Ecos del Evangelio

9 marzo, 2018 / Carmelitas
DOMINGO IV DE CUARESMA CICLO B 2018

Cristo es la luz que orienta la vida del creyente.

 

Hoy la Palabra del Señor quiere llegar a lo profundo del corazón, el Evangelio de Juan nos expresa claramente “Tanto amo Dios al mundo, que entrego a su Hijo único, para que no perezca ninguno de los que creen en él, sino que tengan vida eterna”.

El evangelio clarifica la forma en que Dios ama a los hombres, “tanto ama Dios al hombre que entrega a su Hijo único”, es un amor que nace de las entrañas de un Dios que es Padre y Madre; no se reserva nada para demostrar su amor y lo hace con un amor incondicional y absoluto que le conduce a entregar a su único Hijo, solo para redimir al hombre.

La cuaresma es un tiempo que la Iglesia propone para ayudar a crecer en la fe, en la esperanza y la caridad con la interiorización de la Palabra de Dios. Es un tiempo de mirar hacia adentro, al fondo de sí mismo y descubrir que Dios llama a amar.

Constantemente el Señor está llamando a dejar atrás el hombre viejo, nuestra condición de pecado, “para que nos dediquemos a las buenas obras que él determinó practicásemos”, pero, como siempre inclinados al pecado buscamos lo fácil, lo que satisface nuestros gustos y pasiones y se deja de lado la fe, la caridad, el sacrificio, la renuncia, es decir se prefieren “las obras de las tinieblas” que conducen a perder la vida en nada. El motivo de la cuaresma es que la persona se convierta y acepte la Luz, que es el mismo Cristo. La conversión está acompañada de momentos de oración, sacrificio, ayuno y limosna. ¿Soy capaz de renunciar a mis propios gustos y buscar la voluntad de Dios?

Conscientes de que el Padre envía a su Hijo para “aquel que crea” tenga “la vida Eterna”, como ya lo había hecho antiguamente al pueblo de Israel que estaba siendo infiel “les envió desde el principio avisos por medio de sus mensajeros, porque tenía compasión de su pueblo”. Donde está el pecado o se obra con maldad se camina hacia la oscuridad que aleja de Dios pero cuando se acepta a Cristo se acepta la luz que conduce a obrar desde el mismo deseo de Dios, es decir, que el que está en la Luz transmite paz, alegría, amor y sobre todo manifiesta la misericordia de Dios, en definitiva es fiel. Cristo es la luz que orienta la vida del creyente que desde la fe sale al encuentro de las necesidades más urgentes de la Iglesia. ¿Acepto a Cristo como luz que orienta mi vida de fe?

Este tiempo de cuaresma es un tiempo de esperanza en el Dios se revela en su Hijo y conduce al creyente al cambio de vida. Este cambio de vida se dará, si se es capaz de vivir a ese Dios misericordioso.

“El pensamiento se dirige ahora a la Madre de la Misericordia. La dulzura de su mirada nos acompañe , para que todos podamos redescubrir la alegría de la ternura de Dios. Ninguno como María ha conocido la profundidad del misterio de Dios hecho hombre. Todo en su vida fue plasmado por la presencia de la misericordia hecha carne. La Madre del Crucificado Resucitado entró en el santuario de la misericordia divina porque participó íntimamente en el misterio de su amor.” ( De la Bula de convocatoria al año de la Misericordia del Papa Francisco).

 

Hna. Glorena Ricardo Machuca CSJ

 

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