Ecos del Evangelio

1 mayo, 2020 / Carmelitas
DOMINGO IV DE PASCUA CICLO A 2020

EL BUEN PASTOR

 

A Jesús le gustaba partir de la realidad, de las costumbres y experiencias de sus oyentes para comunicar su mensaje. Este relato del buen Pastor es una de las mejores muestras de ello. Jesús pastor y Jesús puerta de la ovejas.

 

Se agradece, , el hecho de que otras personas se preocupen de nosotros, sigan con cariño y con especial atención el curso de nuestra vida o, simplemente, nos alerten de las contradicciones y pruebas que pueden aparecer en el horizonte de nuestra felicidad. Pero al mayor y más grande Amigo, Cristo, parece que no le prestamos atención. Él es, quien más se interesa por hablarnos y comunicarnos por donde debemos caminar.

 

Pero no. Eso de que sea nuestro Pastor y le obedezcamos no nos entra, y así nos luce el pelo, y pasamos por situaciones como las actuales, (aunque no la hayamos producido nosotros), pero es el resultado de la vida desenfrenada que se lleva y a la que la mayoría se han apuntado.

 

Pues bien Jesús sigue siendo a día de hoy y lo será siempre, el Buen Pastor. Porque a Jesús le preocupamos. Vivió para servir. Por eso es pastor legítimo. Vino a servirnos, jamás a tratarnos como una manada de borregos.

 

Entrad por la puerta de Cristo, por favor. Hay que cambiar, y…:

 

Significa imitar el modo de actuar de Jesús, ser signo en el mundo de su presencia y de sus actitudes a través de un servicio desinteresado a los hombres.

Significa poner su mensaje como guía, porque así el mundo se evitaría pasar por situaciones como las actuales.

 

 

Cristo nos conoce a cada uno de nosotros mejor que cada uno de nosotros se conoce a sí mismo. Un conocimiento amoroso que implica un profundo respeto hacia todos y cada uno de los hombres. «Conocer por el nombre» significa invitarnos a cada uno a desarrollar las propias capacidades y a ponerlas libremente al servicio de los demás, al servicio del bien común.

 

Por eso mismo, la Iglesia, la comunidad cristiana no debe ser una masa de gente anónima manejada por un «líder» lejano. Sino una familia. En ella, las relaciones con Jesús y de unos con los otros, tienen que ser personales para que sean verdaderas… Una relación personal que debe hacernos personas responsables.

 

La sociedad se ha convertido y ha convertido a la mayoría, en una masa cada vez más anónima, dejándonos profundamente insatisfechos: somos una simple cifra en el trabajo, en las instituciones, etc… La relación de la verdadera amistad, escasea, esa que es de corazón a corazón.

 

-«Y las saca fuera». Jesús quiere que salgamos de nuestra inmadurez y de todo lo que nos impide ser nosotros mismos. Por ello, su misión de pastor enviado por Dios consistirá en sacar de la institución judía a los que respondan a su llamada, para crear con ellos su nueva comunidad.

 

Es el primero, que camina delante, abriendo horizontes a los suyos, dando ejemplo.

Es el primero en avisarnos de los peligros.

Es el primero en enfrentarse con el peligro.

Es el primero en dar la vida cuando se trata del bien de los demás. De lo dicho, podemos deducir que ser cristiano no es creer en Dios a secas, sino en el Dios que se nos ha manifestado en Jesucristo. Es decir, creer en su determinada manera de vivir esta vida, este reino, a Dios.

 

En nuestro país -católico de toda la vida- hay un gran confusionismo cuando se trata de saber qué es ser cristiano. Parece que todos lo sabemos, pero de hecho se tienen imágenes desfiguradas, equívocas, no cristianas. En estos tiempos, en que crece el pluralismo de creencias y de ideologías, es especialmente importante tener muy claro, que aquello que define al cristianismo es únicamente Jesucristo.

 

Jesús es «la puerta» de las ilusiones, esperanzas, alegrías… de los hombres. «Quien entre por Él se salvará», al quedar liberado de sus opresiones, pecados y vacíos; «y podrá entrar y salir, y encontrará pastos», es decir: tendrá libertad de movimientos, pues Jesús hace andar a los inválidos y ver a los ciegos, oír a los sordos y hablar a los mudos; será libre porque habrá entrado en la esfera del amor, y nada hay más libre que el amor cuando es verdadero. Pero aquí, también nos emperramos en que no. Porque como amar a la manera de Cristo es difícil, deseamos que a través de unas contraprestaciones nos den seguridades.

 

Es lamentable que sean con frecuencia los propios cristianos los que desean ser gobernados autoritariamente, para verse libres de toda responsabilidad personal. Es más fácil que sean otros los que piensen y decidan por nosotros: eso nos permite vivir tranquilos y desentendernos de los problemas de la propia comunidad y de los de la sociedad. Pero el precio que la iglesia ha pagado por ello es enorme: formar un inmenso rebaño, en el sentido más peyorativo de la palabra, en el que el seguimiento personal de Jesús brilla por su ausencia.

 

-«Yo he venido para que tengan vida y la tengan abundante». Jesús nos ha traído una esperanza de vida en plenitud, de vida para siempre. Cuando tantas cosas a nuestro alrededor nos hablan de muerte, Jesús nos ofrece la vida, inseparable de la libertad, del amor y de la justicia. Es una pena reducirlo todo a comer, dormir, trabajar y divertirse superficialmente. Es una pena no aspirar más que a » consumir y tener».Ese modo de vida es el que nos ha conducido a la situación de muerte en que nos encontramos. ¿Lo queremos ver o no?

 

Jesús quiere que orientemos nuestra vida en otra dirección: que reflexionemos y nos demos cuenta de que merece la pena vivir en el amor y luchando por una vida más humana para todos; que es necesario morir a todo lo que nos destruye como seres solidarios para que nazca lo nuevo: la vida que Él vino a comunicarnos.

 

Si no escucháis nunca llegaréis a ser nada (decía un profesor a sus alumnos). Jesús, como Buen Pastor, siempre tiene una palabra oportuna y orientadora para aquellos que confían y se deciden seguirle. Ciertamente que, con tantos “modernos pastores” que nos presenta la sociedad, es fácil confundir el bien con el mal; la verdad con la mentira; la moral auténtica con las ideas dominantes; las ovejas con los borregos o, incluso, al auténtico pastor con el perverso lobo revestido de poder.

 

Precisamente por eso, todos los domingos, la Eucaristía es un buen altavoz por el que escuchamos el latir del corazón de Cristo. Una buena mesa, donde el Señor, nos va reconociendo y conociendo uno a uno con nuestras grandezas y miserias. Una puerta, por la que ya desde ahora, empezamos a contemplar la gran fiesta de la vida que nos espera allá en el cielo.

 

–¿Qué estamos heridos? Cristo, siempre tiene una palabra sanadora que infunde salud y fortaleza.

 

–¿Qué nos encontramos abatidos? Cristo, nos habla con palabras de esperanza y valentía.

 

–¿Qué caemos en la decepción o en la tristeza? Cristo, se acerca y se convierte en motivo de alegría y de confianza.

 

 

Jesús no es alguien que se desentiende de nosotros. Vive a nuestro lado y, además, es bálsamo en multitud de ocasiones en las que nos sentimos perdidos, agobiados, despistados o con hambre de otros alimentos que no sean los del mundo.

 

La diferencia entre Jesús y los falsos pastores es que, a Jesús, le interesan todas las ovejas, todas las personas. Para Él no existen colores, ideologías, ni partidos. Para el Señor existen las almas. Y, las almas, sólo tienen un color: la fe y el amor.

 

 

Un Jesús que, desde el día de nuestro Bautismo, nos conoce, nos ama y para el que –nuestra historia– no le es indiferente. Aunque muchas veces, nosotros le tratemos con indiferencia y nos acordemos de Él sólo cuando truena.

 

¡Sí, el evangelio es para escucharlo y vivirlo, porque nos va la vida. Él es el mejor antiviral para cualquier pandemia!!

 

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