Ecos del Evangelio

10 mayo, 2018 / Carmelitas
DOMINGO DE LA ASCENSIÓN “B” Evangelio Mc 16,15-20

 

Salieron a predicar por todas partes

 

El texto evangélico de hoy nos relata la última manifestación de Cristo resucitado a sus apóstoles a los que confía una misión. «Id por todo el mundo y proclamad la Buena Noticia a toda la creación» (Mc 16,15).

 

La Ascensión del Señor al cielo no es el abandono por parte de Jesús, es sólo un alejamiento momentáneo. En este entretiempo los apóstoles han de prolongar la obra de salvación, anunciando su evangelio a toda criatura.

 

Ellos, son revestidos de la misión de Cristo, la cual han de realizar y extender a lo largo de todos los tiempos. Después de la Ascensión, Cristo no ha abandonado a su Iglesia ni a los anunciadores del evangelio, sigue actuando junto a ellos, precisamente en virtud del poder que le ha sido dado al haberse sentado a la derecha del Padre. « […] Después de hablarles, fue elevado al cielo y se sentó a la diestra de Dios» (Mc 16,19). Así pues, por una parte, Jesús está en el cielo (en el mundo de Dios) sentado a la derecha del Padre, por otra parte, continua obrando (en la tierra) junto a sus discípulos.

 

No obstante el evangelio de Marcos subraya desde el inicio hasta el fin la “incredulidad de los discípulos”. En este mismo contexto se destaca la inmensa fidelidad del Señor a los discípulos. El evangelio se pone pues, en unas frágiles manos de hombres incrédulos y titubeantes, a fin de que pueda recorrer con ellos los caminos hasta los confines del mundo. «Ellos salieron a predicar por todas partes, colaborando el Señor con ellos y confirmando la palabra con los signos que la acompañaban» (Mc 16,20).

 

Al igual que con sus discípulos, Jesús sigue presente hoy entre nosotros, en nuestras comunidades, a través de nosotros continua su misión. La misión de Jesús es también la nuestra, la confía a hombres y mujeres frágiles que a pesar de nuestra debilidad e incoherencia de vida buscamos dar una respuesta al Dios del amor. En nuestra pequeñez y en nuestros fallos, al igual que en los discípulos, está nuestra fuerza, porque es allí donde se hace presente el Señor a través de la fe y se reafirma su fidelidad.

 

La espiritualidad de la Ascensión es una espiritualidad de la vida cotidiana, de los pequeños detalles, nos enseña a vivir en plenitud esta vida, confiando en el auxilio de la gracia, y al mismo tiempo a vislumbrar nuestro horizonte, sabiendo que la presencia del Señor no es todavía completa, pero que su fuerza nos acompaña en nuestro ser y hacer de cada día, es decir, nos pone en camino hacia lo definitivo.

 

 

Hna. Teresa Botello Martínez CSJ

 

 

Volver
Carmelitas de San José

Uso de cookies

Este sitio web utiliza cookies para que usted tenga la mejor experiencia de usuario. Si continúa navegando está dando su consentimiento para la aceptación de las mencionadas cookies y la aceptación de nuestra política de cookies, pinche el enlace para mayor información.

ACEPTAR
Aviso de cookies