Ecos del Evangelio

27 marzo, 2021 / Carmelitas
DOMINGO DE RAMOS CICLO B 2021

 

 

Comenzamos la Semana Santa, y celebramos en ella el desenlace del mayor disparate de AMOR que se ha dado y se dará en el mundo: Jesucristo, el Hijo de Dios, va a consumar la tarea para la que vino a este mundo. En este primer día, Domingo de Ramos se entrecruzan, por un lado, la alegría de recibir a Jesús en el pórtico de la Semana Santa y, por otro, el saber que la pasión, el sufrimiento y la muerte es un trance inevitable, por el que al final Cristo tiene que pasar, aunque los que le seguían, sin excepción, no acepten este desenlace. Pero es que, ni ellos ni nosotros tenemos asumido que la muerte NO ES lo último.

Los sucesos de la Semana Santa son el resumen de la vida misma de cada uno:
La vida está sembrada de contradicciones.
Alimentada por adhesiones y deserciones.
Probada por fidelidades e infidelidades;
Entremezclada de alegrías y tristezas, y la mayor, la muerte.
Esa recta final que comienza con la alegría desbordante del Domingo de Ramos, desembocará el Viernes Santo en la Pasión y muerte de Cristo. Y esa desfiguración total que supone la muerte, sólo la puede retar y vencer Jesucristo ¿Y por qué?

Porque hay que estar dispuesto a perdonar, olvidar ofensas, cobardías y falsos juicios.

Porque hay que estar dispuesto a amar contando con la negación y la traición.

Porque hay que estar dispuesto a poner el AMOR DE DIOS por bandera.

Porque hay que estar dispuesto a morir por Amor.

En un mundo en el que vivimos como reyes (por lo menos parte de él) resulta un desafío (o incluso para algunos algo sin sentido) un Jesús montado en un pollino y aclamado, ¡para más INRI! como rey. ¡Pero qué ingenuo! pensarían algunos de los que contemplaron el auténtico cortejo que se dio en la Jerusalén de entonces. ¿Un rey en pollino? Así es Dios, nos desconcierta. Habla desde el camino de la sencillez. Nos aturde cuando de una forma casi provocadora, empuja a Jesús a iniciar un viaje feliz a Jerusalén, con un final triste. Acompañado de un amigo usurero; de la mano de otro que le niega y sentándose con algunos más, que le abandonan en las horas de mayor angustia y soledad.

“No es oro todo lo que reluce no».No, no es seguidor de Cristo todo el que dice que lo es. Porque los hechos, el comportamiento es el que habla. Exactamente como entonces. Por eso, en estos días, lo que si veremos relucir, será la infidelidad y la miseria humana. En Jueves Santo las palmas serán beso de traición. En Viernes Santo soledad y abandono. El Sábado santo silencio atronador.

¿Seamos valientes y preguntémonos, ¡caramba! ¿Nuestra vida es cristiana o pagana? ¿Vida de sólo palabras o vida con obras?

No es fácil ser de los amigos de Cristo.
No es fácil seguir las pautas inequívocas del Evangelio.
No fue fácil, entonces y mucho menos hoy, si uno no esta dispuesto a tomarse en serio el Evangelio, porque sucumbirá a las primeras de cambio.

Amigos:

*No podemos quedarnos en las ramas de una cruz sin Cristo y como mero adorno.

*No podemos andarnos por las ramas a la hora de defender el estilo de nuestra vida cristiana.

*No podemos encaramarnos en las ramas, por muy bonitas que sean, y olvidar lo esencial, que es la humildad de un Señor que se hizo presente en Belén y, hoy de nuevo, cabalga sobre un pollino, para entregar la vida. ¡Hay cosas en la vida que no admiten bromas!

Es inútil buscar en otra parte que no sea en el calvario, la identidad del cristiano. El seguimiento vaciado de la cruz ya no es seguimiento, sino engaño. El cristianismo sin sacrificio, sin compromiso, se reduce a charlatanería inútil. La existencia cristiana sin asumir la cruz, se convierte en comedia, no en vida. Se debe poder reconocer al cristiano como aquél que lleva la cruz juntamente con Cristo. La cruz es la divisa, el signo distintivo, el estandarte de lo más grande: EL AMOR DE DIOS.

La cruz es la otra cara del amor. Cierto, que la cruz que está hecha de sufrimiento, de soledad, de incomprensión, abandono, ingratitud, humillación, rechazo, pero por encima de todo eso, está hecha Amor. No basta sufrir para poder afirmar que se lleva la cruz de Cristo. Es necesario llevar la cruz en la dirección en que Él la ha llevado, sufrir en la misma línea de don y de plenitud. La cruz del cristiano, como la del Maestro, no desvela únicamente su identidad, sino que explica el significado de su vida. Por tanto no la cruz por sí misma, ni el dolor por el dolor.

Y, por otra parte, no basta llevar la cruz. Es necesario que la cruz exprese solidaridad, voluntad de no pertenecerse; capacidad de perder la propia vida en beneficio de los demás…. Y no nos engañemos pensando que la resurrección representa la superación de la cruz. Es superación, pero sólo, para quien ha pasado y pasa a través del Calvario, como Cristo.
Y desde la Pasión, desde el Calvario, si uno quiere, se entiende perfectamente lo siguiente:
*Que la fe no necesita tanta sabiduría…, sino que de lo que se trata es de demostrarla.
*Que la comunicación no necesita de tantas palabras… porque surge de un corazón sincero.
*Que la afinidad no necesita tantas demostraciones.., sino que el alma la intuye.
*Que el perdón no necesita de tantas excusas… ¡Se da sin pedirlo!
*Que el amor no necesita de tantas razones… ¡Nace sin permiso de nadie y cuando uno entrega la vida!
*Que la amistad no necesita de tantas pruebas…se demuestra con pequeños detalles.
*Que la oración no necesita de tanta jaculatoria…Basta una palabra personal llena de amor.
*Que la vida no necesita de tanta suerte…Basta el entusiasmo de luchar por ella.
*Que la culpa no necesita de tantos atenuantes…Le basta el arrepentimiento y la conciencia.
*Que el talento no necesita de tanta exhibición…Brota a cada paso.
*Que la conducta no necesita justificarse…las obras la delatan.
*Que el amor no necesita tanto discurso…tu sacrificio lo confirma.
*Que tu siembra no necesita tantas herramientas…El corazón le basta.
*Que tu dinero no necesita tantos bancos… tu avaricia lo protege.
*Que el tiempo no necesita de tanta carrera… le basta el madurar de cada día.
*Que los milagros no necesitan tantos relatos…Basta con que leas la vida con fe.
*Que la caridad no es para que te conduelas… Sino para que te involucres.
*Que la vida no se ensaña contra nadie… sino que se comparte.
*Que el amor no se exige… Se prodiga.
*Que el perdón no se dulcifica… Se cicatriza.
*Que la felicidad no se mide… Se regala.
*Que la cruz no se elige…Se carga.
*Que los designios no se discuten…Se acatan.
*Y que a Dios no se le escudriña… ¡Se le deja obrar!

No nos engañemos, quien no tiene en cuenta todo eso y se engaña hablando solamente de un camino de rosas con Jesús glorificado, y ha dejado tras de sí el estilo de vida de Jesús y su cruz, habla de un ídolo, no de Jesús de Nazaret.
No nos engañemos pretendiendo ayudar al mundo suprimiendo la cruz.
No nos engañemos pensando que al eliminar el compromiso, el sacrificio, la cruz, del vocabulario del lenguaje cristiano se hace más comprensible, al alcance de todos. Puede ser incluso un lenguaje más fácil, pero ya no es el mensaje proclamado por Cristo.

Es fácil aceptar el mensaje de un Jesús «dulce»…, de ese inofensivo Jesús que nos hemos fabricado. Es fácil, pero no es el camino… Y es que, la vida cristiana, en algunos momentos puede ser un encantador viaje con un triste final.

¿Existe otro camino para llegar a una Pascua que nos encuentre a todos reunidos en la misma mesa? Claro que si. Quizá será bueno que terminemos con el profeta Isaías, quien al reflexionar sobre este mismo misterio exclama confiado: «El Señor Dios me ha abierto el oído, y yo no me he rebelado ni me he echado atrás» .Ojalá el Señor en esta Semana Santa, lo haga también posible en nosotros como lo hizo en Isaías. Pero falta que nosotros nos dejemos abrir el oído y el corazón.

Entonces y solo entonces, entenderemos la gran paradoja dela Semana Santa: que, el triunfo del Domingo de Ramos fue un total fracaso, porque sus seguidores quisieron esquivar la cruz. Y que el fracaso de la cruz del Viernes Santo, fue el autentico triunfo, porque fue la entrega de la vida por amor.

Sí, el verdadero amor sabe, que aunque tenga que pasar por la cruz, siempre triunfará, y ese es el AMOR que nos trae Cristo.

¡Amigos que tengáis una auténtica Semana Santa, depende de cada uno! Sí, de apuntarse o no, a ese AMOR de Cristo.

 

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