Ecos del Evangelio

19 enero, 2018 / Carmelitas
DOMINGO III T.O CICLO B 2018

EL MOMENTO ES APREMIANTE

 

Detenido Juan Bautista, reducido al silencio y a la mazmorra, comienza Jesús a predicar, y escoge Galilea para empezar a predicar el Reino de Dios.

Galilea, era y es una tierra fronteriza, cercana al mundo pagano y, al parecer, y despreciada por los oficialistas religiosos de Jerusalén. Jesús con este gesto quiere resaltar desde el principio, el sentido universal de su mensaje,  su mensaje  es para todos: creyentes, paganos o ateos. Es una lección para todo cristiano y para la Iglesia.

“Se ha cumplido el plazo. Está cerca el Reino de Dios”. Jesús llega como con prisa: apremiando, sacudiendo a los soñolientos, a los demasiado tranquilos, a los instalados en la rutina de unos cumplimientos. Para que quede bien claro, desde el principio, que hay mucha tarea por delante.

El Reino de Dios no es una fruta silvestre al alcance de la mano del primero que pasa, sino más bien, el final de un largo esfuerzo, donde se han ido amasando -codo con codo- el pequeño sudor del hombre y la gracia vivificante del Señor. Y se ha cumplido el plazo, es decir, no hay tiempo que perder. Hay que poner manos a la obra. Hay que remangarse ya, y dejarse de teorías.

¿Y cuál es la tarea?: “Convertíos y creed la Buena Noticia”. Así de claro, así de radical.

“Convertíos”: Es tanto como decirnos que podemos haber equivocado el camino. Que no es posible seguir como hasta ahora, por tradición o por rutina o por miedo.  Que no podemos seguir acumulando unas riquezas  y unos bienes, que se nos han de pudrir en las manos. Que no podemos seguir dando vueltas alrededor de nuestro “yo”, incapaces de ver que nuestro camino no progresa. Que nos hemos ido quedando remansados fuera de la corriente de la vida y nuestro barco anda escorado.

“Convertíos”, es decirnos que ya está bien de desigualdades y guerras, de hambre por los cuatro costados del mundo, de pisar al otro para subir, de mentiras, de apariencias de odios, de adoctrinamientos, de violencia…

“Convertíos”, es cambiar de vida, hacer borrón y cuenta nueva. .Es creer la Buena Noticia, pero de verdad. Es abrir de par en par el corazón, y dejar que lo refresque la lluvia limpia de la Palabra. Es dejarse conducir, en la niebla, por la mano de Alguien que nos ama.

“Convertíos”, es fiarse plenamente del Padre: ver con sus ojos, intentar amar con su corazón. Es decirle un “si” grande, total. Firmarle un cheque en blanco. Renacer. Resucitar.

Y el momento es apremiante. Hay que empezar ya. Se trata de cambiar la vida, como los ninivitas ante la predicación de Jonás. Se trata de salirse del hechizo de las cosas y mandar en ellas: “los que compran, como si no poseyeran…”. Se trata de componer una nueva escala de valores, de acuerdo con los criterios del Evangelio: primero, el reino de Dios y lo que va con él, todo lo demás, detrás. Y lanzarse a volar alto, libres de peso inútil. Lanzarse a vivir la aventura fascinante de la libertad plena, del amor sin engaños. Y hacer brotar a nuestro paso la alegría y la esperanza.

Y Jesús les dijo: “venid conmigo y os haré pescadores de hombres”. Podemos sintetizar en cuatro los rasgos que definen al discípulo de Jesús.

Primero: Jesús es el centro. El discípulo no es llamado para asimilar una doctrina y creerla a pie juntillo sin más y convertirse en un cabestro, sino seguir a una persona, para solidarizarse con ella y vivir como Él. El discípulo permanecerá siempre discípulo, porque el Maestro siempre será Jesús.

 

Segundo: el seguimiento exige un profundo desprendimiento. Hay que ir dejando todo lo que estorba, ir viéndolo todo en función de Jesús. El desprendimiento es progresivo: los primeros dejaron “las redes”; los segundos, “la barca y a su padre”.

 

Tercero: el seguimiento es un camino cuya meta está siempre más allá. Un camino que se expresa en dos direcciones: dejar y seguir, que indican un progresivo desplazamiento del centro de la vida.

 

Cuarto: el seguimiento es misión hacia el mundo. Quiere Jesús que, una vez convertidos a esa nueva manera suya de vivir, seamos en adelante sus testigos: que vayamos corriendo la voz de casa en casa, de ciudad en ciudad, de siglo en siglo. Para que todo el mundo se entere de que hay, por fin, un camino abierto. De que vale la pena intentarlo. De que ya es posible ser feliz.

 

 

Hoy, en medio de las aguas turbulentas, el Señor nos invita a desenmarañarnos de los caminos que sólo nos conducen a premios efímeros, a promesas falsificadas o ficticias. A deshacernos de los falsos seguidores de Cristo, que se han inventado un evangelio y se han convertido de testimonios en prosélitos, que solo hacen que  captar gentes y lavarles el cerebro. Realmente bochornoso

 

La conversión que nos propone Jesús es precisamente la que el emérito Papa Benedicto XVI, nos sugería: “hay que volver a Dios porque, a Dios, lo hemos orillado y la secuela más grave ha sido que hemos caído en un humanismo deshumanizador y deshumanizante o en un deshumanizado humanismo”

 

No es un juego de palabras, es así. Sólo cuando pongamos a Dios en el centro de nuestra vida, clave y mensaje del Reino anunciado por Jesucristo, llegaremos a esa armonía personal, social y universal que muchos se empeñan frívolamente en conquistar al margen de toda referencia a Dios.

 

Estamos en un tiempo privilegiado para la fe. La Nueva Evangelización, de la cual se habla tanto, nos exige precisamente eso: desembarazarnos de aquellas redes que han servido en otro tiempo pero que, ahora, se nos quedan cortas o débiles. Y la nueva evangelización ha de comenzar dentro de la Iglesia. Evangelizar a los que se creen amos y se han convertido en propagandistas lamentables y no en testimonios del evangelio.

 

No olvidemos que, la exigencia a la conversión, sigue siendo la misma. Que las verdades fundamentales de Jesucristo, son inalterables. ¿Dónde fallamos entonces? La prueba de fuego está en el entusiasmo de nuestra vida cristiana ¿Respondemos con generosidad a las llamadas del Señor? ¿Dejamos algo por Él? ¿Creéis que con unos minutos semanales para la misa y poco más, con eso basta?

 

El Señor, cuando pasó al lado de los discípulos, no les invitó a romper con un trozo de aquellas redes que eran su forma de vida. Les exigió algo más: si creéis en mí…dejadlo todo. Pero con todas las consecuencias. Lo valoraron y, mirando al horizonte del mar y lo que tenían entre manos, comprobaron que Jesús, sus palabras y sus obras, eran un tesoro.

 

La pregunta que os dirijo es la siguiente ¿Es un tesoro para nosotros Cristo?  Dios, porque es bueno y justo, confía en que vayamos cumpliendo con ese programa que se inició en el día de nuestro Bautismo. Si hay plazo para que un artista entregue su obra; para que un profesora acabe una asignatura o para que un pesquero regrese a puerto;….también los cristianos tenemos un vencimiento para dar muestras de nuestro buen hacer, de que nuestra fe es sincera (no simbólica) y de que nuestras obras y nuestras palabras son un perfecto acorde.

 

Pasa el Señor y, lejos de mirarnos por encima de los hombros, nos mira frente a frente. Nos sienta a su mesa. Nos habla. Nos explica las Escrituras y parte para nosotros lo más grande que tiene: su vida.

 

Si nuestra vida personal y comunitaria no va cambiando; si junto a nosotros continúan las injusticias, los enfrentamientos, los celos y las envidias y no hacemos nada por combatirlos, si no pensamos más que en nosotros mismos, en nuestros proyectos y en nuestros sueldos…, es señal de no haber llegado a nosotros la “buena noticia” de Jesús.

 

 

LLÁMAME PORQUE ES MI HORA, SEÑOR

*Que, ahora más que nunca, tenga ganas de conocerte y, siguiéndote como lo bueno y noble, arrojar tantas redes que me convierten en esclavo.

*¡Deseo tanto el encontrarte, Señor! No pases de largo de la orilla de mi vida y si por lo que sea no te respondo, no dejes de insistir, Señor.

*Tal vez, el ruido de la comodidad, y la pereza me impide salir o saltar con rapidez a tu camino.

*Tal vez, la seducción de lo fácil, no me deja escuchar la dulzura de tu voz.

*Tal vez, mi mundo y mis caprichos, me confunden y me mantienen en un mar sin fondo en una habitación sin más vida que lo efímero en una realidad que, mañana, ya no existirá.

 

¡LLÁMAME PORQUE ES MI HORA, SEÑOR!

*Porque tengo miedo de que pases de largo, de que viéndome tan ocupado en lo mío, no quieras contar conmigo

*Porque tengo miedo de que ilusionado por lo que veo, no distinga lo grande que es tu Reino.

*Porque tengo miedo de que amarrado en mis redes no pueda soltarme a tiempo de ellas y ser libre contigo para siempre.

 

¡LLÁMAME PORQUE ES MI HORA, SEÑOR!

*Que, hoy más que nunca, me sienta Iglesia, pero la que tú fundaste, no la que muchas tratan de fabricar a base de adormilar conciencias.

*Que, hoy más que nunca, crea y espere en Ti.

*Que, hoy más que nunca, quiera dejar algo o mucho por Ti.

*Que, hoy más que nunca, desee ser pescador de otros mares y en otros puertos.

*Que como padre o madre, sacerdote o labriego, profesor o anciano, niño o joven, estudiante o contemplativo, arquitecto o religiosa, obrero o empresario… quiera estar siempre contigo, Señor. ¡Contigo y por tus mares!  AMEN.

 

Volver
Carmelitas de San José

Uso de cookies

Este sitio web utiliza cookies para que usted tenga la mejor experiencia de usuario. Si continúa navegando está dando su consentimiento para la aceptación de las mencionadas cookies y la aceptación de nuestra política de cookies, pinche el enlace para mayor información.

ACEPTAR
Aviso de cookies