Ecos del Evangelio

7 julio, 2016 / Carmelitas
DOMINGO III DE CUARESMA CICLO C 2016

Las lecturas de este tercer domingo de cuaresma son como la historia de cuatro salidas, de cuatro marchas, de cuatro pasos, lo cual nos viene como anillo al dedo, pues estamos preparándonos para la Pascua, que es la salida, la marcha, el paso de la muerte a la vida. Pero para ponernos en marcha debemos tener una premisa clara, y es que lo vamos a hacer con el propósito de convertirnos, es decir, de cambiar lo que sea necesario, para llevar nuestra vida por otros derroteros y llegar a buen puerto. ¿Si no, que alguien me diga para que celebra la Cuaresma? ¿Sólo para no comer carne los viernes y hacer algún que otro ayuno y limosna? ¿No creéis que es hora ya de que muchos se tomen en serio el ser cristianos? Vayamos pues a explicar brevemente la cuatro salidas.

1- Salida: Moisés sale de la corte:hijo del pueblo hebreo, que para salir indemne de la matanza de niños es depositado por su madre en el Nilo, en una canastilla que será encontrada por la propia hija del Faraón; esto le llevará a ser educado en la corte, como un príncipe. ¡La aspiración de tantos y tantos, conseguida sin esfuerzo!, ¡el gordo de la lotería! ¡El pleno de la quiniela! Ser un príncipe, vivir rodeado de todo lo que se pueda desear. El gran objetivo fundamental de tantos y tantos. ¡Cuántos se cambiarían bien a gusto por Moisés!

Pero Moisés tiene otras aspiraciones, otros sueños; y así, en una confrontación entre un hebreo y un egipcio, no duda en ponerse de parte del oprimido; se arriesga a perder sus privilegios y, de hecho, los pierde. De ser un miembro de la corte pasa a ser un perseguido a muerte por el propio Faraón. Pero a Moisés no le importa su posición social, ni sus privilegios, ni su riqueza; a él le interesa el por qué de la esclavitud de su pueblo, o mejor aún: el cómo terminar con ella. Si el precio por conseguirlo es pasar de la corte a la esclavitud, Moisés da el paso sin miedo ni vacilación.

2- Salida: Dios sale del cielo para librar a su pueblo. Dentro del mismo episodio, nos encontramos con el propio Dios que “sale” de su cielo para ver la opresión de su pueblo, sus quejas contra los opresores, sus sufrimientos, y Él personalmente anuncia que va a bajar a librarlos de la opresión.

Frente a un Dios al que muchos incautos acusan frecuentemente de vivir cómodamente en su cielo, el verdadero Dios se nos revela como el que sale de su olimpo para acercarse al hombre. Mejor aún: Dios deja su inmutabilidad para acercarse al que sufre y librarlo de su opresión. Dios nos muestra así, cuál es su relación con el hombre, a la vez que su actitud se convierte en lección y ejemplo para que el hombre haga lo mismo

3-Salida: El pueblo sale de la esclavitud para el servicio y la libertad. Las salidas, de Yahvé y de Moisés posibilitan, a su vez, una nueva salida; el pueblo sale de la esclavitud a la libertad. Una libertad que va a utilizar para el servicio. Sirvieron al Señor en el desierto, aunque con no pocos fallos, deficiencias y contrariedades. En cualquier caso, el pueblo sale de la esclavitud y pasa a una vida de libertad. Dios concede a su pueblo esa libertad, aunque el pueblo, como ha quedado dicho, no la sepa usar adecuadamente y cayo no pocas veces en el libertinaje.

4- Salida: El cristiano debe salir de la bondad moral a la bondad hecha obras, a la fraternidad .La cuarta invitación a salir nos la hace el Evangelio. Nos invita a pasar de la mera bondad moral de quien cumple escrupulosamente todo lo mandado, a la vivencia de la fraternidad de quien sabe que todo se debe dar y hacer por y con el hermano.

El cristiano, en definitiva, está siendo llamado, hoy y siempre, a no confundir su fe con un sistema de leyes cuyo cumplimiento da seguridad y reporta la calificación de “bueno”; (“¿Pensáis que esos galileos? Os digo que no”). Sino a ver la fe como la apuesta decidida y valerosa por trabajar en favor de la fraternidad.

Es a un estilo de vida, no a una nueva religión, a lo que Jesús está invitando a los que quieran seguirle. Pero lamentablemente, sigue siendo corriente encontrar personas que se dicen creyentes (aceptan sin mayor problema todos los postulados dogmáticos, principios teóricos, normas morales y eclesiásticas…), pero sus vidas en nada se diferencian de los no creyentes (racismo, afán de lucro, desprecio hacia los pobres o hacia los que no piensan como ellos, búsqueda de prestigio, buen trato con los poderosos), en fin: el comamos y bebamos, con mucha seguridad de que mañana moriremos y poca convicción de que hay otra realidad.

Estos cuatro pasos que nos han presentado las lecturas son otras tantas invitaciones para que también nosotros salgamos y pasemos de unas situaciones viejas e intolerables a una nueva vida:

1-Salir de la riqueza, tenida o deseada, disfrutada o anhelada, tomada, en definitiva, como aspiración fundamental en la vida, a la solidaridad con los pobres, hombres o pueblos; solidaridad que no sea un simple discurso o mera lastima, o beneficencia; sino una solidaridad que sea practica y liberadora.

2-Salir de la vida cómoda, basada en la ley del mínimo esfuerzo, la ganancia fácil, la sopa boba, el vivir del cuento, el tráfico de influencia, el abuso de poder, la prevaricación…, a la solidaridad con los necesitados.

Solidaridad eficaz, que cambie realmente las condiciones de vida de los que sufren persecución, marginación o menos precio por causa de ser de otra raza, lengua o creencia. Solidaridad que no cierre los ojos ante estos problemas o se tranquilice con actuar ante la galería y después por detrás seguir actuando despóticamente, como por desgracia suele ocurrir (son los fariseos e hipócritas de siempre)

3-Salir de la vida sujeta a mil ataduras, artificiales y superfluas, a la libertad necesaria para servir al hombre y a la sociedad. No podemos olvidar cómo la publicidad alardea de crear necesidades innecesarias para vender productos, hacer creer lo absolutamente imprescindible que son miles y miles de cosas para vivir, y llegar a convertir al hombre en un animal de consumo. Una vida obsesionada con ganar para comprar, con cuidar el físico o cultivar ciertos círculos de una vida esclava, que no tiene ni tiempo ni oportunidad para dedicarse a aquello a lo que el hombre debe dedicarse: servir sirviendo a los demás.

4-Salir de la vida dedicada al simple cumplimiento para tener contento a Dios, a la vida dedicada a crear fraternidad. De la vida en la que Dios es alguien temible a quien hay que procurar no enfadar, a la vida de quienes se saben hijos y, por tanto, amados incondicionalmente por Dios. La vida dedicada solo a cumplir normas para agradar a Dios termina por convertirse en una vida estéril, inútil, absurda, pues el único modo de agradar a Dios es vivir la fraternidad.

Amigos, Jesús no se anda por las ramas, de ahí, su respuesta contundente: “Si no os convertís…”. Ahí quedó meridianamente claro que antes de ir criticando y juzgando la actitud de los demás hay que mirarse a uno mismo. Que antes de exigir a los demás hay que exigirse y ser coherente uno mismo. No sea que uno se crea muy cristiano de labios para a fuera y las manos las tenga bien recogiditas para no mancharse.

Cristo les esta diciendo y nos está diciendo que no es suficiente con llamarse cristiano, sino que hay que tener una vida de acorde con lo que significa ser cristiano. Por eso a la luz del evangelio hay que revisar, diariamente el compromiso personal de lo que significa seguir a Cristo y revisar y rectificar lo que sea necesario. Y eso se llama conversión.

“Si no os convertís….”Les dice y nos dice que es necesaria y urgente la conversión. Y lo explica poniéndonos delante de los ojos la actitud del dueño de una higuera que llega hasta ella buscando fruto y que, encontrándola estéril una y otra vez, pretende arrancarla. No lo hace porque interviene suplicante el viñador que la cuida y la salva conservándola para una nueva ocasión.

Es esperanzador, desde luego, pero indicativo del talante del Señor. No es suficiente estar plantado, hay que fructificar, porque diariamente se acercarán a nosotros los hombres buscando las consecuencias prácticas de nuestra fe, de aquello en lo que decimos creer.

Diariamente se acercarán a nosotros personas buscando frutos de humildad, para encontrarse, quizá, con una soberbia desafiante. Buscando frutos de misericordia, para encontrarse, posiblemente, con un dogmatismo duro y ceñudo especializado en la condena. Buscando frutos de paz, para encontrarse con los mismos síntomas de violencia que padece nuestro mundo en todos los sentidos: violencia en el orden de las ideas, violencia en el terreno económico, violencia en las palabras, en los gestos, en las actitudes, violencia que termina en la muerte y en el dolor.

Diariamente se acercarán a nosotros personas, hartas de tanta palabrería hueca, para ver si somos capaces de tender hacia ellos las manos, el corazón y la vida; personas que lo único que buscan son recuperar su dignidad y no que tras unas palabras bonitas, modositas y pietistas se escondan intransigencias, menosprecios y esos aires de superioridad que hacen a muchos creerse en posesión de la verdad y el centro del universo. Pues ojo con las palabras de hoy de Jesús en el evangelio que no son ninguna broma.

Diariamente se acercará a nosotros el Señor buscando los frutos; se acercará el Señor en el anciano, en el huérfano, en el que carece de alegría y de esperanza; se acercará el Señor en el que sufre buscando consuelo en su dolor o en la situación angustiosa que esta viviendo Se acercará a nosotros el Señor y esperará pacientemente a que respondamos con el tono que Él quiere que lo hagamos, con el que nos ha enseñado.

Pero no olvidemos que el tiempo pasa y con él la vida. Y no sabemos cual será la hora en que también se acercará y nos pedirá los frutos definitivos. Y en aquel momento ya no habrá posibilidad de rectificar.

 

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