Ecos del Evangelio

18 mayo, 2018 / Carmelitas
DOMINGO DE PENTECOSTÉS “B” Jn 15,26-27;16,12-15

El Espíritu de la verdad, os guiará hasta la verdad

 

En Pentecostés, bajo el símbolo del viento impetuoso que llena el lugar donde estaban reunidos los discípulos de Jesús y, se transforma en fuego que se posa sobre cada uno de ellos. La comunidad de los creyentes junto a María, madre de la Iglesia, reciben como don aquella fuerza que les permitirá, a lo largo de la historia, ser testimonios creíbles del Evangelio y portadores de la pascua de Cristo, el paso del Señor. Como entonces, ahora también el Espíritu Santo nos hace capaces de ser testigos del Evangelio, nos da fuerzas para anunciar la palabra de Jesús y nos hace capaces de comunión y de unidad entre todos.

 

« […] El Espíritu de la verdad, que procede del Padre. Él dará testimonio de mí. Pero también vosotros daréis testimonio […]» Jn 15,26-27.

El Espíritu da testimonio ante el mundo respecto al Señor Jesús; Él defiende a Cristo, contestado, acusado, rechazado. Pero, es necesario también el testimonio de los discípulos; el Espíritu se sirve de ellos para proclamar con poder al Señor Jesús en este mundo.

 

El discípulo de Jesús ha de estar pronto a sufrir persecución por parte del mundo. En este contexto, el discípulo hace la experiencia de conformarse al destino de su Señor: “si me han perseguido a mí, os perseguirán también a vosotros”. Llega a experimentar el peso de un testimonio que a veces parece que está más allá de sus fuerzas. Sin embargo, en este combate, en este sufrimiento no está sólo, el Espíritu Santo se hace presente en él.

 

El Espíritu hace creíble el testimonio del discípulo ante el mundo. Le concede la fuerza necesaria para testimoniar la verdad sobre Cristo durante el juicio, vendrá del Espíritu de la verdad y le inspirará lo que ha de decir. Sólo el Espíritu abre los ojos de la fe para comprender verdaderamente quién es Jesús.

 

El don del Espíritu ilumina los acontecimientos humanos del discípulo, y lo llena de esperanza viva. Él ha sido enviado para hacernos comprender también a nosotros el misterio de Cristo y para hacernos partícipes del mismo. El Espíritu de la verdad testimonia por nosotros y nos salva.

 

«[…] El Espíritu de la verdad, os guiará hasta la verdad completa […]» Jn 16,13.

El Espíritu Santo, después de la resurrección, será el maestro interior que acompañará a los discípulos a la comprensión siempre más profunda de Jesús. Él los guiará hasta la verdad completa, es decir, les hará comprender el misterio de Jesús en su totalidad, y vivir en la verdad del Misterio.

 

De igual modo, también a nosotros, el Espíritu nos conducirá, nos revelará, nos anunciará, nos iluminará, dándonos, las mismas palabras del Padre. Y así, seremos llevados al encuentro con Dios, nos hará capaces, por su gracia, de comprender la profundidad del Padre y del Hijo.

 

Sólo el Espíritu Santo, nos recuerda Jesús, puede introducirnos en la verdad plena: en la verdad de la palabra de Dios, y desde ahí, en la verdad más profunda de nuestra vida, de nuestro corazón, sólo desde ahí, podemos acercarnos a la verdad del otro, y construir comunidad.

 

¡Ven, Espíritu Divino, manda tu luz desde el cielo!

 

Hna. Teresa Botello Martínez

 

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