Ecos del Evangelio

18 enero, 2020 / Carmelitas
DOMINGO II Tiempo Ordinario. CICLO A 2020

“ESTE ES EL CORDERO DE DIOS, QUE QUITA EL PECADO DEL MUNDO”

 

El domingo pasado celebrábamos el Bautismo del Señor y con él, el inicio de su vida pública; en dicho Bautismo, veíamos que Dios estaba realizando la promesa de salvación para su pueblo escogido desde antiguo. En el Bautismo que nos presentan los evangelios sinópticos, vemos que el bautismo que Juan el Bautista nos invita a un arrepentimiento, un llamado a la conversión; mientras que el evangelio de Juan nos quiere mostrar principalmente la figura del Bautista como aquel que da testimonio del que viene detrás de él, Jesús el Verbo encarnado.

 

Al ver Juan a Jesús que venía hacia él, exclamó: «Este es el Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo. ¿Acaso es Jesús un cordero para que Juan diga: “Este es el Cordero de Dios”? ¿Por qué lo dice? ¿A qué se refiere? Si nos vamos al libro del profeta Isaías 53,7 Jesús es el Siervo sufriente al que el profeta se refiere, el que no tiene rostro, y por otro lado, si profundizamos en esta exclamación desde un punto de vista escatológico, nos damos cuenta que Juan nos está apuntando a la Pascua, es decir, donde en Jesús se cumple todo lo escrito por el profeta. Jesús es el Cordero de Dios, es el que con su sangre nos limpia del pecado y nos saca de la esclavitud. Él, siendo Dios se hace como uno de nosotros, más aún, es tratado como un cordero, todo POR AMOR A LA HUMANIDAD para redimirnos y hacernos libres.

 

“Tras de mí viene un hombre que está por delante de mí, porque existía antes que yo”. Jesús al existir desde el principio conoce todo muy bien, sin embargo permite que uno que es esta por detrás de Él, sea quien vaya delante para que lo testifique, de ahí que, Jesús es conocido en Israel por el testimonio de Juan.

 

 

¿No será válido también para nosotros lo que Juan realizó?

¿Por qué será que en muchas ocasiones nos cuesta dar testimonio de Aquel que nos ha creado con un amor extremo hasta entregarse en una Cruz, y vencer al mal para Resucitar a una Vida Nueva y hacernos partícipes de ella?

Creo que la respuesta es clara, dar testimonio del Señor es llevar un estilo de vida coherente con lo que se profesa de labios, dar testimonio implica compromiso, y quizás eso aún nos cuesta mucho.

 

 

Dar testimonio del Señor así como Juan lo hizo implica decir: “He contemplado al Espíritu que bajaba del cielo como una paloma, y se posó sobre él” esto muchas veces no es fácil, porque nuestra fe con frecuencia es vacilante, no es estable, es cierto que Juan como persona también habrá tenido sus dudas, sin embargo fue enviado por Dios para que anunciara a Aquel que habría de venir, Juan pudo contemplar en persona al que posteriormente se nos sería comunicado.

 

¿Será que nosotros hoy en día no estamos llamados a tomar la postura de Juan, y con fe viva y coherencia de vida demos testimonio del Señor a aquellos que aún no le conocen? Como creyentes, todos estamos llamados a contemplar la presencia del Espíritu, ya no sólo en la vida de Jesús, sino en nuestra propia vida, pues es el Espíritu quien desde nuestro Bautismo nos ilumina con su espléndida luz para que demos testimonio de Aquel en quien creemos, Jesús el Hijo de Dios.

 

 

Hna. Yina Marcela Rubiano Cabiedes CSJ

 

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