano y en cambio es tan importante como la fiesta de Navidad. Con este II domingo después de Navidad, entre la fiesta de María Madre de Dios y la Epifanía, pasa lo mismo. Es muy importante, importantísimo. Su mensaje es muy clarificador. Vayamos pues a explicarlo. Y hay que comenzar haciendo de entrada:

 

 

La 1ª gran afirmación: NO PODEMOS SENTIRNOS SEGUROS DE CONOCER A DIOS.

¿Qué Dios conocemos? ¿No nos enseña la historia -y la realidad cotidiana- que muchos se han hecho una imagen o una concepción de Dios muy a la medida de los propios intereses? ¿Qué pruebas tenemos de que el Dios en el que decimos creer sea el Dios real?

Decía uno de los mayores teólogos de la historia de la Iglesia, santo Tomás de Aquino:» que de Dios sabemos más lo que no es, que lo que es» Porque Dios es siempre más de lo que imaginamos; distinto de lo que suponemos; siempre está más allá de nuestros esquemas y suposiciones. No podemos pues estar seguros de que Dios sea como lo imaginamos. ¿Por qué? Porque, como dice el evangelio que hoy hemos leído, «A Dios nadie lo ha visto jamás».

Entonces podemos llegar a la conclusión, de que yo me imagino a Dios como a mi me gustaría que fuera y por lo tanto así es. Pues no, gran error. Porque inmediatamente el evangelio añade: «El Hijo único, que está en el seno del Padre, es quien lo ha dado a conocer».

 

 

Aquí está la 2º gran afirmación y propia de este tiempo de Navidad y Epifanía que estamos celebrando. «LA PALABRA, EL HIJO DE DIOS, CRISTO QUE SE HIZO HOMBRE Y ACAMPÓ ENTRE NOSOTROS, ES QUIEN NOS LO DA A CONOCER.

Por tanto no hay excusas que valgan: Conocemos quién es Dios y cómo es Dios, si conocemos a Jesús de Nazaret, al Jesús del que nos hablan los evangelios, al Hijo de Dios, que es el que nos dice con su vida cómo es Dios exactamente, sin posibilidad de error. Porque Él, Cristo, es Dios.

 

 

Como consecuencia, la 3º gran afirmación y conclusiva : DE MONTARME LA RELIGIÓN A MI MANERA, ES DECIR, DE FABRICARME MI MANERA DE RELACIONARME CON DIOS COMO ME CONVEGA Y ME INTERESE, DE ESO, NADA DE NADA.

No, no hay otro camino. Nuestro modo de entender, de imaginar a Dios, necesita pasar y de alimentarse, según el ejemplo, la vida, la palabra de Jesús. Nuestro Dios es el Dios y Padre de Jesucristo. NINGÚN OTRO. Ser cristiano es pues, adherirse a este anuncio del Padre que hace Jesús, con su vida y con su palabra.

Hoy celebramos el primer domingo de este año 2021. Me atrevería a ofreceros UN PROPÓSITO DE AÑO NUEVO. Que cada uno de nosotros, cada domingo, sepa escuchar y recibir esta Palabra de Dios como una palabra que corrige todo lo que hay de defectuoso en nosotros y nos anima y ayuda a abrirnos a la Vida que es de Dios. Para avanzar, cada semana, con esfuerzo y esperanza, por el camino que Jesús nos dejó. Un camino que no necesariamente coincide con lo que nosotros pensamos.

Recordemos lo que hemos leído -como severa amonestación- en el evangelio: «los suyos no la recibieron». No suceda, que también nosotros nos creamos «suyos» -los fieles seguros de sus concepciones y costumbres- y no sepamos recibir y acoger, como Palabra nueva y renovadora, la palabra evangélica de Jesús.“Pero a los que le recibieron les dio la sabiduría de Dios el ser hijos de Dios”.

 

 

4º afirmación: Hagamos para nuestra ayuda en la vida, el retrato robot de esa sabiduría de la que se nos habla, para ser auténticos cristianos. Ahí van unas cuentas pinceladas.

*Ser sincero, pero no hostil. «Sensible, pero no irritable ni «pamplinero.

*Dispuesto siempre al crecimiento, pero no reprimido.

*Abierto, pero no acrítico.

*fiel, pero no rígido.

*Convencido, pero no fanático.

*Bondadoso, pero no bobo.

*Bueno pero no tonto.

*Pacífico, pero no indefenso.

*Feliz y consecuente, pero no presuntuoso ni desconsiderado.

*Lleno de humor, pero no superficial ni vulgar.

*Sencillo, pero no cándido.

*Lleno de Dios, pero no alejado del mundo…

 

*Vive, sintiendo que la vida es breve, y que hay que amar, porque el amor es gozo.

*Vive en los pronombres, como dijo el poeta; de persona a persona, como dice el eslogan.

*Vive sin pensar vanamente en lo que fue, lo que pudo haber sido, lo que será. Tan sólo dominamos el instante, que ya es ayer.

*Vive teniendo el alma siempre apunto, porque lo fugaz deslumbra, puede ser bello por un momento, pero desgarra.

*Vive sin grandes aspavientos, sin apegos, sin demasiados miedos, sin apariencias, sin pantallas que oculten lo que somos.

*Vive sin ocultar que somos polvo, tal vez enamorado, pero polvo.

*Vive a la vez, convencido de que en ese polvo, Dios ha insuflado su ser divino y para Él somos lo más valioso.

*Vive con los brazos abiertos para abrazar, y el corazón atento para amar siempre.

*Vive con las puertas abiertas, para acoger.

*Vive con las sandalias puestas, para partir.

 

 

*Vivir y caminar.

*Vivir y ser.

*Vivir y amar.

*Vivir y compartir.

 

 

Y la guinda del pastel de este domingo, nos la da San Juan con las dos afirmaciones de hoy:

 

La primera, que la luz que llega, Cristo, fue rechazada por las tinieblas. Que Aquél que venía a su casa, fue rechazado por los habitantes de aquella casa.

 

La segunda, que todos aquellos que lo recibieron, se convirtieron, por esa acogida, en hijos de Dios.

 

Ya veis que, aunque parezca un domingo de transición entre la fiesta de primero de año y la de la Epifanía del Señor, es un domingo muy importante y de grandes decisiones. Este domingo no es ni cómodo ni tranquilo. Es un domingo serio y profundo, en el que nos encontramos, cara a cara, con Dios que llega hasta nosotros con su mensaje clarificador y frente al cual se pueden adoptar dos posturas diferentes: o rechazarlo y pasar de largo ante esa venida y ante su mensaje, o aceptarlo y quedar convertido en hijo de Dios.

 

Amigos, acecha a muchos un gran peligro: el de la costumbre, el de la rutina. Estamos totalmente acostumbrados a los acontecimientos y a las palabras, a los grandes conceptos y a las grandes ideas y a que esa Realidad que es Cristo, apenas tenga repercusión práctica en nuestra vida. Tenemos el peligro de pasar hoy-una vez mas- cerca de del gran acontecimiento de la Navidad y el mas importante de toda la Humanidad, junto con la Pascua de Resurrección, y no sacar consecuencias.

 

 

Sería una pena que de nosotros se tuviera que decir lo que Juan escribe en el prólogo de su Evangelio: «Vino a su casa y los suyos no le recibieron». O lo que le pasó al matrimonio José y María, que andaba buscando una casa para dar a luz: «no tenían sitio en la posada para ellos», porque nadie los acogió, nadie.

 

Estamos tan llenos de cosas, de problemas y de entretenimientos, que muchas veces no tenemos sitio para Dios en nuestra vida. Y celebrar la Navidad debe significar hacer sitio al amor de Dios en nuestra vida que se nos ha manifestado en Cristo Jesús.

 

«A los que le recibieron, les da poder para ser hijos de Dios». Éste es el fruto de una Navidad bien celebrada: nacer con Cristo y ser con Él, hijos de Dios y hermanos de los demás.

 

Si no es así, será una Navidad en vano. Pero aún, no habrá sido Navidad.

 

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