Ecos del Evangelio

13 marzo, 2021 / Carmelitas
DOMINGO IV DE CUARESMA CICLO B 2021

 

Este domingo se le conoce como Dominica laetare. Desde antiguo se le conoce así por la primera palabra del Introito tomado del profeta Isaías:

«Alégrate [Laetare], Jerusalén, y reuníos con ella todos los que la amáis; gozaos los que estáis tristes, para que os alborocéis y os saciéis con los consuelos de sus pechos» Alegría contenida, porque el desenlace de la pasión y muerte de Cristo, acabará con la resurrección. ¡Pero, amigos , por eso mismo, el mensaje de este domingo, es clarísimo, crucial, definitivo e inapelable, porque no se llega a la Pascua de cualquier manera!

 

Recuerdo aquella definición, filosófica y fría, que de Dios me enseñaron de pequeño: «Dios es un espíritu infinitamente puro, sabio, poderoso…, principio y fin…, que premia a los buenos y castiga a los malos». Si, de aquí vienen tantas desfiguraciones que se han hecho y se hacen de Dios. Si, todavía hay mucha gente que saca de esa definición su idea de Dios. Sí, definiciones como esa, son la causa de fanatismos, en el cristianismo y en otras religiones ¿Dónde queda la realidad de que Dios es Padre y es amor infinito, si nos quedamos en esa definición?

 

¡Cómo contrasta esa visión de Dios terrible y castigador, con la visión cercana, positiva y amable que nos da san Juan: «Dios es Amor»! Y la que el mismo Jesucristo dio a Nicodemo: «Tanto amó Dios al mundo, que le entregó a su Hijo Único». Jesucristo nos presenta el amor de Dios y se nos presenta Él mismo como la prueba práctica de ese amor. ¿Dónde está aquí el Dios «castigador de malos» que tanto predomina en la visión y en el sentimiento de muchos de nuestros cristianos y de aun, no pocos predicadores?

 

Dios no es ningún Juez vigilante.
Dios no es ningún Censor de cuentas.
Dios no es ni ningún Vengador con su honor maltrecho…

 

¡Cuándo se decidirá el cristianismo a entrar a fondo en el evangelio y formar personas libres y maduras! ¡Cuánta gente todavía cacareando sus méritos ante Dios y poniendo sus méritos como causa de su salvación!

 

Es para llorar, ver este tipo de cristianismo -que aún persiste- tan vanidoso, tan falso, y tan soberbio, que aspira por méritos propios a conseguir la salvación que Dios nos da gratuitamente, por los méritos de Cristo.

 

¡Que a Dios no lo podemos comprar, aunque muchos lo han intentado o incluso ha creído que lo han conseguido! ¿Es que no nos lo deja claro San Pablo?: «Por pura gracia estáis salvados», «Estáis salvados por su gracia y mediante la fe», «No se debe a vosotros, sino que es un don de Dios», «Y tampoco se debe a vuestras obras, para que nadie pueda presumir».

 

Un domingo más, la Cuaresma insiste en que seamos conscientes del amor que Dios nos tiene. Vino en Belén para alegrarnos la vida y subirá al calvario para darnos otra, sin fecha de caducidad. ¿Se puede esperar más del amor de Dios? ¿De verdad nos paramos a pensar lo que esto significa?¿Por qué tanta desidia y tanto absentismo en celebrar lo más grande que existe?

Qué envidia sana, ver al Papa, a pesar de sus 84 años y cojo de su ciática crónica, en medio de la pandemia y hacerse presente a una minoría de cristianos perseguidos en Irak por los fanatismos religiosos .Y qué envidia ver a los cristianos de Irak gozos, contentos y exultantes por poder celebrar la Eucaristía , aunque sea entre ruinas. Y aquí en este occidente, que pena, ver como se pasa olímpicamente con excusa tras excusa, de lo más sagrado que tenemos.

 

Sí, algo grave, muy grave, ha invadido las conciencias de muchos cristianos, y no es precisamente el COVID -19. Amigos, hay que despertar, y estamos llamados, a su vez, a ser voces que despierten conciencias. Es hora(que en nuestras comunidades) muchos despierten sus conciencias adormecidas.

 

Cristo, en su tiempo, se lo dejó bien claro a Nicodemo y lo dejo claro para todos: «Hay que nacer de nuevo Nicodemo». «No valen los retoques y los remiendos exteriores, para aparentar lo que muchas veces un cristiano no es, porque no vive lo que dice creer»

Nicodemo, a quien Jesús dirige las palabras del evangelio de hoy, era un fariseo, de los que gobernaban el templo, persona piadosa y devota.

Nicodemo aceptaba que Jesús era un «maestro venido de parte de Dios», pero quería que todo se desarrollara «dentro de un orden». Dentro del orden que establecía la Ley. Relacionarse con Dios a través del comercio espiritual.

Nicodemo propone a Jesús que realice su misión de acuerdo con ellos, actuando como maestro de la Ley de Moisés, que los fariseos habían interpretado escrupulosamente.

Nicodemo pretendía que el camino a seguir por Cristo fuera cumplir las normas y ritos establecidos, aunque asfixiaran a la persona.

Nicodemo era buena persona, pero estaba afectado del virus del solo cumplimiento, de la apariencia, del pietismo, del virus de la fe es la fe, y el negocio es el negocio etc. etc.

 

Y la respuesta de Jesús fue tajante: «hay que nacer de nuevo» .Tienes que nacer de nuevo Nicodemo, tú y todo el que quiera seguirme .Hay que crear una nueva sociedad formada por hombres nuevos, fundada en el amor sin límites, en el amor que lleva al perdón sin condiciones y a la entrega total, porque todos somos hermanos. ¡Que con Cristo, los parches, los maquillajes y las apariencias se han acabado, que no sirven!

Cristo explica a Nicodemo algo muy sencillo, según el Evangelio: La sola Ley era para el hombre una constante amenaza de castigo. Pero Dios no es, no quiere ser, una amenaza para los seres que más ama, los hombres. Y envía a su Hijo para que nos descubra el infierno en que el hombre ha convertido la tierra, y nos enseñe que es posible construir el cielo aquí y ahora.

 

Y todavía más: Dios dimite de su función de juez supremo y nos traspasa a nosotros la responsabilidad de decidir y de escoger entre salvar y condenar nuestra vida y nuestro mundo: «Porque no envió Dios el Hijo al mundo para condenar el mundo, sino para que el mundo por él se salve. El que le siga no está sujeto a sentencia; el que se niegue a seguirle ya tiene la sentencia, por su negativa a seguirle en calidad de Hijo único de Dios».

 

Para mantener el desorden que el hombre se ha empeñado en llamar orden, nos hemos fabricado-y hay que decirlo también-, nos han enseñado, un Dios que mande mucho y que amenace más, para que sus amenazas produzcan efecto y los hombres obedezcan sus leyes. Ese no es el Dios del evangelio, lo siento. Por eso Jesús le dice a Nicodemo, que Dios no va a estar por la labor.

 

Cristo no impuso, ni impone su mensaje, su estilo de vida; sólo lo va a exponer, a ofrecer «levantado en alto”. Allí lo podrán ver todos y podrán comprobar que Dios es amor. Y podrán escoger y ponerse del lado del crucificado o de sus asesinos. Y elegir, para sí mismos y para el mundo, la salvación del amor de Dios o la ruina del desorden revestido de orden. Y el hombre tiene que escoger desde su libertad ¿Pero qué miedo va a dar un Dios que se manifiesta en un hombre-Cristo- clavado en una cruz y que nos da la plena libertad de escoger nosotros mismos el camino?

Por tanto, y resumiendo:

¿Por qué tanto empeño en salvarnos, cuando a veces pensamos que no estamos perdidos?
¿Para qué tanta sangre, si –tal vez– no le damos valor?
¿Por qué una cruz, si seguimos sin mirar al cielo?
¿Por qué un corazón tan blando y tierno como el de Cristo, cuando el nuestro es tan severo?
¿Para qué nos regala el estandarte de amor sin condiciones, si nos vamos por lo placentero?
¿Por qué tanta generosidad, con nosotros, si encuentra cerrazón?
¿Para qué su Pan, si muchos lo comen por rutina y no lo saborean con fe?
¿Por qué su vino de paz y alegría, si frecuentemente no le damos valía?
¿Para que su Pasión, si vivimos sin compasión?
¿Por qué su Calvario, cuando preferimos la vida fácil?
¿Para qué subir a Jerusalén, si preferimos los felices valles?
¿Por qué se deja clavar en la cruz, si huimos de las cruces de los demás?
¿Para qué alzar la mirada, cuando nos seduce el ronroneo de lo terreno?
¿Por qué, Dios se desprende de lo que más quiere, si somos insensibles?

 

Todas las preguntas tienen una única respuesta: por el gigantesco y descomunal amor con el que el Señor nos ama.
¿Hay mayor felicidad que esa? NO

 

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