Ecos del Evangelio

1 mayo, 2020 / Carmelitas
DOMINGO IV DE PASCUA CICLO A ( Jn 10, 1-10)

 

LA PUERTA DEL REBAÑO 

 

En este tiempo Pascual, tiempo de gracia y bendición, Jesús nos enseña a entrar por la puerta y nos pide que hagamos las cosas con rectitud, siendo un alma transparente, sin esconder nada, obrando así con libertad. El Pastor llama a las ovejas por su nombre y ellas le siguen. Dar dignidad como Él nos la da, dar amor porque si damos amor sacaremos amor. Este Pastor camina delante de las ovejas para guiarlas, protegerlas y ellas se sienten seguras, porque saben de quien se han fiado.

 

Jesús nos habla, se acerca de tantas maneras y no le vemos, no le escuchamos o escuchándolo y viéndolo no nos abrimos a lo que Él nos quiere decir. ¿A quién estamos siguiendo? ¿Qué es lo que nos está seduciendo en nuestra vida? En algunas situaciones es fácil buscar culpables y por supuesto que a veces nos dejamos guiar por otras voces, pero cada uno permite hasta donde pueden los demás seguir quitándonos la paz, el gozo de soñar, de amar, de entregarlo todo.

 

El Señor es claro y nos dice: “Las ovejas no los escucharon”. Que importante es pedir a Dios Trino el don de la Sabiduría, para aquietar nuestro espíritu, nuestro cuerpo y así poder orar, escucharle y escucharnos, discerniendo para elegir el mejor camino, las mejores decisiones, siguiendo al único y Verdadero Guía que nos dice: “Yo soy la Puerta del rebaño”. El Buen Pastor nos llena de esperanza: “Quien entra por mí se salvará”.

 

Ser salvados por El, nos lleva a caminar con amor y alegría siendo perseverantes en la cotidianidad de la vida eso sí “con determinada determinación”, porque Él nos dice: “Yo he venido para que tengan vida y la tengan en abundancia”. Tenemos tiempo para todo, incluso organizado y muchas veces con la seguridad de que ya le cumplí a Él y ¿cómo estoy actuando con mi hermano, con mi hermana? Quien es el mismo rostro de Jesús. ¿Lo respeto, lo amo, le pido perdón? ¿Cada vez que entro y salgo, encuentro y doy vida?

 

Nuestra Madre Santa Teresa nos dice: “Dios no nos hace pedir cosas imposibles andamos en mar y vamos en este camino pero aunque estemos cansados de andar, el Señor da quietud a nuestra alma. Dios sabe lo que da a los que El lleva a su Reino, poco a poco nos va dando prendas para guardar Esperanza de ir a gozar perpetuamente lo que acá nos da a sorbos”.

 

La lucha continúa y recordemos que Jesús como Buen Pastor nunca da a nadie por perdido, sus brazos siempre están abiertos, para los que están en su rebaño les fortalece y para los que se han dispersado regresen.

 

Hermanos y hermanas que este domingo en el pasaje del Buen Pastor, sepamos escuchar su voz y que también nosotros en lo que realicemos podamos ser y hacer como El, acoger, guiar con humildad a quien está a nuestro lado y así acercar más almas a Dios, porque todos estamos llamados a ser como el Buen Pastor.

 

 

Hna. Micaela Villa Vargas, CSJ.

 

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