Ecos del Evangelio

13 diciembre, 2019 / Carmelitas
DOMINGO III ADVIENTO CICLO A 2019

DOMINGO DE LA ALEGRÍA

El III domingo de Adviento es conocido como el domingo Gaudete: domingo de ánimo, de alegría y de júbilo, porque el Señor está cerca, por eso incluso los ornamentos litúrgicos de este domingo pueden ser de color rosa y no morados. Pero la alegría y el júbilo cristiano tienen un precio: coherencia y compromiso.

 

Precisamente el Bautista, profeta del Adviento, estaba en la cárcel por coherencia y compromiso para con lo que creía, por denunciar sin pelos en la lengua todo lo que no estaba de acuerdo con la fe: «No te es lícito juntarte con la mujer de tu hermano», le dijo al mismísimo rey. Y fue encarcelado naturalmente.

 

Y como el Bautista era uno mas de los que estaba en expectación por la venida del Mesías, cuando escuchaba desde la cárcel como se presentaba y actuaba Cristo, mandó a sus discípulos a preguntar a Jesús: ¿Eres tú aquel a quien todos esperamos, o hemos de esperar a otro? Porque en aquella época, como ahora, existían muchos signos religiosos que pretendían ser signos de la presencia de Dios: el Templo en primer lugar; luego la Ley, la Torah, los ritos y sacrificios, los ayunos, el precepto del sábado, etc.

 

Y en cambio, lo increíble de la respuesta de Jesús al Bautista es que no alude a ningún signo religioso para decir que el Reino de Dios ha llegado: ni al Templo, ni a la Ley ,ni a los ritos, ni a los ayunos, ni al precepto del sábado ¿No lo encontráis curioso?

 

Su respuesta comienza diciendo: «id a anunciad a Juan esto que estáis viendo y oyendo…» ¿Qué estaban viendo? Los ciegos ven, los inválidos andan, los sordos oyen, los leprosos son curados, a los pobres se les anuncia la Buena Noticia etc. Es decir que los hombres eran liberados de sus males y ataduras, y comenzaban a recuperar su dignidad de personas. Jesús tradujo en hechos concretos la voluntad de Dios, de ese Reinado de dignidad humana al que todos los hombres tienen derecho. Y en eso se tiene que traducir la fe, porque si no, no es fe.

 

Después de 2000 años hay que volver a recordarlo, porque la fe que muchos viven es un pasatiempo para cuando les hace ilusión y les apetece, pero no les hables de compromiso. Pues hay que seguir repitiendo hasta la saciedad lo mismo que Cristo entonces: hay que abrir los ojos y mirarla realidad. Allí donde el hombre es ayudado y rehabilitado en su dignidad humana, allí está actuando Dios, allí está su Reino.

 

 

Las conclusiones del evangelio de hoy son para pararse y pensar en que estoy empleando yo la fe que digo tener (4)

 

1) La fe, el seguimiento de Cristo, se manifiesta sobre todo con hechos, y no solo con palabras. O si se quiere ser más exactos: primero con hechos; luego, con palabras que interpretan, explican, aclaran y profundizan los hechos.
Por tanto, un cristiano es cristiano, en la medida en que con hechos hace presente el Reino de Dios y su justicia. Y además, tener claro, que todas las palabras, aun las más ortodoxas, no sirven de nada, si no están sostenidas por un real y auténtico compromiso con las personas necesitadas y excluidas.

 

2) El Reino de Dios hay que hacerlo presente a tiempo y a destiempo, sobre todo allí donde los hombres viven de manera infrahumana: material o espiritualmente. El evangelio de hoy no admite dudas al respecto. Arremete y de que manera, contra los que viven en la instalación, la autosuficiencia y la apariencia. Y contra los que piensan que seguir a Cristo es darse un barniz religioso de vez en cuando. Creo que no se necesitan ningunos estudios para entenderlo, solo hace falta querer entenderlo. Jesús señala con su vida, la única y sola dirección que puede tener una historia que se precie de humana y justa: la dirección del amor.

 

3) Por tanto, la fe que se celebra en el templo, después hay que refrendarla en la calle. ¿Si lo que se celebra en la Eucaristía, después no se vive en la calle de que habrá servido? El anuncio del evangelio fue esencialmente callejero y popular. Jesús no tuvo miedo de ensuciarse la túnica o las sandalias; ni se arrugó cuando trató con mujeres de vida dudosa o con hombres considerados como corrompidos. Tampoco se avergonzó de tratar a los niños (que en aquella época no gozaban de ninguna consideración social) o de sentir en su cara el aliento de los leprosos. Sí, ese es el Jesús del evangelio y a eso nos llama.

 

4) El Reino de Dios, la Buena Noticia que nos trae Cristo no distingue entre salvación espiritual y salvación temporal, entre la liberación del cuerpo y la del alma. Bastante hay con lo que sufre no poca gente, como para que prolonguemos un minuto más su dolor con eternas disquisiciones. Jesús no conoció la distinción griega entre cuerpo y alma. Cristo, conoció al hombre y no a través de los libros, sino por su propia experiencia de hombre pobre, y por el contacto directo con enfermos, endemoniados, pecadores e indigentes.

 

Por cierto, que tenia una escala de valores que siempre la puso por bandera:

  • Primero el hombre, después la ley y el culto.
  • Primero el hombre que no tiene, después el que tiene.
  • Primero el enfermo, después el sano.
  • Primero el Reino y su Justicia, después el resto que vendrá por añadidura.

 

Ese fue su lenguaje; ésos sus criterios de acción. Y a partir de ahí las excusas y justificaciones son eso, excusas y justificaciones, pero Cristo vino y estuvo en primer lugar al lado del hombre, no de ninguna estructura de poder civil ni eclesiástico, lo siento.

 

Todo lo dicho debe llevar a una revisión a fondo de toda la tarea pastoral de la Iglesia y de ciertas élites tan puritanas que tienen tantos prejuicios con el pueblo sencillo

¿Es que no se puede utilizar un lenguaje directo, simple, comprensible, popular, igual que lo utilizó Cristo?

¿No tendrá razón aquel pensador chino, Lin Yu Tang, al decir que los occidentales cuando no tenemos nada que decir hablamos utilizando palabras y mas palabras para no hacer nada?

¿Hasta cuándo el evangelio seguirá siendo patrimonio de una minoría que muchas veces piensa y habla de espaldas al pueblo sencillo, en vez de formar a los feligreses para que sean adultos y maduros en la fe?
¿Y cómo ha de cumplir la Iglesia esa misión?

¿Es la Iglesia la que hace presente hoy la salvación de Jesús? , es lo que se preguntan muchos desencantados del momento. Pues mira, se responde no pocas veces: hemos hecho un templo nuevo, tenemos un 5% de asistencia a misa, grupos de esto y de lo otro, un curso de Teología y un plantel de proyectos. Pobre y triste respuesta esta.

 

Mejor sería testificar: aquí se curan la avaricia, la lujuria y la ira; entran en comunión los matrimonios. Se borra de nuestro diccionario la palabra «enemigo». Se cargan de esperanza los jóvenes. Se restauran personas rotas por el alcohol o la droga. Se celebra la reconciliación y el perdón de los pecados. Entran los hombres en diálogo con Dios. Vienen gente a la puerta buscando la salvación del Evangelio.

 

Amigos, la iglesia que anuncia o deja de anunciar la buena nueva es cada uno de los cristianos. Cada un pues, debe asumir la tarea que le toca, dejarse de infantilismos y no tener miedo de los Herodes de turno, que lo máximo que pueden hacer es cortar la cabeza, pero no acallar el evangelio, claro si el cristiano es como tiene que ser, es decir, como el Bautista: sencillo y humilde, pero claro y valiente.

 

 

En el fondo de todo, subyace el gran pecado, olvidado y poco confesado: el pecado de omisión. El cristianismo, no es sólo cuestión de buenas intenciones y buena voluntad, sino sobre todo y el primer lugar de buenas obras.

 

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