Ecos del Evangelio

27 febrero, 2018 / Carmelitas
DOMINGO III DE CUARESMA CICLO B 2018

Dios existe cuando lo amamos por encima de todo.

 

Es mas fácil ser religioso que creyente, porque hay quienes utilizan la excusa de ser religiosos para no ser creyentes. Esta seria la frase que resume en mensaje de la Palabra de Dios de este domingo.

La acción de Jesús del evangelio que hemos escuchado, resulta, a primera vista, conflictiva, extraña, inexplicable: un arrebato devorador de celo por la casa del Padre le lleva a desalojar a latigazos a los mercaderes que se ganaban la vida en el Templo. ¿Por que se enfureció tanto?: Porque los dirigentes del pueblo judío junto con sus adictos, habían tergiversado y corrompido el sentido del Templo, en particular, y de la religión en general.

“No convirtáis en un mercado la casa de mi Padre”: Jesús alza su mano y su palabra contra el mercado del templo. Arroja fuera de los atrios a los cambistas y a los vendedores de bueyes, ovejas y palomas para los sacrificios.

Pero su gesto y su palabra: “No convirtáis en un mercado la casa de mi Padre”, es algo más que una limpieza o purificación del templo y se dirige en última instancia contra los sumos sacerdotes, que habían convertido la religión en un tinglado.

Radicalizando la crítica de los profetas, Jesús va a la raíz de todos estos abusos, pues está convencido de que “ha llegado la hora en que ni en Garitzim, ni en Jerusalén adoraréis al Padre”. Porque es preciso adorarlo “en espíritu y en verdad”. Porque “Dios es Espíritu”. Porque es más que el templo y no cabe en ningún templo: como no cabe tampoco la auténtica piedad en los sacrificios, ni se mide por el número de sacrificios. Porque Dios se manifiesta dondequiera que los hombres se abren infinitamente, sin reservas, a su palabra y la cumplen; o dondequiera que dos o más se reúnen en nombre de Jesús para orar al Padre y cumplir su voluntad

Lo que Jesús quiere no es sólo la purificación del templo sino la pureza de la religión. Lo que quiere es que los hombres se encuentren con el Padre sin “traficantes religiosos”, por eso nos ha enseñado a decir: “Padre nuestro”. Eso es lo que quiere, y por eso anuncia la destrucción de un templo hecho por manos de hombres y su sustitución por otro levantado por la fuerza de Dios.

La casa de Dios, el verdadero templo, es Cristo y los que se incorporan a Cristo por la fe. Jesús sustituye el templo de Jerusalén por su cuerpo resucitado, levantado por la fuerza de Dios, que es el Espíritu Santo. Sin embargo el uso impropio de la palabra iglesia cuando la referimos al edificio material que nos cobija señala un punto de peligro que debemos evitar. Los cristianos, lo mismo que Israel, en sus orígenes no tenían templos y eran muy conscientes de que ellos mismos constituían la iglesia y que ésta, la comunidad de creyentes, era la casa de Dios.

Hoy después de 2000años volvemos a las andadas. Se intenta de nuevo domesticar a Dios, encerrarlo en fórmulas, ritos, prácticas, instituciones y cánones. Como si pudiéramos empaquetarlo, disponer de Él y utilizarlo después en nuestro provecho.

 

Amigos haber si nos queda claro lo siguiente y sobre todo a gran parte del clero:

*Dios no habita solo en “espacios cerrados”, porque es siempre mayor, porque es el que nos saca siempre de casa y no podemos encasillarlo.

*Dios sólo existe para nosotros cuando nos abrimos a su voluntad y no cuando lo sometemos a nuestro antojo.

*Dios existe cuando lo amamos por encima de todo, cuando esperamos en Él después de todo y a pesar de todo, cuando creemos por encima de nuestros prejuicios e intereses.

*Dios sólo existe en el mundo cuando nosotros somos verdadera iglesia, esto es, verdadera “casa de Dios”. Y por lo tanto, apertura a todos los otros. La Iglesia es la casa de Dios cuando no es la Iglesia de los curas, sino de todos los hijos de Dios y cuando la iglesia reconoce que Dios es más que ella misma.

 

Es el peligro y la realidad de entonces y de ahora: tergiversar la religión. Y tergiversarla es:

-Vivirla al margen de toda implicación social.

-Vivirla sólo de vez en cuando.

-Acudir a ella sólo en los momentos de necesidad.

-Emplearla para (supuestamente) dar culto a Dios y desentendernos del prójimo y sus problemas.

-Refugiarnos en ella huyendo del “mundo”.

-Hacer negocio a costa de ella.

-Cambiar el servicio de Jesús lavando los pies en la última cena por el boato, la solemnidad y la parafernalia de ciertas ceremonias.

-Emplearla como baremo para dividir y clasificar en “los nuestros” y “los otros” (y mirar como a inferiores a los que no son de los nuestros).

-Usarla para controlar y dominar pueblos y/o personas.

-Imponerla por la fuerza.

-Valernos de ella para sentirnos superiores en lugar de ser más servidores.

-Tomarla como un “seguro” en lugar de una apuesta en favor de la vida.

 

La actitud que Jesús condena se puede entresacar del párrafo de Jeremías del que está tomada la cita del evangelio de hoy

El pueblo ofrece sacrificios, participa en grandiosas ceremonias y se siente tranquilo: “Estamos salvados”. Es decir: “El Señor está con nosotros”.Y Jeremías replica sin vacilar: “No. El Señor está con vosotros sólo cuando estáis con Él, es decir, cuando vuestra conducta es conforme a su voluntad“.

No se va al templo para obtener una especie de impunidad, para comprar un buen puesto de seguridad. Hay que convertirse. Con Dios no se comercia, como se hace con los vendedores para el sacrificio.

No se enderezan las cosas torcidas con cualquier salmo. Las cosas torcidas sólo se enderezan… mejorándolas y buscando respuesta en el evangelio.

No se puede ir en peregrinación al templo y después continuar robando, explotando, calumniando al prójimo.

No se puede ser sincero con Dios, cuando se engaña a los propios semejantes. Dios no acepta las genuflexiones de quien pisotea la justicia.

No consiente Dios que se sustituya con un “homenaje religioso” lo que es debido al prójimo. “Enmendad vuestra conducta y vuestras acciones…”.

No se va a la iglesia para huir de las exigencias éticas más comprometidas, sino precisamente para tomar conciencia de las propias responsabilidades.

 

En otras palabras:

Lo que se condena es el templo como refugio (convertido en cueva, en caverna que oculta a los delincuentes de una fe falsa)

Lo que se desautoriza es el aspecto tranquilizador de las prácticas religiosas.

Lo que se denuncia es la piedad como coartada. Ilusionarse de ir a la casa del Señor para contentar a Dios -con alguna oración u ofrenda- y después seguir con conducta contraria a la justicia, a la honradez y a la caridad hacia el prójimo. Un culto de este género es un culto mentiroso y falso.

Por tanto Cristo quiere purificar el templo y eso se traduce en desenmascarar la hipocresía de las personas religiosas que creen “poner en regla” sus acciones poco limpias con el Señor, obteniendo, por el pago de alguna “práctica”, un certificado de buena conciencia.

Jesús deja intuir, refiriéndose a Jeremías, que el problema es el modificar la conducta, no el multiplicar las invocaciones o aumentar las ofrendas. La alternativa al templo “cueva de bandidos” es el templo abierto, no ciertamente a las personas perfectas, sino a las personas que quieren vivir en la fidelidad, en la claridad y sinceridad y que buscan en Dios no un “cómplice” dispuesto a cerrar los ojos ante ciertos hechos, sino alguien que nos guía por el camino de rectitud.

AMIGOS…

*No tengáis a otro Dios, aunque alguien os diga que existen más poderosos.

*No faltéis a su nombre, será señal inequívoca de que vuestro vocabulario es rico y respetuoso.

*Edificad vuestras personas como templo del espíritu de Dios, y os hará ver el valor de la eternidad.

*Arrojad de vosotros, aquello que es indigno, y comprobareis la fuerza de la fe.

*Tirad de vosotros toda ambición a lo material, y disfrutareis con la riqueza de Cristo.

*Adorad al Señor, y os sentiréis libres frente a los que desean manipularos.

*Guardad un espacio para vuestra fe, y en la vida siempre tendréis un lugar para oxigenaros.

*No os alejéis de Jesús y viviréis felices, aun en medio de sufrimientos.

*Agarraros a la cruz y vuestros sufrimientos quedarán relativizados.

*No exijáis cuentas a Dios, y todo lo que necesitéis, os lo dará con creces.

*Limpiad el templo de vuestra alma y Dios vivirá siempre dentro de vosotros.

*Alejad las contradicciones de vuestra fe y Cristo os construirá día a día.

*Cribad aquello que os devalúa y Dios os elevará a la cima más insospechada.

Dicho está, lo que quería decir, ahora cada cual desde su conciencia debe actuar, el evangelio puesto al día está. Amén

 

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