Ecos del Evangelio

21 abril, 2018 / Carmelitas
DOMINGO IV DE PASCUA CICLO B 2018

“Y MIS OVEJAS ME CONOCEN A MI”

 

“Yo soy el Buen Pastor, y conozco a mis ovejas y mis ovejas me conocen a mí… “. De acuerdo, Señor. Pero permitidme-los que me escucháis- que la reflexión la haga hoy en primera persona, como hablando yo con el Señor.

 

Porque todos debemos ser pastores para los demás, pero a mí, el Señor, me llamó específicamente para ser pastor de una comunidad cristiana. Y no quiero escurrir el bulto, sino dialogar y expresar mis dudas ante el Señor.

 

“TÚ ERES EL BUEN PASTOR”. Eso no lo he dudado nunca, Señor. Y, aunque la teología no me lo hubiera dicho, yo he entendido siempre que la única razón de tu Encarnación fue el «amor» y la única finalidad de tu muerte en la cruz fue mi «salvación» para liberarme de todo pecado y de toda esclavitud. Tú lo dijiste: «No hay amor mayor que el dar la vida por las ovejas». Es un hecho asombroso, pero real. Y San Pablo lo resumía así: «Me amó y se entregó a sí mismo por mí». Tú eres, por tanto, el Buen Pastor.

 

“Y CONOCES A TUS OVEJAS”. De acuerdo también, Señor «Tú me sondeas y me conoces. Me conoces cuando me siento y cuando me levanto». Lo recito constantemente en el salmo. Y lo creo firmemente. Pero me quedo perplejo entre dos sentimientos.

 

1-Un sentimiento, de alegría. Porque es conmovedor que Tú, desde tu atalaya infinita, te entretengas contemplándome a mí, tal cual soy, y ” hasta contados- tiene el Padre- los cabellos de nuestra cabeza”.

 

2- El otro sentimiento es de confusión. Porque, ante esa mirada tuya tan penetrante, no hay disimulos que valgan. Me siento desnudo, ya que me ves en mi justo tamaño, más bien menguado y desgarbado. Me conoces, por lo tanto. Adivinas en mí, como adivinaste en Pedro, las veces que te voy a negar. Y sabes igualmente que, en mi escala y muy difuminadamente, te digo que te amo mucho, y resulta que después a lo mejor te traiciono. Eso es precisamente lo que más me confunde. Que, conociéndome como me conoces, te sigas fiando de mí. ¡Sí, son cosas del amor, lo recuerdo!

 

“Y MIS OVEJAS ME CONOCEN A MI”. Aquí es donde no se qué decirte, Señor. Es seguro que, desde mi infancia, he recibido formación sobre Ti, adaptada, por supuesto, a mi capacidad evolutiva de recepción.

 

He vivido, además en un ambiente en el que hablar de Ti era algo normal. He crecido en los atrios de una iglesia «hablando con los doctores», como Tú, «a mis doce, quince, veinte años». También me he ejercitado en la práctica de ciertos ritos y ciertas leyes. Mi madre me enseñó muy pronto a distinguir la señal de los cristianos de otras señales. En ese ambiente he vivido.

 

Pero, me pregunto: Mi conocimiento de Ti, ¿se ha traducido en un compromiso incondicional o se ha quedado, un poco, en el terreno de lo teórico e interesado? ¿Te sigo porque conozco tu voz a fondo, o mi conocimiento es tan de libro que, luego, mi seguimiento es a lo que salga y con intermitencias?.

 

-Y otro pensamiento que aún me confunde más. Tú dices: «Tengo otras ovejas que no son de este redil, y también tengo que atraerlas». Y me vuelvo a preguntar: « ¿Escuchamos los cristianos de hoy estas palabras con inquietud co-responsable? ¿Vamos estando todos: familias, parroquia, educadores.., mentalizados para crear un clima adecuado en el que resuene bien tu voz? Porque la mies es mucha y los obreros pocos, por eso. ¿Vamos buscando, el encuentro y el diálogo personal contigo a través de la oración y con los que convivimos, para poderlos llevarlos a Ti, si están alejados? Y yo, desde mi silueta personal, ¿voy respondiendo de una manera concreta, entregándome a la parte que se me ha dado en ese bello pastoreo? Más aún, en esta época de desconcierto y río revuelto ¿estoy aprendiendo a «bailar con lobos» si preciso fuera?- es decir- a ¿«ir dando mi vida por las ovejas divididas», para que se forme «un solo rebaño y un solo pastor?».

 

Hasta aquí este dialogo con el Señor, en primera persona, porque a nivel general, hay que decir algunas cosas clarificadoras sobre los pastores: los sacerdotes que el Señor quiere, y que después de 2000 años aun parece que no está claro. Y eso, aun habiéndolo descrito el Señor clarísimamente como en el evangelio de hoy.¡La verdad es que siento bochorno!

 

Vamos a ver:

 

*Los sacerdotes que Cristo quiere, son como dice el Papa Francisco, sacerdotes con olor a oveja. No pueden ser sacerdotes inmaduros y para defenderse de su inmadurez, vayan imponiendo y condenando a diestra y a siniestra.

*Han de ser pastores y no funcionarios, porque han recibido de parte de Cristo un encargo y no un cargo.

*Han de hacer co-responsables a los feligreses y no convertirlos en simples borregos.

*Sobran los sacerdotes modelitos de pasarela, y faltan los que se arremanguen junto con la comunidad.

Dicho lo cual, y como he comentado al principio: todos hemos de ser pastores para los demás, también vosotros. Porque, no lo olvidemos, la misión de evangelización pasa por cada una de las manos de aquellos que dicen ser cristianos pero que, en muchos casos, “también dejan mucho que desear”, porque olvidan que la fe también depende del esfuerzo personal de cada uno: para descubrir, amar y seguir a Jesús.

 

 

Por eso precisamente:

*De poco servirán los sacerdotes “con olor a oveja” si los feligreses que celebran y comparten la fe no desean tener aroma a Cristo, sino perfume a lo mundano.

*A nada conducirá (excepto a un buen rollito con el cura de turno) si, delante de Cristo, hay una asamblea triste, sólo cumplidora y salvando el expediente de cada sacramento.

*Nada aportará, la figura de un buen pastor que no sea funcionario, si los fieles, sólo reclaman del sacerdote que esté para lo que yo quiero que esté; y que adapte el evangelio a mi gusto para que no me moleste demasiado.

*O estéril será la alegría de un sacerdote si, en frente, se da de bruces con una comunidad cristiana que apenas se le escucha en sus respuestas a la eucaristía; que enmudece en los cantos; o no está con los ojos y el corazón clavados en el altar, como sin en el altar no ocurriera algo que va con ella.

 

 

¡DEJADME TRADUCIR TODO, EN UNA ORACIÓN EN PRIMERA PERSONA, Y QUE PODRÍA SURGIR DE CUALQUIERA DE VOSOTROS!

 

*Te asomas, Señor despertándome de mi letargo cristiano y me pones en guardia frente a tantas cosas que debilitan y distorsionan mi amistad contigo.

*Mucho te necesito, Señor, eres cayado en el que me apoyo para caminar, y para levantarme si caigo

*Cuando, veo que mi nombre se pierde en el abismo, suena tu voz clara y nítida: ¡AMIGO!

*Y, compruebo una y otra vez, que eres Pastor que guarda mis pensamientos en el día y hasta vela mis sueños entrada la noche.

*Sí; Jesús. Siempre surges en el momento oportuno. Conoces mi vida como nadie y, a pesar de estar tan llena de sombras, la pones sobre tus hombros para, una y otra vez, redimirla de sus pecados y dolencias.

*Y es que, Tú, Señor, como Pastor diligente, oportuno y puntual te haces el encontradizo cuando más te necesito.

*Sí, debilitado por mis esfuerzos, pienso en el abandono, y Tú entonces, me elevas sobre tus hombros, me cubres con tus brazos y me rodeas con tus Palabras de esperanza.

*Sí, paralizado por mis errores, miro al fracaso, y Tú susurras palabras de consuelo a mis oídos: ¡Yo estaré contigo todos los días!

*Y es que, Tú, Señor, como Pastor que conoces mis atajos y mis dudas, te presentas cuando más te necesito.

*Sí, confundido por mil ideas, temo desertar, pero Tú me confirmas en la fe verdadera: ¡YO SOY, NO TENGAS MIEDO!

*Sí, añorando poder y riquezas, dirijo mis ojos hacia el escaparate del mundo, pero Tú me llevas ante el tesoro de tu amor.

*Y es que, Tú, Señor, como Pastor, no quieres que –aun siendo débil oveja me pierda y me vaya lejos de tu rebaño.

*Por eso y por tantas cosas, Señor, te doy gracias, bendigo tu nombre, avanzo en tus sendas, proclamo tu Palabra y, hoy como ayer, te digo: ¡TÚ ERES MI BUEN PASTOR! , porque apareces siempre cuando más te necesito.

 

¡Y que hermoso acabar con el poema de Lope de Vega!

 

Pastor que con tus silbos amorosos

me despertaste del profundo sueño,

Tú que hiciste cayado de ese leño,

en que tiendes los brazos poderosos,

vuelve los ojos a mi fe piadosos,

pues te confieso por mi amor y dueño,

y la palabra de seguirte empeño,

tus dulces silbos y tus pies hermosos.

 

Amen.

 

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