Ecos del Evangelio

20 diciembre, 2019 / Carmelitas
DOMINGO IV DE ADVIENTO CICLO A 2019

“Dios-con-nosotros”

 

La gran profecía de ocho siglos antes de Cristo llega a su realización pero de manera sorprendente. «La Virgen concebirá y dará a luz un hijo, fruto del Espíritu Santo… «Dios con nosotros», en medio de nosotros, es lo singular del cristianismo.

Nuestro Dios no es el que solo habla con el hombre, sino el que además se hace hombre y se queda con el hombre.

  • Un Dios que ama tanto al hombre, que nos entrega a su Hijo y se mete de lleno en nuestra historia.
  • Un Dios que ha establecido tal relación y alianza con el hombre, que ya no pueden separarse ni entenderse el uno sin el otro.
  • Un Dios que no es solo divinidad, es también humanidad. Y el hombre ya es más que su humanidad, es también divinidad.

 

En Cristo Jesús se hace realidad lo mas divino y humano de Dios y nosotros estamos llamados a serlo si lo aceptamos y le damos entrada en nuestra vida. Por eso ¿es Dios un terrateniente, un dictador para el hombre? No por favor, aunque así nos lo hayan inculcado.

 

Este misterio de la encarnación de Dios en Cristo, debería llenarnos de emoción y asombro constantes.

 

Dios se acerca a nosotros, no para humillarnos, sino para levantarnos.

Dios no sólo no nos exige el sacrificio de nuestros valores o de los hijos, sino que nos regala a su propio Hijo.

Dios no sólo no nos quita libertad, sino que nos hace verdaderamente libres.

Dios y el hombre no se restan, sino que se suman y complementan.

 

 

¡Qué ridículos aquellos reyes y gobernadores que tenían miedo de que Jesucristo les quitase sus tronos y sus poderes! Él, no venía a quitar nada, sino a dárnoslo todo. Venía a liquidar, si acaso, los impedimentos que nos esclavizaban y no nos dejaban ser reyes, pero de la naturaleza ¡Que ridículo ver todavía y predicar a un Dios que infringe miedo y castigo a los feligreses!
Amigos, creer en el Dios de Cristo, nos obliga también a creer en el hombre.

 

Si Dios ha optado por el hombre, abrazándolo hasta en lo más hondo de su debilidad, es que-aunque parezca imposible- se puede confiar en el hombre y se puede esperar todo del hombre. El hombre puede tener muchas llagas, pero Dios ya las ha besado, y todas pueden curarse. El hombre corre todos los peligros, pero Dios ya lo ha redimido, y al final todo será gracia. Dios ha puesto un germen de vida eterna en el hombre. Así, desde que Dios está con nosotros, el hombre es no solo divino sino eterno. Por eso, la historia del hombre debe ser una historia sagrada, porque unidos a Cristo podemos hacer posible la venida del Reino de Dios, aquí y ahora.

 

Ya lo sabes- tu que me escuchas-, Dios te acompaña. Está cerca de ti, está dentro de ti. Busca, entra en tu corazón y más tarde o temprano lo encontrarás, porque te está esperando. Por eso no hay soledad insalvable para el que tiene fe. Podemos estar con Dios en una conversación gozosa, ininterrumpida. No necesitamos evasiones ni entretenimientos pasajeros. El Amigo que nuca falla te acompaña y te llena.

 

Si Dios está con nosotros, ¿de qué podemos tener miedo? Como decía San Basilio al emperador: “No temo tus amenazas, ni la confiscación, porque nada tengo; ni el destierro, porque encuentro a Dios en todas partes; ni la muerte, porque me lleva a Dios, que es lo que más deseo” Teniendo a Dios tenemos nuestra riqueza, nuestra fuerza, nuestro gozo, nuestra vida. A lo único que realmente tendríamos que tener miedo es a perder a Dios. Mejor dicho, a apartarnos de Él llevando una vida de apariencias. Y a eso por desgracia, muchos se han apuntado.

 

Dios-con-nosotros. Es la prueba más grande de su amor. Podía habernos salvado desde lejos. Podía haberlo hecho con sólo su palabra o alguno de sus mensajeros. Podía incluso haberse acercado a nosotros, pero de visita, como de paso. Y no fue así. Nos regaló «su tiempo», su amistad y su vida». Vino a nosotros como Salvador y amigo para quedarse definitivamente en nuestra casa. Yo no sé si habrá otros planetas habitados -lo más probable-, ni cuál será su historia, pero seguro que todos nos envidiarían si se enteraran de lo nuestro.

 

Después de dos mil años de la venida de Cristo, ¿en qué se nota que está entre nosotros? Siguen las guerras, las injusticias, los vicios, las divisiones, las cegueras, los innumerables sufrimientos humanos. Entonces, ¿está o no está Dios con nosotros? Es la gran tentación, como la de los israelitas, cuando sufrían en el desierto. O como la de los discípulos y contemporáneos de Jesús, cuando le vieron doliente y derrotado.

 

 

Habrá que aclarar algunas cosas.

• Que la presencia de Dios es humilde y paciente.

• Que se parece al fermento y al grano de mostaza.

• Que respeta nuestra libertad.

• Que no es un padrino que nos solucione los problemas de un plumazo, aunque sí es verdad que los ilumina y los comparte.

• Que no es un «superman» prodigioso, sino un amigo que acompaña.

• Que no es un terremoto que desbarata o un fuego que castiga, sino un aliento de vida.

 

Estando la Navidad a la vuelta de la esquina, me viene a la mente el segundo mandamiento de la Ley de Dios, que en estas fechas lo redactaría así: “No tomarás el nacimiento del Hijo de Dios en vano”. Sí, la Fiesta que se acerca, nos pide que no tomemos el nacimiento del Hijo de Dios en vano
Mirando alrededor, viendo como muchos se preparan para celebrar la ya cercana Navidad, ¿qué pensar de la actitud de no pocos ante tal acontecimiento? ¿Queda espacio para la admiración ante lo más grande que ha ocurrido en el mundo? ¿O ya está todo tan domesticado que tal evento no dice nada, y todo se reducirá a la fiesta, la cena, los regalos, las vacaciones extras, etc.? Si, muchos han tomado el Nacimiento de Dios en vano; lo han convertido en excusa, Si, para muchos, Cristo es la excusa para todo, menos para recibir a Cristo.

 

Pues a pesar de todos los pesares, Dios es uno con nosotros, uno entre nosotros, uno de nosotros. Dios entra en la historia y se quedará en nuestra historia. La historia y los hombres necesitamos que Dios siga teniendo nombre propio. Algunos de esos nombres propios nos los enseñó el mismo Jesús: pobre, enfermo, discípulo, comunidad, marginado, Eucaristía… Amigos necesitamos una Navidad de verdad.

 

Pedir una nueva Navidad no es nada original, pero es de primera necesidad.

¿En qué porcentaje muchos tendrían que reconocer, si fueran sinceros, que la Navidad que celebran no tiene nada que ver con la Navidad de Cristo?

Quizá estemos tan al principio, que deberíamos responder en silencio a la siguiente pregunta: ¿Para qué nos hemos preparado durante estas cuatro semanas del Adviento de 2019?

 

Servirían igual otras preguntas.

¿Qué es Navidad para mi?,

¿Qué voy a celebrar?,

¿Cuántas veces en mi vida me ha parado a pensar el significado de esta frase que me sé de memoria: «Dios se hace hombre»?

¿Dios entre nosotros?

 

Yo diría que para muchos, la Navidad es la fiesta del “nosotros sin Dios”.

 

Siempre que llegan estas fechas me acuerdo del titulo de un libro que leí: ¿en qué creen los que no creen? No cabe duda de que se trata de una buena pregunta. Pero llegada la Navidad la pregunta que yo haría es: ¿en qué creen los que dicen que creen? No se trata de un juego de palabras, sino de preguntas que apuntan a lo más profundo del hombre, y que vamos a contestar en esta Navidad queramos o no. Porque la manera de celebrar la Navidad, le dirá a cada uno, si la ha celebrado de verdad o habrá sido una vanidad.

 

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