Ecos del Evangelio

15 enero, 2020 / Carmelitas
DOMINGO II Tiempo Ordinario. CICLO A 2020

Llamado a ser… «Cordero de Dios que quita el pecado del mundo»

 

El domingo pasado, con la fiesta del Bautismo del Señor, Jesús comenzaba su vida pública, y la comenzaba compartiendo totalmente la vida de los hombres. Hoy, las lecturas nos recuerdan, por si lo hemos olvidado, que ese Jesús que está en medio de nosotros viene para sacarnos de cualquier situación de pecado.

 

Juan al ver que Jesús se acerca, confiesa: «Mirad, el Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo». Si, el pecado, porque el pecado continúa existiendo. Si, con Cristo, podemos cambiar las maneras de ser y de estar en la vida, y eso no sólo es posible, sino más necesario que nunca. Lo triste es que muchos se han instalado cómodamente en el mal, en el pecado, lo ven como situación normal. El pecado ya no escandaliza, simplemente para muchos no existe, ese es el mayor pecado: el no tener conciencia de pecado, el no preguntarse si quiera que la manera de ser y de estar en la vida podemos corregirla. Y entonces sueltan la parrafada: «yo no me arrepiento de nada», pues mal vas, muy mal.

 

Os imagináis por un momento lo que supondría escuchar hoy las palabras de Juan: «Este es el Cordero de Dios que quita el pecado del mundo». Hoy para muchos, estas palabras son extraterrestres, venidas de otra galaxia.

 

Hoy sigue siendo necesario más que nunca este anuncio, este testimonio, porque el hombre ha caído en la esquizofrenia de pensar que no necesita ser salvado de nada, esa es la realidad. Pues para eso Dios se ha hecho hombre, para sacarnos, para librarnos del pecado con su amor infinito. Ese pecado que muchos creen no tener.

 

Al comenzar los domingos del tiempo ordinario la palabra de Dios nos da un aldabonazo para despertar del letargo en que viven muchos. Para recordarnos que el cristiano es fundamentalmente la persona que se decide responsablemente a imitar y seguir a Jesús para encarnarlo en la situación concreta que cada uno vive, pero para eso hay que empezar por tener una vida cristiana mínimamente coherente, comenzando por tener claro la celebración de la Eucaristía.

 

 

«Este es el Cordero de Dios que quita el pecado del mundo» Si, hay que seguir insistiendo.¿Y que características tiene este Cordero que viene de parte de Dios?

 

1-Jesús es Dios y hombre, verdadero. Dios y hombre de carne y hueso. Nace y vive en un momento histórico concreto que lo marca y configura desde el rostro hasta el modo de vestir.

 

2-Jesús es un hombre libre. Que se lanza por los caminos a predicar el Reino de Dios sin dinero, sin poder, sin cultura oficial y sin amigos influyentes. Totalmente independiente, al margen de la religión oficial que estaba lejos del pueblo, del poder político y del económico. Con la fuerza sola de Dios, con su palabra y su vida.

 

3-Jesús está libre de prejuicios, y de tradiciones, libre hasta de la ley que ya era atrevido para un judío. Detrás de Él no hay intereses ni fuerzas ocultas, ni partido, ni sindicato. Un hombre del pueblo, salido del pueblo y metido en el pueblo. Se dirige al pueblo, no a los más listos, ni a los más ricos, ni a los más religiosos, sino a los más sencillos, a los de buen corazón, a los que estaban dispuestos a cambiar. Por eso se entiende que los instalados y los sabihondos de entonces dijeran de Él, que estaba «chalado».

 

4-Tenía la honradez de quien se gana el pan que se come y sabe lo que cuesta. Nunca vivió de rentas ni de privilegios, aunque tenía humildad de aceptar lo que le daban con cariño. Era pobre. Pudo decir aquello de que los pájaros tienen nido y las zorras madrigueras, pero que Él no tenía donde reclinar la cabeza.

 

5-Sobre todo era un hombre acogedor. Que lo digan los primeros discípulos y la samaritana y la adúltera y Nicodemo y Zaqueo y la Magdalena y los niños. Encontrarse con Jesús fue para muchos una experiencia definitiva. Tan definitiva como que de esos encuentros nació el cristianismo, y no tanto de los milagros .Su salvación, la de Jesús, empieza a este nivel, al nivel de amigo que acoge, comprende y perdona.

 

6-Jesús predica, pero antes hace, vive lo que dice. Es hombre claro, de una pieza. Y cuando las cosas se ponen mal no se calla, sino que sigue hasta morir por lo que predica. Sin duda esto fue muy doloroso para Él, pero supo asumir dignamente, humanamente, más que humanamente, el dolor y la muerte. Era sencillo, humilde, parecía poca cosa, pero era recio y paciente.

 

7-No se predicaba a sí mismo, sino el reino de Dios, que es paz, fraternidad, libertad, justicia, perdón y, sobre todo, amor. Y explicándolo todo desde arriba, desde Dios que es nuestro Padre, pero con palabras que todo el mundo entendía (cosa que a muchos les cuesta hoy no se por que). Porque no me digáis que las cosas del cielo no se pueden decir con palabras que todo el mundo entienda) Era exigente, porque el amor es lo mas exigente, pero frente a la violencia prefirió morir a matar.

 

Este Jesús era el Mesías, el Esperado, el Salvador, el Liberador. Así lo entendieron los primeros cristianos y nos lo han transmitido siglo tras siglo. La voz y el testimonio de Jesús grabados ya definitivamente en la historia, será siempre la voz de la Buena Noticia y de liberación para los pobres; la voz del Buen Samaritano; la voz del perdón para el enemigo; y la voz la de la esperanza más allá del dolor y de la muerte.

 

Es triste ver como muchos cristianos llevan aun en el fondo de su alma la caricatura de un Dios desfigurado que tiene muy poco que ver con el verdadero rostro del Dios que se nos ha revelado en Jesús.

 

Dios sigue siendo para no pocos cristianos el tirano que impone su voluntad caprichosa; nos complica la vida con toda clase de prohibiciones y nos impide ser todo lo felices que nuestro corazón anhela. Todavía no han comprendido que Dios no es un dictador, celoso de la felicidad del hombre, controlador implacable de nuestros pecados, sino una mano tendida con ternura, empeñada en «quitar el pecado del mundo».

 

Y por eso mismo, muchos cristianos necesitan liberarse de un grave malentendido: las cosas no son malas porque Dios ha querido que sean pecado. Es, exactamente, al revés. Precisamente porque son malas y destruyen nuestra felicidad, son pecado que Dios quiere quitar del corazón del mundo.

 

Todo esto significa ser Cordero de Dios que quita el pecado del mundo. No por casualidad se nos recuerda la frase del Bautista antes de comulgar. Quienes pretenden unirse a Jesús en la comunión, deben hacer suyos los sentimientos y actitudes de Jesús, y no quedarse en comuniones intimistas pero de testimonio ni hablar.

 

Hay que dejarse de divagaciones disfrazadas de «reflexiones», y hacer nuestra esa tarea que Dios nos encomienda a cada uno: el ser corderos de Dios que ayuden también a su Hijo a quitar el pecado del mundo, comenzando por el que hay en cada uno de nosotros. Pero para ser otros corderos, como Cristo, hay que dejar de lado las excusas, la dejadez y la rutina.

 

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